Cosas de Niños

“¡No quiero hacerlo! ¡No me gusta! ¡No!” dice mi hijo de tres años una y otra vez cuando le pedimos que coma bien, que vaya al baño solo, que juegue con sus hermanos sin pelear, que se ponga los zapatos y la sudadera para salir, o casi para que haga cualquier cosa. Como padres, puede ser muy frustrante, especialmente si andamos de prisa, si no hemos dormido bien o simplemente estamos de malas. Mientras pasa por esta etapa de explorar su independencia, parece que solamente obedece cuando haya alguna consecuencia y cuando es algo que realmente le gusta.

Cuando estaba leyendo la primera lectura de hoy, sonaba demasiado familiar. “¡Tengo hambre! ¡Tengo sed! ¡Esta comida esta asquerosa! (Ref Números 21:5) Dios les da comida y bebida e igual a mi hijo de tres años gritan “¡Ne me gusta!” Solamente cuando les pica la serpiente se dan cuenta de su comportamiento y se arrepientan. Todo suena tan infantil. Pero capaz es a propósito…

En cuanto los Israelitas confesaron sus pecados y le suplicaron a Dios por la misericordia, aliviaba su sufrimiento casi instantáneamente. Pero, ¿Por qué? Porque eran sus hijos, sus amados, su pueblo escogido. Y como Jesús dice en el Evangelio “El que me envió está conmigo y no me ha dejado solo…” (John 8:29) también nos dice a nosotros, “Estoy contigo, no te voy a dejar solo.”  

Yo me pregunto cómo puede ser que Dios no se frustra con nosotros. En el caso de las Israelitas, los estaba guiando hacia la Tierra Prometida y fuera de la vida de esclavitud y cada día les daba comida y agua, y TODAVIA se quejaban. A poco ¿no veían todo lo que estaba haciendo por ellos? En nuestro caso, nos guía hacia la vida eterna y fuera de la vida del pecado, y provee las necesidades diarias y TODAVIA nos quejamos. ¿Qué más da? ¿Qué más necesitamos para estar felices?

Mientras nuestro camino cuaresmal se va acabando poco a poco, quiero invitarles a un cambio de actitud. Sigamos el ejemplo de nuestro Señor, y busquemos no lo que nos hace feliz, sino busquemos siempre hacer los que al Padre le agrada. (ref Juan 21:30)

¡Acuda a San José!

Hoy interrumpimos la Cuaresma para celebrar a San José. De todos los santos, cae en una categoría él solo, allí justo después de la Santísima Virgen María. Cuando Dios Padre mandó a su Hijo al mundo, lo encargó a San José. Eso es todo lo que necesitamos saber, y quizá es por eso que los Evangelios dicen muy poco de él. Si José era la persona que el Padre escogió de manera especial, debemos considerar hacerle a José uno de nuestros santos-amigos principales.

Podemos aprender más sobre San José del cuento de José de Egipto en el Libro de Génesis (cap. 17-50). Este José era como un precursor a nuestro gran santo. Cuando hace poco leí su cuento, José de Egipto me impresionó por ser muy hábil. Primero, sus hermanos lo vendieron a la esclavitud, pero una vez en Egipto, se hizo el sirviente de confianza de un oficial de alto rango. Cuando lo metieron a la cárcel por acusaciones falsas, el encargado principal lo hizo supervisor de los otros prisioneros. Después, los talentos de San José lo ayudaron a subir a una posición alta en el servicio del Faraón, y se hizo la mente maestra quien hizo reservas de provisiones suficientes antes de que llegara la escasez de comida. “Juntó alimento como quien junta arena del mar, y fue tanto lo que recogió que dejó de contabilizarlo. ¡Ya no había forma de mantener el control!” (Gen 41:49). Cualquier cosa que hizo José prosperaba porque el Señor estaba con él.

Eso es la historia de fondo de San José, el santo de la Providencia Divina, el santo quien cuidaba al Hijo de Dios. José era un hombre de hechos, no de palabras. Cualquier cosa que hacía, prosperaba. Seguro Jesús estaba pensando en José cuando dijo, “¿Dónde se halla un mayordomo fiel y prudente a quien su señor deja encargado de los siervos para repartirles la comida a su debido tiempo?” (Lk 12:42). ¿No te suena como un santo que quisieras tener trabajando a tu lado?

Y José quiere “trabajar” para nosotros cuando le pedimos que intercede por nuestras necesidades. Es el santo patrono de los trabajadores, de aquellos buscando trabajo, de la provisión de todas las necesidades. Santa Teresa de Ávila dijo, “No me acuerdo de ninguna vez que le haya pedido algo y no me lo haya concedido.” También José es el patrono especial de padres y de la muerte santa.

Una devoción popular en esta fiesta incluye el costumbre italiano de la mesa de San José. Implica poner un santuario sencillo en la casa o tienda de uno, con una mesa llena de comida para ofrecer a cualquier persona que pase por allí. Es un recordatorio hermoso de que no solamente intercedemos a San José para nuestras propias necesidades sino también buscamos seguir su ejemplo ayudando a los demás.
San José, ¡ruega por nosotros!

¿Preocupación o presencia?

Me encanta soñar despierto

y textear

y ver el Facebook

e Instagram

y el app de mi cuenta bancaria

y mi email

y mis fotos

y leer esa cuenta al azar en las noticias……

Todas estas cosas me llevan lejos de donde estoy.

No creo que mi imaginación o mi teléfono son malos intrínsecamente… pero en el momento equivocado me pueden robar la oportunidad de dar el don más importante que tengo al otro: mí mismo.

Paso la mayor parte de mi tiempo en el trabajo dando apoyo personal, sólo soy yo y la otra persona compartiendo los momentos ordinarios. Cuando primero empecé, la experiencia entera interesaba mi intelecto y realizaba mi corazón, pero después de hacer lo mismo cada semana por un año entero, la fascinación inicial se pierde y es muy fácil aburrirse.

Es muy tentador estar en otro lugar mentalmente cuando estoy cocinando tacos y lo he hecho millones de veces, y frecuentemente me rindo, pero es justo en estos momentos ordinarios que tengo la oportunidad de amar a la persona con quien estoy compartiendo este momento de la vida.

Esté allí presente.

 

Entrega a ti mismo a los demás.

Dios Siempre Paciente

Mi hijo, Mason, empezó la secundaria en septiembre. Como podrías adivinar, empezó a tener una actitud fea casi al mismo tiempo. Ha llegado a un punto que tan sólo mirarlo de costado lo pone de mal humor. Tampoco parece poder enfocarse en una tarea y seguirla de inicio al final.

Después de recogerlo de la casa de un amigo donde había pasado la noche, le pedí que desempacara su maleta y guardara sus cosas antes de hacer otra cosa. Después de dos segundos no estaba haciendo nada sino estaba allí parado y molesto. Tomé por hecho que estaba enojado porque lo estaba forzando a desempacar y perdí la paciencia.

Cuando terminé hablándole serio me dijo, “No, no ese so, solo que me di cuenta que dejé mis pantuflas en la casa de mi amigo.”

A Mason ¡le ENCANTAN sus pantuflas! Son unas patas de oso enormes y peludos con unas garras que se alumbran al pisar. Las había conseguido hace solo un par de días. Sentí su dolor, y sentí pésima. A pesar de saber el consejo antiguo de “Nunca tomar por hecho…,” justo es lo que había hecho.

En Juan 7, los sumos sacerdotes y los Fariseos quisieron arrestar a Jesús por lo que creen que está diciendo y haciendo. Nicodemo los enfrenta señalando que están condenando a Jesús sin hacerle preguntas primero para aclarar y luego escucharlo. Ellos ignoraron el reto de Nicodemo pero yo no puedo.  

Si verdaderamente quiero ser buena mamá para mis hijos, no puedo tomar nada por hecho. Siempre debo hacerles preguntas para clarificar, y luego tomar el tiempo de escucharlos antes de reaccionar.

Dios siempre paciente, por favor ayúdame a parar mis reacciones hasta que he aprendido todo lo que necesito saber en cualquier situación.

entrar a lo más profundo del corazón de Cristo

Últimamente mi esposo y yo hemos estado viendo cambios de actitud en mi hijo que va al preescolar. Uno de sus compañeros lo está impresionando de manera negativa y ha aprendido malas palabras y maneras violentas de jugar por estarlo observando. Como somos nuevos en eso de ser  padres con hijos en la escuela, nuestra primera reacción es de querer protegerlo y también de enojarnos. Parece que está pasando exactamente lo que dice Sabiduría 2:12 y su compañero está diciendo a sí mismo, “¡Tendamos una trampa al justo! ARRG!” (Imagina aquí una mirada fea de un pirata)  Por supuesto, después de pensarlo más, nos damos cuenta que capaz este niño no tiene una vida familiar muy sana o no lo han enseñado o, esperamos que no, pero quizá no le prestan atención y se porta mal buscando cualquier forma de atención posible.

Pero esta situación también sirve como una metáfora para nuestras vidas. Tantas veces los abusivos en esta vida (ya que sean personas o situaciones) parecen burlarse de nosotros diciendo “Sometámoslo a la humillación y a la tortura para conocer su temple y su valor” (Sab 2:19). Podemos enojarnos y ponernos una máscara protectora o podemos correr a Jesús y enfrentarlo.

 

El Salmo Responsorial nos prometa:

“Escucha, en cambio, al hombre justo,

para de todos ellos Dios lo libra.” Sal 34:7

“Muchas tribulaciones pasa el justo,

pero de todos ellas Dios lo libra.” Sal 34: 20

 

¿Conocemos a Dios de tal manera que confiamos que sus promesas son verdaderas?

En el Evangelio algunos de los habitantes de Jerusalén dijeron que Jesús no podía ser el Cristo porque lo conocían. (ref Jn 7:27) Este pasaje tanto enfada como reta. ¿Cómo puedes decir que lo conoces si dudas de Él? ¿Qué tan profundo lo conoces si no crees que es el Cristo? Obviamente no lo conoces bien. Y luego me paro en seco. Hago las mismas preguntas a mí mismo y termino humillada. ¿Cuantas veces lo he dudado? ¿Qué tan profundo es mi fe?  ¿Confió que me va a rescatar y librar, y que me va a escuchar cada palabra que sale de mi boca?

En este viernes cuaresmal, hago el propósito de llegar más a fondo.  Quiero entrar a lo más profundo del corazón de Cristo para conocerlo mejor y confiar más en él, y los invito a unirse conmigo a hacer lo mismo.  

El Momento de Hacer una Decisión

En sus Confesiones, San Agustín cuenta la gran lucha que perduró durante su conversión. Estaba acercándose a la aceptación de la fe católica pero no podría dejar su vida pecaminosa. Estaba viviendo con una mujer pero no estaba casado. Un día estaba en el jardín con su amigo Alipio, con su corazón roto y muy agobiado. ¿Podría algún día llegar a conocer y amar a Dios? De repente escuchó algo que parecía a unos niños cantando “Tolle lege!” ¡Toma y lee! Asustado, Agustín vio un libro y lo recogió. Abriéndolo al azar, sus ojos cayeron en el pasaje de Romanos 13:13-14 – “Vivamos decentemente, como a la luz del día, no en orgías y borracheras, ni en inmoralidad sexual y libertinaje, ni en disensiones y envidias.  Más bien, revestíos del Señor Jesucristo, y no os preocupéis por satisfacer los deseos de la naturaleza pecaminosa.

Eso era todo lo que tenía que leer. Conmovido por la gracia, Agustín dejó el libro en la mesa e hizo una decisión que cambiaría su vida para siempre. Después se hizo uno de los santos más grandes de la Iglesia Católica.

En el Evangelio de hoy, oímos a Jesús presentando su caso a una audiencia hostil. Era hora de hacer una decisión. Jesús está intentando capturar sus corazones para aceptar la gracia del Evangelio. Presenta a cuatro testigos poderosos de la verdad de su enseñanza:

  1. Juan el Bautista, quien era una lámpara que alumbrando fuertemente, señalando el camino a Jesús.
  2. Las obras que hacía Jesús, lo cual recibió de su Padre. Jesús había obrado milagros de sanación que confirmaban sus enseñanzas.
  3. El Padre mismo atestiguaba de Jesús. En su bautismo, las palabras vinieron del cielo, “Este es mi Hijo amado; ¡escúchenlo!”
  4. Las mismas Escrituras, en otras palabras el Antiguo Testamento. Hablaron del Mesías que venía, el Salvador del mundo. Aunque el lenguaje era velado, el significado era claro para aquellos que quisieron ver.

La muchedumbre hostil enfrentó este momento de la decisión. Con todos estos testigos, ¿qué harían? Algunos creyeron pero muchos le dieron la espalda. Jesús les dijo directamente que aunque él no los iba a acusar, Moisés si los acusaría, porque Moisés había escrito sobre Jesús.

Como Agustín y la muchedumbre hostil, todos tenemos momentos de hacer una decisión. Quizá hemos tenido un momento de una gran conversión en nuestras vidas. Pero en nuestro trayecto spiritual, enfrentamos muchos momentos así, grandes y pequeños. Cada uno nos da la oportunidad para crecer en el amor. Puede ser ayudar a un hijo con su tarea, sonreír a un compañero de trabajo, o donar mi tiempo a un proyecto especial. La Cuaresma nos da más tiempo para reflexionar en estas decisiones diarias, y también los movimientos más grandes en la vida de uno. ¿Dónde me encuentro ahora y cómo ando en el camino hacia Dios? ¿Jesús me ha mandado unos testigos a mi vida para darme un empujón en la dirección correcta? ¿Cómo voy a responder?

¡Multitud tras multitud en el valle de la Decisión! ¡Cercano está el día del Señor en el valle de la Decisión!–Joel 3:14

Permitir Entrar al Mendigo

Me gusta buscar sorpresas en la vida espiritual. He hablado con muchas personas que tienen un sentido de que nos acerquemos a Dios para pedirle o incluso suplicarle por la gracia, y hasta cierto punto, creo que es un lugar bueno y saludable en la vida espiritual. Pero siendo la hija espiritual de San Pablo-quien no era conocido por cuidar sus palabras tímidamente—me recuerda sorprenderme por el Evangelio. San Pablo dice cosas radicales como, “cuando soy débil (en Cristo) soy fuerte” y “regocijo en la cruz de Cristo.” Así que, ¿quién está suplicando y pidiendo?

Verdaderamente, cuando nos paramos en una temporada litúrgica como este, tan llena de gracias ponderosas, creo que podríamos hacer un caso sólido por la realidad que unos santos han articulado. Vean a Dios como alguien que está afuera de las puertas de nuestros corazones pidiendo y suplicando.

Esto es la belleza de nuestra fe, la cual es frecuentemente “las dos cosas” y no tanto “uno o el  otro”. Implica que yo le pida y le suplica a Dios Poderoso que me dé a mí y a mis seres queridos, a mis Hermanas, a la gente que servimos, cada gracia del cielo, Y TAMBIÉN implica que Dios me pida y me suplica que lo deje entrar mi corazón, rezarle y dejarle transformarme, y entrar en mi vida para que pueda derramar las gracias al mundo.

Hace poco, algunas Amigas-Hermanas y yo asistimos a la Santa Misa en una universidad cercana y el sacerdote estaba llamando nuestra atención al hecho de que el cielo y la tierra se juntan durante esta temporada de la Cuaresma. Lo vemos en el hecho de que somos pecadores y egoístas ciegas combinado con el hecho de que Dios Encarnado habita entre nosotros como nuestro Salvador. Hay tanto la victoria de la redención como la obra lenta de la gracia redentora en nuestros corazones, mentes, almas, familias, comunidades y nuestro mundo.

¿Qué podemos hacer acerca de la fragmentación, pobreza horrenda, y la violencia que vemos en las noticias cada día? ¿Qué podemos hacer acerca de la fragmentación y la pobreza personal y comunitaria que experimentamos en nuestros hogares, nuestros trabajos y en nuestros propios corazones? Permite que entre Aquel que se hace mendigo y dale el espacio para ser tu Señor.

La Belleza en Los Demás

La semana pasada fui a lo que pensé era “Catholic Theology on Tap” (La Teologia Catolica en un bar), pero resulta que, “Pub Theology” (Teología en un Pub) no es lo mismo. El “Pub Theology” era un grupo ecuménico que se reúne para hablar sobre sus creencias en un lugar “valiente” y “abierto” no tanto un lugar “seguro”.

No voy a mentir, mi primera reacción al darme cuenta que no era un evento católico era, “He hecho un error grave y tengo que encontrar cualquier excusa para salirme lo más pronto posible.” O sea, soy católica y no quiero cambiarme de religión entonces, ¿qué hago aquí en una mesa con protestantes, judíos, e hindús discutiendo sobre la religión? ¡Suena como el inicio de un chiste malo!

Pero mientras empezamos a repasar las reglas y las metas de “Pub Theology”, me di cuenta que era muy equivocada. Este grupo se trataba de forzar tu religión en los demás, sino de cómo darse cuenta que tenemos más en común de lo que pensamos. Todos vivimos nuestra fe compartiendo el amor de Dios e intentando hacer lo correcto. Junto con ser respetuoso e intentar comprender a la otra persona, nuestra meta era llegar a un punto donde podríamos decir, “Aquí está la belleza que encuentro en el otro,” no “por eso soy mejor que ellos.”

En el Evangelio de hoy, Jesús hizo un milagro en el Sábado Santo, lo cual era contrario a la cultura Judía. Como católicos, pensamos que Jesús hizo lo correcto haciendo este milagro. No solamente salvó a este hombre de la muerte física, pero también de ser “muerto” al mundo por su enfermedad. Pero de todos modos, en este tiempo y lugar, ¡era escandaloso! ¡Eso no se hacía, ni se consideraría!

En lugar de estar asombrados por el milagro y sentir alegría que acaba de salvar la vida de alguien, “los judíos perseguían a Jesús, porque hacía estas cosas en sábado.” (Juan 5:16). Si hubiéramos estado allí, ¿podríamos decir honestamente que encontraríamos la belleza en lo que Jesús escogió hacer? O ¿hubiéramos dicho, “Trabajó en domingo y yo no, así que yo soy mejor que Él”?

Vemos que Jesús actuó en contra de lo que predicaban los Fariseos y por eso guardaron rencor contra Él, a pesar de que su acto dio la vida. Preferían ignorar todo el bien que había hecho porque no podrían ver más allá del hecho de que no era un hombre judío perfecto. Creo que si yo estuviera allí, hubiera batallado interiormente pensando si era correcto o no trabajar el sábado. Hubiera sido contrario a mis creencias pero creo que al final hubiera podido decir que admiraba a Jesús por sus acciones de preservar la vida.

Vemos que la idea de la cultura Americana se trata de la mezcla de religiones, historias, y prácticas, pero por alguna razón hemos llegado a la conclusión que el crisol Americano está lleno y ya no necesita nada más. La verdad es todo el opuesto. Tenemos que acordarnos que a donde quiera que vayamos en el mundo, no todos tenemos las mismas creencias que nosotros. Siempre hay algo que podamos aprender de los demás, aunque tengan diferentes creencias. Mientras vamos madurando, aprendemos de las personas a nuestro alrededor, así que, ¿por qué no seguir aprendiendo de los demás como adultos?

Hoy quiero señalar que Dios no nos pide coexistir, porque coexistir no es vivir en comunidad, igual que ser tolerante no es amar, y escuchar no es entender.  Debemos escuchar al otro sin juzgar ni discutir, para que podamos oír y respetar plenamente su dignidad humana como hijo(a) de Dios. Cada día, nuestro Padre Celestial nos llama a aprender de los demás para poder encontrar la belleza del otro.

Para más información sobre grupos ecuménicos o Días de Oración Ecuménicos en tu comunidad, pueden contactar a su diócesis local.

Un Sufrimiento Alegre

Siempre leo las escrituras buscando la inspiración para mis escritos, pero ¿alguna vez has leído la Biblia y terminado deprimido? Me acuerdo claramente de cuando era niño todos nos reuníamos en familia a rezar el rosario a diario. Mientras las cuentas del Rosario pasaban por nuestros dedos, meditamos en las lecturas de las escrituras. Parecía que especialmente durante la temporada de Cuaresma, estas lecturas no eran cuentos de la gloria de la resurrección, sino de rabia, dolor, sufrimiento y desesperación. Durante la Cuaresma hay unas lecturas bastantes deprimentes, obviamente terminando con la atrocidad de la crucifixión.

Puedes imaginar la tremenda satisfacción que sentí al despertarme esta mañana y leer “Convertiré a Jerusalén en júbilo y a mi pueblo en alegría. Me alegraré por Jerusalén y me gozaré por mi pueblo.” No se parece a las típicas lecturas solemnes que a veces oímos durante esta temporada. Cualquier persona que me ha conocido sabe que soy una persona muy optimista. Siempre pienso lo mejor de las personas e intento ayudarles a llegar a su potencial completa. La primera lectura de hoy de Isaías es un recordatoria maravilloso que la alegría y el sufrimiento no se oponen.

Esta idea parece un poco raro a primera vista; ¿cómo podría ser que la alegría y el sufrimiento no se oponen completamente? A fin de cuentas, no somos felices cuando sufrimos. No conozco a nadie que se ríe cuando está esperando en la cola del departamento de vehículos de motor.  Creo que el problema en nuestra cultura es que pensamos que la alegría y la felicidad son lo mismo y no es el caso. La felicidad es una emoción que se nos da como resultado de un estímulo. La alegría es una virtud; es algo que escogemos sin importar lo que está pasando a nuestro alrededor, podemos tener una disposición positiva. Podrías decir que la felicidad se queda a nivel de reflejo hasta entrar a nuestra voluntad y allí se muere o se hace virtud.  

Estas ideas son un poco pesadas, pero realmente son bastante sencillas. No éramos hechos para sufrir sino es una consecuencia del pecado original. Éramos hechos para la alegría, éramos creados para tener la alegría perfecta con los demás y con Dios mismo. El último sacrificio de Cristo en la cruz nos obtuvo la salvación eterna, dándonos el ejemplo perfecto de cómo la alegría puede venir de incluso el acto más horrible.

Que buena noticia para tanto los que son optimistas como los que son pesimistas. El problema con la maldad en el mundo es algo que siempre me pone incómodo. ¿Cómo puede ser que un Dios amoroso permite un sufrimiento tan horrible? Cuando estos pensamientos quieren entrar la mente, siempre me pongo a pensar en la crucifixión. Sin la crucifixión, no podríamos participar íntimamente en la Naturaleza Divina de Dios en el cielo algún día.  El momento más oscuro en la historia humana trajo la alegría más inmensa.

¿De qué sufres hoy día? ¿Cuáles batallas tienes que te hacen enojar con Dios o por lo menos hacen que sea difícil ver la alegría que podría eventualmente venir? Todos tenemos dolores y aflicciones en esta vida, pero Dios promete que Él “dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman.” Los animo hoy día a entregar sus sufrimientos a Cristo. Permítale que camine contigo en el sufrimiento. Porque Jesús también sufrió, sudó sangre, lloró, aguantó el sufrimiento humano, y puede ayudarte a experimentar la alegría cuando parece imposible.

Estoy por crear una Jerusalén feliz, un pueblo lleno de alegría. Me regocijaré por Jerusalén y me alegraré en mi pueblo.” Isaías 65:18-19

No Somos Hechos Para el Exilio

Una de las cosas más extraordinarias de la cristiandad es que alabamos a un Dios misericordioso. Todas las otras religiones mundiales son la historia de la humanidad que busca alcanzar a Dios. Solamente la cristiandad es la historia de un Dios que busca alcanzar a la humanidad, con perdón y misericordia y amor.

Somos un pueblo del exilio. Nuestro mundo entero, nuestras vidas enteras, están empapados con la conciencia de este exilio. Nuestro hogar es en el cielo con Dios; vivimos nuestras vidas enteras aquí con la anticipación de unirnos a Él. “Pero ciertamente había un Edén en esta tierra infeliz,” escribió J.R.R. Tolkien en una carta a su hijo. “Todos lo anhelamos y constantemente vemos un poquito de él: nuestra naturaleza entera es corrupto a su peor y a su mejor, es lo más suave y lo más compasivo, y todavía está empapado con un sentido de exilio.”

La elocuencia del Salmo de hoy muy apropiadamente ha sido puesta a música por generación tras generación de cristianos e incluso no-cristianos, reconociendo los ecos en sus propios corazones de la mera desesperación del exilio. “Al lado de los riachuelos de Babilonia nos hemos sentado a llorar cuando nos acordamos de Sion… ¿Cómo podríamos cantar una canción al Señor en una tierra extranjera?” ¿Cuantas veces nos sentimos que estamos viviendo en una tierra extranjera?

Estamos circundados por una cultura contraria a nuestro conocimiento de Dios y nuestra confianza en Él. Vivimos en un mundo infestado por la crueldad, la avaricia, y la falta de bondad de la humanidad. ¿Cuántas veces sentimos que la única respuesta a ese sentido de estar perdidos es sentarnos a llorar?

Pero aquí es donde pasa la magia—no es permanente. No es para siempre. Tenemos que pasar por el exilio pero San Pablo nos confirma que algo resplandeciente nos espera: escribe que “La misericordia y el amor de Dios son muy grandes; porque nosotros estábamos muertos por nuestros pecados, y él nos dio la vida con Cristo. La Biblia Hebreo describe un pueblo afligido, un pueblo de pena, un pueblo que espera; y el Antiguo Testamento suena con la respuesta de Dios, el don del amor y la Misericordia que nos ofrece haciéndose ser humano entre nosotros, no existe exilio tan grande o tan largo o tan cruel que nos pueda excluir de este amor. Y hoy el Evangelio proclama este amor con las palabras que todos hemos memorizado de niños, palabras escritas en nuestros corazones: “Porque tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.”

Hemos caminado mucho tiempo en la oscuridad, y sin duda seguiríamos haciéndolo, si no fuera por la misericordia y perdón de Dios, lo cual emana directamente de su amor por nosotros. “Porque tanto amó Dios al mundo”—son palabras sencillas y familiares pero a la vez son palabras que voltean de cabeza todo el concepto de la religión. Este Dios de los cristianos no simplemente permite que los aficionados vengan a Él, este Dios estira sus brazos al mundo, lo cual ama tanto que se hizo parte de él. Experimentó todo lo que nosotros experimentamos. El sentido del exilio, el dolor de sentirnos perdidos, el impulso de sentarse a llorar al lado de las aguas de Babilonia. Lo experimentó y luego lo superó.

A través de toda la Cuaresma, ésta es la promesa a la cual nos aferramos. Durante el Adviento leímos que “el pueblo que andaba en las tinieblas ha visto una gran luz.” La promesa de esta luz nació en la Navidad, y la realización de esta promesa va a resucitar de la muerte en la Pascua. Entre medio cae la Cuaresma, un trayecto por el exilio. En sus Cartas Recolectadas, C.S. Lewis escribió, “Estamos aquí en la tierra de los sueños; pero la cacareo del gallo ya viene. Está más cerca ahora que cuando empecé esta carta.”

Es más cerca ahora que cuando empecé esta carta. Es más cerca ahora que cuando empezamos nuestro trayecto cuaresmal. Ya viene.

Y el exilio ya terminará.

La Fe del Publicano

Ya estamos a más de la mitad de la Cuaresma. Por supuesto, ¡no les voy a preguntar cómo van con sus propósitos cuaresmales cuando el Evangelio de hoy es la parábola del Fariseo y el publicano! “Oye, Dios, mírame. No soy como todos los demás. He guardado todas mis promesas cuaresmales. No he tocado ni un dulce, no he comido helado (mi debilidad favorito), como aquella persona por allá….”

A veces “la cultura de los propósitos cuaresmales” puede causar que empecemos a echarnos porras. Puedo verlo pasando muy fácilmente. Esta época de la Cuaresma es largo y requiere mucha fuerza personal para perseverar hasta el final. Y allí es donde el demonio puede torcer nuestro deseo de perseverar hasta el final a un triunfo de auto-felicitación, lo cual no es lo de que se trata la época de amor y misericordia.

“O Dios,” dice el publican, “sé misericordioso conmigo porque soy pecador.” Entonces ¿qué hacemos con los propósitos cuaresmales ahora? A la luz del Evangelio de hoy podríamos reflexionar sobre cómo nos sentimos de los avances que hemos hecho. ¿Somos más como el Fariseo en esta parábola? ¿O más como el publicano? Aunque hemos dado seguimiento perfecto a los propósitos o no, el llamado de la liturgia de hoy es reorientarnos en lo más profundo del corazón para imitar la actitud del publicano. Del lugar más profundo de necesidad y vulnerabilidad, suplícale ayuda a Dios. Deja atrás tus preocupaciones de lo que han hecho o no han hecho, y enfócate en despertar tu atención hacia amarle al Señor y en estar agradecido por su bondad amorosa hacia ti.

Capaz nos duela la idea de compararnos con el publicano, pero en realidad el publicano simplemente está viviendo la espiritualidad de la niñez. Un niño depende completamente en sus padres y tutores para todo, y aquí el publicano está profesando su dependencia en Dios para renovar su vida y hacer florecer la santidad y la humanidad propia.

Así que, mientras nos acerquemos a la última parte de nuestro camino cuaresmal, está bien dejar algunas resoluciones a favor de una relación con Jesús si eso es lo que te está llamando hacer. Creo que eso es lo que Él quiere de todos modos. Se murió para ganar nuestro amor, no nuestra coherencia perfecta a los propósitos que hemos hecho nosotros mismos. Los propósitos sí tienen su lugar, pero sólo como un tipo de sacrificio que nos ayude a llenarnos más y más de lo que construye nuestra relación con Él, dejando a un lado aquellas cosas que impiden florecer esta relación.  

Sin importar que tan exitoso haya sido tu Cuaresma, inclínate humildemente en alabanza, ofrécelo a Jesús, y prométele su atención amorosa mientras sigas adelante.

Ama a Tu Prójimo Como a Ti Mismo

Ir de retiro por dos días con veintinueve jóvenes de octavo grado era una de las experiencias más agotadoras que he vivido. La secundaria es una época cuando los jóvenes y las jóvenes comienzan a hacer las grandes preguntas de la vida. Empiecen a entender poco a poco quienes son y porque han sido creados. La respuesta clásica y fácil a esta pregunta se encuentra en el Catecismo de Baltimore. Estás aquí en la tierra para amar y servir a Dios. Esta respuesta dulce, sencilla y directa parece llegarles. Sí, somos creados para amar y por amor.  Como seres humanos, somos hechos para relaciones interpersonales. Ser creados a imagen y semejanza de Dios significa que somos hechos para reflejar el amor de la Trinidad, una comunión de personas divinas en el amor divino. Enseñar a los niños estas verdades es un reto. Estos jóvenes de trece años tienen una cultura abrumadora y un ambiente que daña su entendimiento del “amor”.

En las lecturas de hoy, oímos a Jesús proclamar el Gran Mandamientos (Marcos 12:28-34). Jesús nos da este mandamiento corto pero profundo; amar a Dios con todo el corazón, todo el alma, toda la mente y toda la fuerza, y amar al prójimo como amamos a nosotros mismos. Algunos podrían ver este gran mandamiento y responder, “parece bastante fácil”. Estar sentada en un salón con niñas de trece años me demostró que no es tan fácil. Durante la dura adolescencia de hermandades, algunos estudiantes empiecen a compartir sus dolores y sus heridas. Muchas de estas estudiantes han sido abusonas o han sido intimidados por otros. Estaban sentadas en círculo y compartieron sus pensamientos de cómo creyeron las mentiras que los demás decían de ellas.  Creyeron las mentiras de sí mismas o de los demás que son feas, gordas, fastidiosas, tontas o que no importan nada. Mientras me senté en el círculo con ellas, las miré a todas y vi solamente belleza. Vi a niñas bondadosas, niñas fuertes, niñas maduras, niñas completamente únicas y bellas cada una. A través de la conversación y las lágrimas, me acordaba del hecho tan real que batallamos por amarnos verdaderamente a nosotros mismos. Ya no estoy en la secundaria. No tengo muchos abusones que me dicen mentiras en mi propia vida. Sin embargo, sí se cómo es no amarme a mí misma, igual que mis alumnas. A veces yo soy mi propia peor abusona.

Cada vez que leo sobre el Mayor Mandamiento de Jesús, siempre pregunto, “¿Cómo podemos amar al prójimo como a nosotros mismos cuando realmente no amamos a nosotros mismos?” Para vivir esta regla de oro de verdad, tenemos que pararnos. Tenemos que mirarnos a nosotros mismos y ver valor, mérito, y belleza. Amarte no es egoísta, sino es necesario para vivir una vida santa. La batalla contra nosotros mismos en la vida interior puede ser agotadora. Pero es en medio de esta pelea somos obligados a recibir el amor de Dios y seguir luchando la buena batalla. ¿Cómo podemos amar al prójimo como a nosotros mismos? ¿Cómo debemos amarnos a nosotros mismos? Somos llamados a amarnos y vernos en su Palabra de Verdad.  Somos llamados a amarnos como Dios nos ama.

En la Cruz es donde encontramos nuestra importancia, nuestro valor, nuestra dignidad como seres humanos. Solo viviendo en el amor sin fin de Cristo, podamos amarnos y amar al prójimo como a nosotros mismos. Aunque estés en la secundaria, un alumno de la universidad o un padre o una madre de familia, nos encontramos constantemente en esta batalla de mentiras. Tenemos que estar tranquilos. Jesús quiere enseñarnos a amar. San Maximiliano Kolbe dice, “La Cruz es la escuela del amor.” En la cruz es donde descubrimos cómo debemos amarnos a nosotros mismos y a los demás. Durante esta temporada de Cuaresma, quiero darles el reto de reflexionar sobre el amor que tienen hacia sí mismos. ¿Crees las mentiras o te dices mentiras? ¿Estás escogiendo el mayor bien para ti mismo? ¿Conoces la voz de Cristo y lo que dice de ti? Quiero darles el reto de verse y amarse verdaderamente como Cristo los ama.  Es de esta batalla que podemos rendir frutos en nuestro amor a Dios y a nuestros prójimos.