How to Be Good Soil / Cómo Ser Tierra Fértil

Jesus is the divine Sower who sows the seed of his word in the community of followers that he calls apart from the world. The seed takes root in us when we hear the word of God. To hear, to really hear, to absolutely hear the voice of God and not the myriad other distracting voices that call out for our attention, we must do something that is very difficult. We must cultivate silence. 

Most retreatants discover that on the first day or so of a retreat, in the quiet of the retreat house with nothing to do except listen to God’s voice, that a thousand other voices—strident and loud—all of a sudden appear, clamoring for attention. Listening to those stories and letting them go can be an essential first step in creating the silent soil that is able to receive God’s Word. But we don’t need to be on a retreat to enter into this atmosphere of silent recollection. It is possible to spend a short period every day as a mini-retreat to cultivate the soil of our heart. 

We can start by disconnecting from social media and our phones. At first it may seem frightening to be cut off from the torrent of words and images that flood our media-saturated consciousness. We might feel nervous as we wait in silence for the work of the divine Sower. Our soul may feel fragmented and untilled and unprepared for the seed. In patience we will acquire the stillness that longs to receive the fullness of God’s Word. It is a spiritual art and discipline to be able to distinguish the harmony of God’s voice from the discord of worries, temptations, desires, and ambitions. This discernment comes precisely from the experience of entering into silence.

Pope Benedict XVI said, “‘Only in silence can the word of God find a home in us, as it did in Mary, woman of the word and, inseparably, woman of silence’ (Verbum Domini, n. 66). This principle — that without silence one does not hear, does not listen, does not receive a word — applies especially to personal prayer as well as to our liturgies: to facilitate authentic listening, they must also be rich in moments of silence and of non-verbal reception” (General Audience, March 7, 2012).

How does God desire you to open wide your heart in silence? Ask the Lord what practical steps he desires you to take to recover this contemplative dimension of life.

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Jesús es el Sembrador divino que siembra la semilla de su palabra en la comunidad de seguidores a los que llama aparte del mundo. La semilla echa raíces en nosotros cuando escuchamos la palabra de Dios. Para escuchar, para escuchar de verdad, para escuchar absolutamente la voz de Dios y no la miríada de otras voces que nos distraen y llaman nuestra atención, debemos hacer algo que es muy difícil. Debemos cultivar el silencio.

La mayoría de los participantes de los retiros descubren que en el primer día del retiro, en la tranquilidad de la casa de retiro, sin nada que hacer menos escuchar la voz de Dios, de repente aparecen mil otras voces, estridentes y fuertes, clamando por su atención. Escuchar esas historias y dejarlas pasar de la mente puede ser un primer paso esencial para crear tierra silenciosa que sea capaz de recibir la Palabra de Dios. Pero no es necesario estar de retiro para entrar en este ambiente de recogimiento silencioso. Es posible pasar unos momentos cada día como un mini retiro para cultivar la tierra de nuestro corazón.

Podemos empezar desconectándonos de las redes sociales y de nuestros teléfonos. Al principio puede parecer aterrador verte aislado del torrente de palabras e imágenes que inundan nuestra conciencia, que normalmente está saturada de medios de comunicación. Podríamos sentirnos nerviosos mientras esperamos en silencio la obra del divino Sembrador. Nuestra alma puede sentirse fragmentada, sin labrar y sin preparación para la semilla. Con paciencia adquiriremos la quietud que anhela recibir la plenitud de la Palabra de Dios. Es un arte y una disciplina espiritual poder distinguir la armonía de la voz de Dios de la discordia de las preocupaciones, las tentaciones, los deseos y las ambiciones. Este discernimiento proviene precisamente de la experiencia de entrar en el silencio.

El Papa Benedicto XVI dijo: “…sólo en [el silencio] la Palabra puede encontrar morada en nosotros, como ocurrió en María, mujer de la Palabra y del silencio inseparablemente» (Verbum Domini, n. 66). Este principio —que sin silencio no se oye, no se escucha, no se recibe una palabra— es válido sobre todo para la oración personal, pero también para nuestras liturgias: para facilitar una escucha auténtica, las liturgias deben tener también momentos de silencio y de acogida no verbal.” (Audiencia general, 7 de marzo de 2012).

¿Cómo desea Dios que abras de par en par tu corazón en el silencio? Pregúntale al Señor cuáles pasos prácticos desea que tomes para recuperar esta dimensión contemplativa de la vida.

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Sr. Kathryn J. Hermes

Sr. Kathryn James Hermes, FSP, is an author and offers online evangelization as well as spiritual formation for people on their journey of spiritual transformation and inner healing. Website: www.touchingthesunrise.com My Books: https://touchingthesunrise.com/books/
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The Joy of Following Christ / El Gozo de Seguir a Cristo

My third child is one of the most joyful, energetic, and helpful kids I know. He loves to spend time with his mommy, which he has professed to be “even better than playing video games”. He often anticipates the needs of his siblings and parents before being asked and is usually the first to share a toy or a treat. While playing sports, he typically has a smile on his face the entire time. He is just a happy kid. 

His middle name happens to be the Spanish version of today’s saint and I can imagine the Apostle James living with much the same happiness as my seven year old. He had the distinct privilege of being one of the Lord’s closest friends. Several times in the Bible we hear that Jesus took with him “Peter, James and John” when he was going up a mountain to pray or healing a sick individual. These three were what in today’s terms we might call Jesus’ BFFs. Surely that was cause for much joy!

Now don’t get me wrong, I know that neither Jesus’ life nor that of his disciples was a bowl full of cherries. We all know the persecution and hardships they suffered. We all know how Christ’s life tragically ended and that most of his apostles followed in His footsteps. Yet, the simple fact of being able to accompany our Lord so closely, to experience his presence, his light and his friendship must have filled them with so much peace. I can only fathom it as something like a positive “addiction” to His holiness, that once experienced, they could no longer live without.   

Today’s first reading seems to portray these thoughts perfectly: “We are afflicted in every way, but not constrained; perplexed, but not driven to despair; persecuted, but not abandoned; struck down, but not destroyed; always carrying about in the body the dying of Jesus, so that the life of Jesus may also be manifested in our body.” No matter what happens to us, we shall not be overcome because the power of Jesus’ death and resurrection has already overcome.

For this reason, let us take to heart the words of the Psalm Response: “Those who sow in tears shall reap rejoicing.” With this in mind, let us also proclaim “The Lord has done great things for us; we are glad indeed”! 

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Mi tercer hijo es uno de los niños más alegres, enérgicos y serviciales que conozco. Le encanta pasar tiempo con su mamá, lo cual, según él, es “incluso mejor que jugar videojuegos”. A menudo anticipa las necesidades de sus hermanos y padres antes de que se lo pidan y suele ser el primero en compartir un juguete o un dulce. Mientras practica deportes, normalmente tiene una sonrisa en su rostro todo el tiempo. Simplemente es un niño feliz.

Su segundo nombre es el mismo que el santo de hoy y puedo imaginarme al apóstol Santiago viviendo con la misma felicidad que mi hijo de siete años. Tuvo el claro privilegio de ser uno de los amigos más cercanos del Señor. Varias veces en la Biblia escuchamos que Jesús llevó consigo a “Pedro, Santiago y Juan” cuando subía a una montaña para orar o iba a sanar a un enfermo. Podríamos decir que estos tres eran los mejores amigos de Jesús. ¡Seguramente eso fue motivo de mucha alegría!

Ahora, no me malinterpreten, sé que ni la vida de Jesús ni la de sus discípulos fue color de rosas. Todos sabemos la persecución y las dificultades que sufrieron. Todos sabemos cómo terminó trágicamente la vida de Cristo y que la mayoría de sus apóstoles siguieron sus pasos. Sin embargo, el simple hecho de poder acompañar tan de cerca a nuestro Señor, de experimentar su presencia, su luz y su amistad, debió llenarlos de mucha paz. Sólo puedo entenderlo como algo así como una “adicción” positiva a Su santidad, que una vez experimentada, ya no podrían vivir sin ella.

La primera lectura de hoy parece retratar perfectamente estos pensamientos: “sufrimos toda clase de pruebas, pero no nos angustiamos. Nos abruman las preocupaciones, pero no nos desesperamos. Nos vemos perseguidos, pero no desamparados; derribados, pero no vencidos. Llevamos siempre y por todas partes la muerte de Jesús en nuestro cuerpo, para que en este mismo cuerpo se manifieste también la vida de Jesús.” No importa lo que nos pase, no seremos vencidos porque el poder de la muerte y resurrección de Jesús ya ha vencido.

Por esta razón, tomemos en serio las palabras del Salmo Responsorial: “Entre gritos de júbilo cosecharán aquellos que siembran con dolor.” Teniendo esto en cuenta, proclamemos también “Y estábamos alegres, pues ha hecho grandes cosas por su pueblo el Señor”!

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Tami Urcia grew up in Western Michigan, a middle child in a large Catholic family. She spent early young adulthood as a missionary in Mexico, studying theology and philosophy, then worked and traveled extensively before finishing her Bachelor’s Degree in Western Kentucky. She loves tackling projects, finding fun ways to keep her little ones occupied, quiet conversation with the hubby and finding unique ways to love. She works full time at Diocesan, is a guest blogger on CatholicMom.com and BlessedIsShe.net, and has been doing Spanish translations on the side for over 20 years.

A Parable and St. Sharbel / Una Parábola y Santa Chárbel

Today as we celebrate Saint Sharbel we hear the parable of the sower. This parable should be quite familiar to most of us. It ends by telling us that when seed is sown in good ground it grows well and produces good fruit. By now, we know that the sower is really God. 

If you have or have had children, hopefully you know that they are like little sponges wanting to know more about God. I do know something about this as my wife and I have raised eight children. I probably have mentioned this before, but I was touched by the Lord at four years old. It came about because the pastor’s wife of the local Free Methodist Church would pick me up on Sunday mornings to go to Sunday school. We would sit on a rug in the basement of the church facing a felt board which was used to tell Bible stories. My eyes must have been the size of saucers, I was so excited to hear the story. I was one of those little guys that wanted to hear more and more. The parable of the seed tells us that good things happen when a child is nurtured in the things of the Lord. I was being taught Bible stories and I loved it!

Saint Sharbel was a model of holiness for all of us. At three years old, his dad died and he was raised by his uncle. Fast forward twenty years and he entered a monastery at age 23. He kept a strict fast and was helpful to whoever he met. For approximately 22 years, he lived the life of a hermit. He wanted to spend his time being immersed in God. And he did. 

Perhaps we can ask ourselves what it would take for us to be all in. Impossible you say? For many I would say yes, it is. But, what about you and what about me? What is holding us back? For many it is too much stuff. Or, it could be one of the thousands of distractions that keep us away from the Lord. He is waiting for us to turn our face toward His and listen to Him so He can guide us.

Serving with joy!

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Hoy, mientras celebramos a San Chárbel, escuchamos la parábola del sembrador. Esta parábola debería resultarnos bastante familiar a la mayoría de nosotros. Termina diciéndonos que cuando la semilla se siembra en tierra fértil, crece bien y produce buenos frutos. Sabemos que el sembrador es Dios mismo.

Si tienes o has tenido hijos, ojalá sepas que son como pequeñas esponjas con ganas de saber más de Dios. Sé algo sobre esto porque mi esposa y yo hemos criado a ocho hijos. Seguramente ya he mencionado algo de esto anteriormente, pero el Señor me tocó el corazón cuando tenía cuatro años. Surgió porque la esposa del pastor de la Iglesia Metodista Libre local me recogía los domingos por la mañana para ir a la escuela dominical. Nos sentábamos en una alfombra en el sótano de la iglesia frente a una tabla de fieltro que se usaba para contar historias bíblicas. Mis ojos debían ser del tamaño de platos, estaba tan emocionado de escuchar la historia. Yo era uno de esos pequeños que quería escuchar más y más. La parábola de la semilla nos dice que suceden cosas buenas cuando un niño es criado en las cosas del Señor. ¡Me estaban enseñando historias bíblicas y me encantó!

San Chárbel fue un modelo de santidad para todos nosotros. Cuando tenía tres años falleció su padre y fue criado por su tío. Veinte años después, ingresó en un monasterio a los 23 años. Mantuvo un ayuno estricto y ayudaba a quienquiera que conocía. Durante aproximadamente 22 años vivió la vida de un ermitaño. Quería pasar su tiempo sumergido en Dios. Y lo hizo.

Quizás podamos preguntarnos qué haría falta para estar cien por ciento comprometidos. ¿Imposible dices? Para muchos yo diría que sí, lo es. Pero ¿para ti y para mí? ¿Qué nos está frenando? Para muchos se trata de demasiadas cosas materiales. O podría ser una de las miles de distracciones que nos mantienen alejados del Señor. Él está esperando que volvamos nuestro rostro hacia Él y lo escuchemos para poder guiarnos.

¡Sirviendo con alegría!

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Deacon Dan Schneider is a retired general manager of industrial distributors. He and his wife Vicki have been married for over 50 years. They are the parents of eight children and thirty-one grandchildren. He has a degree in Family Life Education from Spring Arbor University. He was ordained a Permanent Deacon in 2002.  He has a passion for working with engaged and married couples and his main ministry has been preparing couples for marriage.

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We Are Family / Somos Familia

Do you have friends who are more like family?

I’ve known some people in my life who I’m pretty sure I’m actually related to. No, we aren’t biological relations, but we laugh and cry and support each other so much you’d think that we were “cut from the same cloth.” 

But, I really am related to them. 

When Jesus says, “Whoever does the will of God in Heaven is my mother and my brother,” we know that we are God’s adoptees. Through word and deed, in action and speech, in truth and in love, the rest of the world will know that we are Christians. We become automatically related to God when we confess our sins and cry out, “Abba, Father!”

Today, let us go to the Father and remember our place in the family as sons and daughters of God. Let us claim the crown of adoption. And let us delight in the love of our Father as only little children can do.

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¿Tienes amigos que son más como familia?

He conocido a algunas personas en mi vida con las que estoy bastante segura de que somos parientes. No, no somos relaciones biológicas, pero nos reímos, lloramos y nos apoyamos tanto que uno pensaría que estamos “cortados del mismo patrón”.

Pero en verdad sí somos familia.

Cuando Jesús dice: “Pues todo el que cumple la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”, sabemos que somos hijos adoptivos de Dios. A través de palabras y hechos, en acción y discurso, en verdad y en amor, el resto del mundo sabrá que somos cristianos. Automáticamente somos parientes de Dios cuando confesamos nuestros pecados y clamamos: “¡Abba, Padre!”

Hoy vayamos al Padre y recordemos nuestro lugar en la familia como hijos e hijas de Dios. Reclamemos la corona de la adopción. Y deleitémonos en el amor de nuestro Padre como sólo los niños pequeños pueden.

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Mary Thissen is a St. Louis native living in East Central Illinois with her husband and children. She is blessed with twin boys Earthside and four children now living in Heaven. When she is not working as a healthcare data analyst or caring for her boys, she enjoys studying and writing about the Catholic faith and ministering to women who are suffering through miscarriage or infertility. You can connect with Mary on Instagram @waitingonmiracles. 

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I Have Seen The Lord / He Visto al Señor

Love drives us beyond our “selfwardness”, beyond our narrow vision, beyond our comfort zone, even beyond our natural limits, to desire, to seek, to do more than is necessary. Love for the Lord springs from our confidence that we are loved by the Lord, and prompts us to ask so that we will receive, seek so that we will find, knock so that it will be given to us.  

Today we celebrate the Feast of Mary Magdalene, whose love for the Lord has her seeking Him and Him alone. She is undeterred by the risk of being arrested and apparently unmoved by the presence of two angels speaking to her. She is focused on finding anew the One Who has loved her into wholeness, to whom she has dedicated her life and her means, and the source of her joy and peace.

But when she turns away from the tomb, she does not see Jesus right in front of her. How can she miss this? Because she is looking for a dead body. She could not have guessed that Jesus was alive, glorified, and again at work in the world. She does not recognize the One she loves until He speaks her name.

This is a mistake we all can make: we are expecting the Lord to reveal Himself in a certain way, and so we cannot see Him when He works in surprising ways. He is, after all, a God of surprises. Often, we have lost our sense of wonder and awe and patient openness. We look for Him to answer our prayers in a specific way, in a specific time; when He says, “Actually, I have a better idea,” we cannot recognize His hand at work.

Today, let us open our whole selves to His presence in whatever way HE wills to reveal Himself; then, our seeking will always be rewarded because we will receive Him as He gives Himself, hear Him when He speaks what we truly need to hear and provides what we truly need to draw closer to Him in the way that He knows is best.

Mary Magdalene, pray for us, that we will receive the grace we need to see the Lord clearly in our lives every day. Then, we can say with you, “I have seen the Lord.”

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El amor nos lleva más allá de nuestro “egoísmo”, más allá de nuestra visión estrecha, más allá de nuestra zona de confort, incluso más allá de nuestros límites naturales, a desear, a buscar, a hacer más de lo necesario. El amor al Señor brota de nuestra confianza en que somos amados por el Señor y nos impulsa a pedir para recibir, buscar para encontrar, llamar para que nos sea dado.

Hoy celebramos la Fiesta de María Magdalena, cuyo amor por el Señor la lleva a buscarlo a Él y únicamente a Él. Ella no se deja intimidar por el riesgo de ser arrestada y aparentemente no se conmueve ante la presencia de dos ángeles que le hablan. Ella está enfocada en encontrar de nuevo a Aquel que la ha amado en su plenitud, a quien ha dedicado su vida y sus medios, y la fuente de su alegría y paz.

Pero cuando se aleja de la tumba, no ve a Jesús que está justo enfrente de ella. ¿Cómo puede perderse esto? Porque está buscando un cadáver. Ella no podría haber adivinado que Jesús estaba vivo, glorificado y nuevamente obrando en el mundo. Ella no reconoce a Aquel que ama hasta que Él pronuncia su nombre.

Este es un error que todos podemos cometer: esperamos que el Señor se revele de cierta manera y, por lo tanto, no podemos verlo cuando obra de maneras sorprendentes. Después de todo, es un Dios de sorpresas. A menudo hemos perdido nuestro sentido de asombro y apertura paciente. Buscamos que Él responda nuestras oraciones de una forma específica, en un momento específico; cuando dice: “En realidad, tengo una idea mejor”, no podemos reconocer Su mano en acción.

Hoy, abramos todo nuestro ser a Su presencia en cualquier forma que ÉL quiera revelarse; así nuestra búsqueda siempre será recompensada porque lo recibiremos tal como Él se entrega, lo escucharemos cuando habla lo que realmente necesitamos escuchar y brindaremos lo que realmente necesitamos para acercarnos a Él de la manera que Él sabe que es mejor.

María Magdalena, ruega por nosotros, para que recibamos la gracia que necesitamos para ver al Señor claramente en nuestras vidas todos los días. Entonces podremos decir contigo: “He visto al Señor”.

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Kathryn Mulderink, MA, is married to Robert, Station Manager for Holy Family Radio. Together they have seven children (including Father Rob), and eight grandchildren. She is President of the local community of Secular Discalced Carmelites and has published five books and many articles. Over the last 30 years, she has worked as a teacher, headmistress, catechist, Pastoral Associate, and DRE, and as a writer and voice talent for Catholic Radio. Currently, she serves the Church by writing and speaking, and by collaborating with various parishes and to lead others to encounter Christ and engage their faith. Her website is www.KathrynTherese.com

Feature Image Credit: Emma Shappley, unsplash.com/photos/white-wooden-table-decor-8huCshiNhro

Tend the Flock / Cuidar el Rebaño

In today’s first reading from Jeremiah we hear the Lord in agony over the shepherds he has called to tend to his flock. Jeremiah shares God’s words: “You have scattered my sheep and driven them away. You have not cared for them, but I will take care to punish your evil deeds.” 

It could be easy to look at this and think about the faults of priests and bishops over the centuries, but I read this and hear Jeremiah talking to me and to all of us. Vatican II was very clear that as lay people we are all called to preach the Good News, to engage the culture, to help bring people into the Church, and to show love to all we meet. Pope Paul VI stated: “As sharers in the role of Christ as priest, prophet, and king, the laity have their work cut out for them in the life and activity of the Church. Their activity is so necessary within the Church communities that without it the apostolate of the pastors is often unable to achieve its full effectiveness.” (Apostolicam Actuositatem, section 10)

Let’s reflect on that for a second. The pope said that if we do not evangelize and fulfill our offices of priest, prophet, king, then pastors cannot be truly effective. See how the words from Jeremiah start to apply to us today? I think there is an ideology that has crept into the Church that as long as we are nice and treat others well then people will somehow make the connection that we are Christian and we don’t need to explicitly evangelize.

Of course, this doesn’t work. Any number of people can be nice and caring without being  Christian. Christ makes it clear in the Gospels: “Go therefore and make disciples of all nations, baptizing them in the name of the Father and of the Son and of the Holy Spirit, and teaching them to obey everything that I have commanded you. And remember, I am with you always, to the end of the age.” (Matthew 28:19-20)

In order for us to respond to the call of Christ we have to ask for the courage to be explicit about our faith. Living a good life is not enough. Everyone has different strengths and spiritual gifts, so maybe you are not personally called to go into the streets and talk to people about Jesus or to give a public talk at a youth group, but there is something specific that God is calling you to do. Maybe it is talking with a coworker or someone at the gym who has questions or maybe even someone on staff at the parish who needs some help. 

Let’s pray today that we might realize how God is calling each of us to evangelize in our own way. Jesus has chosen us to be instruments of his love, peace, and mercy. Let’s answer the call and preach the Gospel to all those we meet. 

From all of us here at Diocesan, God bless!

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En la primera lectura de Jeremías de hoy escuchamos al Señor en agonía por los pastores que ha llamado para cuidar de su rebaño. Jeremías comparte las palabras de Dios: “Ustedes han rechazado y dispersado a mis ovejas y no las han cuidado. Yo me encargaré de castigar la maldad de las acciones de ustedes.”

Podría ser fácil mirar esto y pensar en las fallas de los sacerdotes y obispos a lo largo de los siglos, pero yo leo esto y escucho a Jeremías hablándome a mí y a todos nosotros. El Vaticano II fue muy claro en que, como laicos, todos estamos llamados a predicar la Buena Nueva, a involucrarnos con la cultura, a ayudar a atraer personas a la Iglesia y a mostrar amor a todos los que conocemos. El Papa Pablo VI declaró: “Los laicos tienen su papel activo en la vida y en la acción de la Iglesia, como partícipes que son del oficio de Cristo Sacerdote, profeta y rey. Su acción dentro de las comunidades de la Iglesia es tan necesaria que sin ella el mismo apostolado de los pastores muchas veces no puede conseguir plenamente su efecto.” (Apostolicam Actuositatem, artículo 10)

Reflexionemos sobre eso por un segundo. El Papa dijo que si no evangelizamos y cumplimos nuestros oficios de sacerdote, profeta y rey, los pastores no podrán ser verdaderamente eficaces. ¿Ves cómo las palabras de Jeremías comienzan a aplicarse a nosotros hoy en día? Creo que hay una ideología que se ha infiltrado en la Iglesia de que mientras seamos amables y tratemos bien a los demás, la gente de alguna manera establecerá la conexión de que somos cristianos y no hay necesidad de evangelizar explícitamente.

Por supuesto, esto no funciona. Cualquier cantidad de personas pueden ser amables y atentas sin ser cristianas. Cristo lo deja claro en los Evangelios: “Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado. Y recuerden, Yo estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.” (Mateo 28,19-20)

Para que podamos responder al llamado de Cristo tenemos que pedir el valor de ser explícitos acerca de nuestra fe. Vivir una buena vida no es suficiente. Cada uno tiene diferentes fortalezas y dones espirituales, así que tal vez no estés llamado personalmente a salir a las calles y hablar con la gente sobre Jesús o a dar un discurso público en un grupo de jóvenes, pero hay algo específico que Dios te está llamando a hacer. Tal vez sea hablar con un compañero de trabajo o alguien en el gimnasio que tiene preguntas o incluso alguien del personal de la parroquia que necesita ayuda.

Oremos hoy para que podamos darnos cuenta de cómo Dios nos está llamando a cada uno de nosotros a evangelizar personalmente. Jesús nos ha elegido para ser instrumentos de su amor, paz y misericordia. Respondamos al llamado y prediquemos el Evangelio a todos los que nos encontremos.

De parte de todos nosotros aquí en Diocesano, ¡Dios los bendiga!

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Tommy Shultz is a Business Development Representative for Diocesan. In this role he is committed to bringing the best software to dioceses and parishes while helping them evangelize on the digital continent. Tommy has worked in various diocese and parish roles since his graduation from Franciscan University with a Theology degree. He hopes to use his skills in evangelization, marketing, and communications, to serve the Church and bring the Good News to all. His favorite quote comes from St. John Paul II, who said, “A person is an entity of a sort to which the only proper and adequate way to relate is love.”

Feature Image Credit: Biegun Wschodni, unsplash.com/photos/man-standing-in-front-of-group-of-lamb-vD3L-rN_qNw

Alive in Christ / Vivo en Cristo

**This reflection has been reposted from Diocesan Archives.**

“Are you alive in Christ?” There was a decently loud response from the crowd, a rumbling of “Yes.”  Fr. Agustino Torres wasn’t satisfied with that response, though, and so he asked again, even louder this time, “Are you alive in Christ?” A louder “Yes” resounded through the crowd. Still not good enough, though. “ARE YOU ALIVE IN CHRIST?” Finally, a thunderous “Yes” rolled through the field house along with loud screaming and applause. 

This sequence of questions and responses took place at a Steubenville Youth Conference during the Sunday morning homily. There were about 1,000 people in that field house who, yes, were certainly alive in Christ at that moment. It’s hard not to be after all that had happened over the weekend. Fr. Agustino cautioned us, though, as we still needed to be alive in Christ after we left the conference and every day after. 

So what does it mean to be alive in Christ? Each person’s journey, their following of Christ, is going to look a little different so every person’s answer is going to be different and that’s okay. Generally, I would say that being alive in Christ has a few main pieces, such as: prayer, Scripture and the sacraments. All of these graces will give us the strength to be in relationship with our Lord Jesus Christ and to truly be alive in Him. 

How does all of this relate to today’s Scripture readings? I look toward the Gospel and I am reminded of some simple truths of our faith. The person of Jesus Christ, the person that we are alive in, so many people in his day sought to put Him to death because what He was teaching was so counter-cultural. Does this fact remind you of anything? As Catholic Christians, most of what we believe and teach is counter-cultural and our culture tries to cancel us – to put our beliefs to death, so to speak – for doing so. 

Even as the Pharisees were seeking to put Jesus to death, many people still chose to follow Him. Many people were alive in Christ as they followed Him! This is a reality that we must face if we are truly to be alive in Jesus, that people will seek to pull us down. But our strength lies in the graces that we receive and in the person who is greater than all things. Our strength, our life, lies in Jesus Christ. 


“¿Estás vivo en Cristo?” Hubo una respuesta bastante fuerte de la multitud, un estruendo de “Sí”. Sin embargo, el Padre Agustino Torres no quedó satisfecho con esa respuesta, por lo que volvió a preguntar, esta vez aún más fuerte: “¿Estás vivo en Cristo?” Un “Sí” más fuerte resonó entre la multitud, aunque todavía no era lo suficientemente. “¿ESTÁS VIVO EN CRISTO?” Finalmente, un atronador “Sí” resonó por la casa de campo junto con fuertes gritos y aplausos.

Esta secuencia de preguntas y respuestas tomó lugar en una Conferencia Juvenil de Steubenville durante la homilía del domingo por la mañana. Había alrededor de 1.000 personas en esa casa de campo que, sí, ciertamente estaban vivas en Cristo en ese momento. Era difícil no serlo después de todo lo que había pasado durante el fin de semana. Sin embargo, el Padre Agustino nos advirtió que todavía teníamos que estar vivos en Cristo después de dejar la conferencia y todos los días a futuro.

Entonces, ¿qué significa estar vivo en Cristo? El camino de cada persona, su seguimiento de Cristo, será un poco diferente, por lo que la respuesta de cada persona será diferente y no hay problema. Generalmente, diría que estar vivo en Cristo tiene algunas piezas principales, como: la oración, las Escrituras y los sacramentos. Todas estas gracias nos darán la fuerza para estar en relación con nuestro Señor Jesucristo y estar verdaderamente vivos en Él.

¿Cómo se relaciona todo esto con las lecturas de las Escrituras hoy día? Miro al Evangelio y recuerdo algunas verdades simples de nuestra fe. La persona de Jesucristo, la persona en la que estamos vivos, tanta gente en su época intentó matarlo porque lo que enseñaba era muy contracultural. ¿Este hecho te hace acordar de algo? Como cristianos católicos, la mayor parte de lo que creemos y enseñamos es contracultural y nuestra cultura intenta anularnos – hacer morir nuestras creencias, por así decirlo – por hacerlo.

Incluso cuando los fariseos buscaban matar a Jesús, muchas personas aún decidieron seguirlo. ¡Muchas personas estaban vivas en Cristo mientras lo seguían! Esta es una realidad que debemos afrontar si realmente queremos estar vivos en Jesús: la gente buscará derribarnos. Pero nuestra fuerza está en las gracias que recibimos y en la persona que es más grande que todas las cosas. Nuestra fuerza, nuestra vida, está en Jesucristo.

Feature Image Credit: Knut Troim, https://unsplash.com/photos/mens-black-top-uu-_JuKe3P8


This reflection has been reposted from Diocesan Archives. Author: Erin Madden

In Our Place / Quedarnos en Nuestro Lugar

Our readings today seem a little disjointed, while at the same time having some similarities. In our first reading from Isaiah we have Hezekiah, a descendent of David and king of Judah, suffering from an illness. In our Gospel from Matthew, we have Jesus and his disciples walking through a field on the Sabbath, and the Lord’s followers are suffering from hunger.

Here’s a way the two narratives diverge. Isaiah tells Hezekiah to get his affairs in order because he is going to die and Hezekiah responds by praying to God. Meanwhile, the disciples recognize their hunger and take it upon themselves to pick grain from the field and start munching on it. Those ever-present Pharisees see it and scold the group for violating the rules of the Sabbath.

At this point, I think the two stories converge again, and it’s because of God’s love for his people. In Hezekiah’s prayer, he asks God to remember that he has been faithful. Indeed, Scripture lists the pious works of the king, clearing the temple of idols and reinstating worship in God alone. He even destroyed the bronze serpent that Moses lifted up in the desert to heal those bitten by poisonous snakes, because that great symbol of God’s love had been turned into an idol of its own when people began worshiping it instead of God. God hears Hezekiah’s prayer and sends Isaiah back to tell him he will recover from his illness and live many more years.

God also hears the condescension of the Pharisees upon the disciples, and He comes to their aid as well, in the person of His Son, Jesus, true God and true man. Jesus defends his followers, reminding the Pharisees that the rules of the Sabbath are meant to help people in their holiness, not hinder them in their well-being. David and his troops ate bread they were forbidden to eat on the Sabbath because of their need. God did not hold that against them. Jesus then quotes the prophet Hosea, “I desire mercy, not sacrifice.” In modern language, “These guys are hungry, cut them some slack.” 

God protects His faithful servant, Hezekiah. Jesus protects His faithful followers, the disciples. That should lead us to great joy. If we recognize our place on this Earth as faithful servants and followers of our Lord, we can rejoice in knowing that He will hear our prayers and answer our needs. 

Let us revel in our place, loving God with our whole heart, soul and mind, as we love our neighbor as ourselves — all the while staying humble in that place. Hezekiah later turned boastful about how faithful he was. The Apostles got caught arguing about who among them was the greatest. That’s not our place. That’s no way to respond to God’s goodness. He will truly respond to us with his unfathomable love when we properly and humbly respond to Him and his children.

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Nuestras lecturas de hoy parecen un poco desencajadas, aunque al mismo tiempo tienen algunas similitudes. En la primera lectura de Isaías tenemos a Ezequías, descendiente de David y rey de Judá, que sufre de una enfermedad. En el Evangelio de Mateo, tenemos a Jesús y sus discípulos caminando por un campo en sábado, y los seguidores del Señor sufren de hambre.

He aquí una forma en que las dos narrativas divergen. Isaías le dice a Ezequías que ponga sus asuntos en orden porque va a morir y Ezequías responde rezando a Dios. Mientras tanto, los discípulos reconocen su hambre y se encargan de recoger grano del campo y empezar a comerlo. Esos fariseos siempre presentes lo ven y regañan al grupo por violar las reglas del sábado.

En este punto creo que las dos historias vuelven a converger, y nos demuestran el amor de Dios por su pueblo. En la oración de Ezequías, le pide a Dios que recuerde que ha sido fiel. De hecho, las Escrituras enumeran las obras piadosas del rey, limpiando el templo de ídolos y restableciendo el culto a Dios únicamente. Incluso destruyó la serpiente de bronce que Moisés levantó en el desierto para sanar a los mordidos por serpientes venenosas, porque ese gran símbolo del amor de Dios se había convertido en un ídolo cuando la gente comenzó a adorarlo en lugar de a Dios. Dios escucha la oración de Ezequías y envía a Isaías de regreso para decirle que se recuperará de su enfermedad y vivirá muchos años más.

Dios también escucha la condescendencia de los fariseos hacia los discípulos, y también viene en su ayuda, en la persona de su Hijo, Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre. Jesús defiende a sus seguidores, recordando a los fariseos que las reglas del sábado están destinadas a ayudar a las personas en su santidad, no a obstaculizarles en su bienestar. David y sus tropas comieron pan que era prohibido comer en sábado debido a su necesidad. Dios no les reprochó eso. Luego Jesús cita al profeta Oseas: “Misericordia quiero y no sacrificios”. En lenguaje moderno, “Estos tipos tienen hambre, déjenlos en paz”.

Dios protege a su siervo fiel, Ezequías. Jesús protege a sus seguidores fieles, los discípulos. Eso debería llevarnos a una gran alegría. Si reconocemos nuestro lugar en esta Tierra como servidores y seguidores fieles de nuestro Señor, podemos regocijarnos al saber que Él escuchará nuestras oraciones y responderá a nuestras necesidades.

Deleitémonos en nuestro lugar, amando a Dios con todo el corazón, alma y mente, como amamos al prójimo como a nosotros mismos, manteniéndonos humildes en ese lugar. Más tarde, Ezequías presumió de lo fiel que era. Los Apóstoles quedaron atrapados discutiendo sobre quién de ellos era el más grande. Ese no es nuestro lugar. Esa no es la forma de responder a la bondad de Dios. Él verdaderamente nos responderá con su amor insondable cuando le respondamos apropiada y humildemente a Él y a sus hijos.

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Mike Karpus is a regular guy. He grew up in Michigan’s Upper Peninsula, graduated from Michigan State University and works as an editor. He is married to a Catholic school principal, raised two daughters who became Catholic school teachers at points in their careers, and now relishes his two grandchildren, including the older one who is fascinated with learning about his faith. He also has served on a Catholic school board, a pastoral council and a parish stewardship committee. He currently is a lector at Mass, a Knight of Columbus, Adult Faith Formation Committee member and a board member of the local Habitat for Humanity organization. But mostly he’s a regular guy.

Feature Image Credit: Melissa Askew, unsplash.com/photos/wheat-field-y4xZxzN754M

Will You Come to Me? / ¿Vendrás a Mí?

“Come to me.” The words of a lover. Powerless words. Vulnerable words. The one who says them must wait upon the response of the one to whom they are addressed. “Will you come to me?” The loved one must answer “yes” or “no”. If they answer “yes” then the love of Jesus has triumphed and Jesus can open his heart completely to pour out the fullness of the life he shares with the Father. If the answer is “no” and the love is refused then the gift of love has met with a tragic end. 

Ultimately, the Father and the Son’s invitation to the world, inviting each person into their eternal loving and living and giving is, in fact, limited only by human refusal. As soon as we say our “Yes” to Jesus, we discover that the pressures that weigh on us from both the world and our own selves begin to fade away. We are let in on the “secret,” so to speak, of the mystery Jesus came to reveal to us. 

We begin to see how we receive all from the Father, every last thing that we are and have and accomplish. In Jesus we see the way to live in relation to the Father: in blessing and thanksgiving, in worship and wonder. We make the astounding discovery that the world truly has no power over us when we make our home in God.

Jesus invites you today and every day, in situations of joy and in pain, in laughter and in tears, in circumstances that demand outstanding courage and those that require a humble peace, “Come to me!” Jesus stands at the door of our hearts as a beggar, but—oh!—how much joy fills his heart when we reach out our hand to take his, to go with him wherever he leads.

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“Ven a mí.” Son las palabras impotentes y vulnerables de un amante. Quien las dice tiene que esperar la respuesta de aquel a quien van dirigidas. “¿Vendrás a mi?” El ser querido debe responder “sí” o “no”. Si responde “sí”, entonces el amor de Jesús ha triunfado y Jesús puede abrir su corazón completamente para derramar la plenitud de la vida que comparte con el Padre. Si la respuesta es “no” y se rechaza el amor, entonces el regalo del amor ha llegado a un final trágico.

En última instancia, la invitación del Padre y del Hijo al mundo, invitando a cada persona a amar, vivir y dar eternamente, está, de hecho, limitada únicamente por el rechazo humano. Tan pronto como damos nuestro “sí” a Jesús, descubrimos que las presiones que pesan sobre nosotros, tanto del mundo como de nosotros mismos, comienzan a desvanecerse. Se nos deja entrar en el “secreto”, por así decirlo, del misterio que Jesús vino a revelarnos.

Empezamos a ver cómo recibimos todo del Padre, hasta la última cosa que somos, tenemos y realizamos. En Jesús vemos la forma de vivir en relación con el Padre: en bendición y acción de gracias, en adoración y asombro. Hacemos el sorprendente descubrimiento de que el mundo realmente no tiene poder sobre nosotros cuando hacemos nuestro hogar en Dios.

Jesús te invita hoy y todos los días, en situaciones de alegría y de dolor, en la risa y en el llanto, en circunstancias que exigen una valentía excepcional y aquellas que requieren una paz humilde, “¡Ven a mí!” Jesús está a la puerta de nuestro corazón como un mendigo, pero ¡oh, cuánta alegría llena su corazón cuando extendemos nuestra mano para tomar la suya! para ir con él adondequiera que nos lleve.

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Sr. Kathryn J. Hermes

Sr. Kathryn James Hermes, FSP, is an author and offers online evangelization as well as spiritual formation for people on their journey of spiritual transformation and inner healing. Website: www.touchingthesunrise.com My Books: https://touchingthesunrise.com/books/
Public Facebook Group: https://www.facebook.com/groups/srkathrynhermes/ HeartWork Spiritual Formation Group: https://touchingthesunrise.com/heartwork/

Feature Image Credit: Leiloeira São Domingos, commons.wikimedia.org/wiki/File:Sagrado_Cora%C3%A7%C3%A3o_de_Jesus_-_escola_portuguesa,_s%C3%A9culo_XIX.png

Vocation and Freedom / Vocación y Libertad

We must have complete freedom to follow Christ. 

I’ve had a deep love for our Lord from a very young age when our home was only half a block away from our family Church. I was a dedicated altar server. If the priest or nun asked me to help with anything for the Church, I was all over it. In my bedroom, there was a corner that looked like a small chapel. Any money that I made cutting grass or received from my allowance, I would ask my Mom or Dad to take me to our local religious goods store so that I could buy more Catholic items.  I really loved our Lord and anything that represented His Church.

In the 8th grade I began to wonder if I was called to the vocation of priesthood. At the time, it seemed to me I didn’t get the support I needed to follow this path from my family or the other adults around me. This lack of support meant I wasn’t free to follow this vocation. 

This was also about the same time my parents decided to get divorced. I remember riding my bike to Church and praying, asking for God’s help to not let my parents get divorced. It felt like my prayers fell on deaf ears. In my teenage mind, I ended up very angry at the Church. My anger prevented me from being free to follow a priestly vocation. 

I was set to enter a Catholic high school. I asked my mom if I could go to a public high school instead. Because I was still mad at God, I wanted to cut that part of myself out. My friends, sports and dabbling on the wild side of life a little bit left me unhappy most of the way through high school. Focusing on earthly things meant I wasn’t free to follow a vocation.

But God had a plan and when I went to college, my roommate was Catholic. I never opened up to him about my faith but he and his girlfriend always asked me to go to church with them. I would graciously decline…until one Saturday I agreed. I felt like I was home again.

It was also about this time that I met the most loving, beautiful woman in the world who wasn’t Catholic. But again, God had a plan. After college, we got married and she joined the Church. As time went on my love for the Lord grew. Since my love for God was free to grow again, the thoughts of a vocation began to grow again too. 

I am happy to say the Lord is #1 in my life again (my wife is a close second) and by the time you read this, God willing, I will have been ordained a Permanent Deacon for the Catholic Church. I think it will be the greatest honor and most humbling moment of my life. But none of it would have happened if I hadn’t freed myself from my ties to this life, so that I was free to follow when I was called. 

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Debemos tener plena libertad para seguir a Cristo.

He tenido un profundo amor por nuestro Señor desde muy joven cuando nuestra casa estaba a tan sólo media cuadra de la Iglesia. Yo era un monaguillo dedicado. Si el sacerdote o la monja me pedían ayuda con algo para la Iglesia, lo hacía de inmediato. En mi dormitorio había un rincón que parecía una pequeña capilla. Cualquier dinero que ganaba cortando pasto o que recibía de mi paga, le pedía a mi mamá o a mi papá que me llevara a la tienda de artículos religiosos local para poder comprar más artículos católicos. Realmente amaba a nuestro Señor y todo lo que representaba a Su Iglesia.

En octavo grado comencé a preguntarme si estaba llamado a la vocación del sacerdocio. En ese momento, me pareció que no recibía el apoyo que necesitaba para seguir este camino ni de mi familia ni de los demás adultos que me rodeaban. Esta falta de apoyo significó que no era libre de seguir esta vocación.

También fue casi al mismo tiempo que mis padres decidieron divorciarse. Recuerdo ir en bicicleta a la Iglesia y orar, pidiendo ayuda a Dios para no permitir que mis padres se divorciaran. Sentí como si mis oraciones cayeran en oídos sordos. En mi mente adolescente, terminé muy enojado con la Iglesia. Mi ira me impidió ser libre para seguir una vocación sacerdotal.

Estaba preparado para ingresar a una escuela secundaria católica. Le pregunté a mi mamá si podía ir a una escuela secundaria pública. Como todavía estaba enojado con Dios, quería eliminar esa parte de mí. Mis amigos, los deportes y probar un poco de la vida loca me dejaron infeliz durante la mayor parte de la escuela secundaria. Centrarme en las cosas terrenales significaba que no era libre de seguir una vocación.

Pero Dios tenía un plan y cuando fui a la universidad, mi compañero de cuarto era católico. Nunca le hablé de mi fe, pero él y su novia siempre me invitaban a acompañarlos a la iglesia. Yo les diría amablemente que no… hasta que un sábado acepté. Me sentí como si estuviera en casa de nuevo.

También fue en esa época cuando conocí a la mujer más bella y amorosa del mundo que no era católica. Pero nuevamente, Dios tenía un plan. Después de la universidad, nos casamos y ella se unió a la Iglesia. A medida que pasó el tiempo, mi amor por el Señor creció. Desde que mi amor por Dios fue libre para crecer nuevamente, los pensamientos de una vocación comenzaron a crecer nuevamente también.

Me alegra decir que el Señor es el número uno en mi vida nuevamente (mi esposa le sigue de cerca) y para cuando leas esto, si Dios quiere, habré sido ordenado diácono permanente de la Iglesia Católica. Creo que será el mayor honor y el momento más humilde de mi vida. Pero nada de eso hubiera sucedido si no me hubiera liberado de mis ataduras a esta vida, para ser libre de seguir cuando fuera llamado.

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Tom O’Connor is a candidate for the Diaconate in the Diocese of Kalamazoo. He is currently serving at Sacred Heart Parish in Watson and St. Stanislaus in Dorr, Michigan. He is married to Sheryl O’Connor. They have recently discovered the joy of kayaking and can be found out on a quiet lake as often as possible. 

Feature Image Credit: Chad Greiter, unsplash.com/photos/photography-of-inside-black-structure–0gBnnMdQPw

Woe To You? / ¿Ay de ti?

God has an awesome plan for humanity – a plan of rescue and radiance for each one of us and all of us. It began in the Garden of Eden and is woven throughout the whole history of the world, from Adam and Noah and Moses and Abraham and David, through Jesus and the Church, the martyrs of the Colosseum and the French Revolution, the rise and fall of nations and peoples, the choices of saints and sinners, and the lives of you and me.

But we usually settle for so much less than He desires for us because we cannot see the big picture, the plan of salvation, the utterly breathtaking reason of the universe. We need to repeatedly look at our place in the universe and in time – which is infinitesimally small – and then come to appreciate and receive our position in the Heart of God – which is disproportionately large! We are each large in God’s Heart.

God loves us. In truth, He loves us so much that He chose to create a world and a Heaven that would not be complete without you and me. He loves us so much that He gave Himself over to a life of poverty and toil and laid down His life in a humiliating execution to prove His love and secure our place with Him forever.

We like happy endings, but God loves beginnings with no ending. You and I are created to live with Him in indescribable joy and peace forever. Forever.

It is the deep desire of His Heart that we receive this gift and allow Him to save us. We must open our eyes and our minds and our hearts to this rescue operation and take up His yoke to work with Him to achieve the goal He has for us. But we find it hard to accept, because we are fallen and free. We can choose to reject this great plan.

Jesus reproaches those who have seen the mighty deeds that were intended to free them from their slavery to sin and darkness so that they could be rescued, because they refused to receive this great gift of freedom. They refused to see and receive His loving offer. His reproach is not full of anger, but full of mourning; love that is not received grieves because it sees clearly that a rejection of love leads to misery.

Let us pray today for the grace to receive this awesome offer of rescue from the Heart of Love, so that we take up the yoke of true freedom and follow in His footsteps to live with Him forever.

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Dios tiene un plan maravilloso para la humanidad: un plan de rescate y resplandor para cada uno de nosotros y para todos nosotros. Comenzó en el Jardín del Edén y está tejido a lo largo de toda la historia del mundo, desde Adán y Noé y Moisés y Abraham y David, pasando por Jesús y la Iglesia, los mártires del Coliseo y la Revolución Francesa, el ascenso y la caída de naciones y pueblos, las decisiones de santos y pecadores, y las vidas de ustedes y de mí.

Pero normalmente nos conformamos con mucho menos de lo que Él desea para nosotros porque no podemos ver el panorama general, el plan de salvación, la razón absolutamente impresionante del universo. Necesitamos mirar repetidamente nuestro lugar en el universo y en el tiempo – que es infinitamente pequeño – y luego llegar a apreciar y recibir nuestra posición en el Corazón de Dios – ¡que es desproporcionadamente grande! Cada uno de nosotros somos grandes en el Corazón de Dios.

Dios nos ama. En verdad, Él nos ama tanto que eligió crear un mundo y un Cielo que no estaría completo sin ti y sin mí. Él nos ama tanto que se entregó a una vida de pobreza y trabajo duro y entregó su vida en una ejecución humillante para demostrar su amor y asegurar nuestro lugar con él para siempre.

Nos gustan los finales felices, pero a Dios le encantan los comienzos sin fin. Tú y yo fuimos creados para vivir con Él en un gozo y una paz indescriptibles para siempre. ¡Para siempre!

Es el profundo deseo de Su Corazón que recibamos este regalo y le permitamos salvarnos. Debemos abrir nuestros ojos, nuestra mente y nuestro corazón a esta operación de rescate y tomar Su yugo para trabajar con Él para lograr la meta que Él tiene para nosotros. Pero nos resulta difícil aceptarlo, porque somos caídos y libres. Podemos optar por rechazar este gran plan.

Jesús reprocha a quienes han visto las maravillas que pretendían liberarlos de su esclavitud al pecado y a las tinieblas para poder ser rescatados, porque se negaron a recibir este gran regalo de la libertad. Se negaron a ver y recibir su amorosa oferta. Su reproche no está lleno de ira, sino lleno de luto; el amor que no se recibe se entristece porque ve claramente que el rechazo del amor conduce a la miseria.

Oremos hoy por la gracia de recibir esta maravillosa oferta de rescate del Corazón de Amor, para que tomemos el yugo de la verdadera libertad y sigamos sus pasos para vivir con Él para siempre.

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Kathryn Mulderink, MA, is married to Robert, Station Manager for Holy Family Radio. Together they have seven children (including Father Rob), and eight grandchildren. She is President of the local community of Secular Discalced Carmelites and has published five books and many articles. Over the last 30 years, she has worked as a teacher, headmistress, catechist, Pastoral Associate, and DRE, and as a writer and voice talent for Catholic Radio. Currently, she serves the Church by writing and speaking, and by collaborating with various parishes and to lead others to encounter Christ and engage their faith. Her website is www.KathrynTherese.com

Feature Image Credit: Jonathan Dick, OSFS, unsplash.com/s/photos/sacred-heart-of-jesus

Love in Heart and Deed / Amar de Corazón y de Obra

Jesus explains what is meant by “learn to do good” (Is 1:16) in the Gospel, saying, “Whoever loves father or mother . . . . son or daughter more than me is not worthy of me; and whoever does not take up his cross and follow after me is not worthy of me. . . . Whoever loses his life for my sake will find it” (Matt. 10:37–39). We are to do good in the sense of being just and charitable, but also in the sense of loving God without hesitation, letting no other love surpass our love for Him. We should be willing to lose our lives for His sake, recognizing that anything He asks of us is infinitely more important than our own aims.

This is critical for the life of a disciple. As God points out through Isaiah in the first reading, it is crucial for us to be good if God is to honor our sacrifices and ritual observations. If we read the first reading quickly, we may think that God does not care about sacrifice, and that His only concerns are justice and mercy. But really God is saying that He does not care how many sacrifices the Israelites make if they do not do good outside the confines of the Temple. Ritual observation is important, but it is fruitful in the context of a life of love for God. This is why later in Matthew’s Gospel Jesus speaks out against the hypocrisy of paying tithes while neglecting judgment, mercy and fidelity. (see Matt 23:23). It is not that tithing is immaterial, but it needs to be united with actions and attitudes of judgment and mercy and fidelity.

If we are to truly heed the words of God, we must not skew toward either extreme of piety. On the one hand, we cannot rely exclusively on frequent Mass attendance and liturgical devotion to carry us to heaven if we do not live a virtuous, holy life in love of God and neighbor. On the other hand, we should not focus soley on charitable works while neglecting liturgical living. Jesus teaches us to do good by loving both in heart and in deed.

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Jesús explica lo que se entiende por “aprendan a hacer el bien” (Is 1,16) en el Evangelio, diciendo: “El que ama a su padre o a su madre…a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que salve su vida, la perderá y el que la pierda por mí, la salvará.” (Mateo 10,37-39). Debemos hacer el bien en el sentido de ser justos y caritativos, pero también en el sentido de amar a Dios sin vacilación, sin permitir que ningún otro amor supere nuestro amor por Él. Deberíamos estar dispuestos a perder la vida por Él, reconociendo que cualquier cosa que Él nos pida es infinitamente más importante que nuestros propios objetivos.

Esto es fundamental para la vida de un discípulo. Como Dios señala a través de Isaías en la primera lectura, es crucial que seamos buenos para que Dios honre nuestros sacrificios y observaciones rituales. Si leemos rápidamente la primera lectura, podemos pensar que a Dios no le importa el sacrificio y que sus únicas preocupaciones son la justicia y la misericordia. Pero realmente Dios está diciendo que a Él no le importa cuántos sacrificios hagan los israelitas si no hacen el bien fuera de los confines del Templo. La observación ritual es importante, pero es fructífera en el contexto de una vida de amor a Dios. Por eso, más adelante en el Evangelio de Mateo, Jesús habla contra la hipocresía de pagar el diezmo descuidando el juicio, la misericordia y la fidelidad. (ver Mateo 23:23). No es que el diezmo sea inmaterial, sino que tiene que estar unido a acciones y actitudes de juicio, misericordia y fidelidad.

Si realmente queremos prestar atención a las palabras de Dios, no debemos inclinarnos hacia ninguno de los dos extremos de la piedad. Por un lado, no podemos depender exclusivamente de la asistencia frecuente a Misa y la devoción litúrgica para llevarnos al cielo si no vivimos una vida virtuosa y santa por amor a Dios y al prójimo. Por otro lado, no debemos centrarnos únicamente en las obras de caridad y descuidar la vida litúrgica. Jesús nos enseña a hacer el bien amando tanto de corazón como de obra.

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David Dashiell is a freelance author and editor in Nashville, Tennessee. He has a master’s degree in theology from Franciscan University, and is the editor of the anthology Ever Ancient, Ever New: Why Younger Generations Are Embracing Traditional Catholicism.

Feature Image Credit: Maria Oswalt, unsplash.com/photos/gold-round-framed-mirror-on-white-textile-Nh8KuVsfuv0