Expect the Miraculous / Esperar los Milagros

In our Gospel today, Jesus tells the disciples to “guard against the leaven of the Pharisees.” His statement might seem strange to us, since it was strange to the disciples at the time, but He explains it by referring to the miracles of the feeding of the five thousand and the feeding of the four thousand. At the very least, this seems like an invitation for the disciples to trust in the care and providence of God rather than in that of the Pharisees. But beyond this, it is a call to faith in the extraordinary power and care of God, capable of multiplying food whenever it is needed.

St. James calls back to this same summons in his epistle, when he speaks of “all good giving and every perfect gift” as coming from the Father, who does not tempt us but gives us the light of truth. This is a hopeful message to take with us into the Lenten season, which begins tomorrow. We will have many opportunities to remember our sins and the ways in which we have offended God, and this is good and healthy. At the same time, these readings on the last day of Ordinary Time give us an opportunity to appreciate the magnificent providence of God, who constantly wants to give us good things, well beyond our expectations.

Perhaps this is why Jesus refers to the miracles of the feeding of the five thousand and the feeding of the four thousand in the Gospel. He does not simply refer to His own authority or to the convincing nature of His teaching, but instead refers to recent miracles that He performed in the presence of the crowds. He is reminding His disciples that the temptations and teachings of the world will not save them or even satisfy their expectations. It is the miraculous intervention of God that they need, and it is the miraculous intervention of God that they can actually expect, as Christ has proven to them so recently.

As we go through the Lenten season, it would be helpful for us to remember this fact, that God has many miracles reserved for those who ask Him. We are burdened by our sins, and we must truly respond to God’s goodness with contrite and humble faith. Once we have done this, acknowledging His goodness, holiness, and sovereignty, we ought to feel free to ask Him for those things that are good for us, even if we would not expect those things from our fellow men.

God stands ready to surpass our expectations in this Lenten season and at all times. He continues to perform miracles to this very day, both individually and on the grand scale in places like Lourdes, Fatima, and Mexico City (Our Lady of Guadalupe), to mention only a few of the more prominent examples. There is no reason not to expect the same from Him for those of us who earnestly seek him with a humble and contrite heart, prepared to receive Him through our Lenten observance.

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En el Evangelio de hoy, Jesús les dice a los discípulos, “cuidense de la levadura de los fariseos”. Su declaración nos puede parecer extraña, ya que lo fue para los discípulos en ese momento, pero la explica refiriéndose a los milagros de la alimentación de los cinco mil y de la alimentación de los cuatro mil. Como mínimo, esto parece una invitación para que los discípulos confíen en el cuidado y la providencia de Dios más que en el de los fariseos. Pero más allá de esto, es una llamada a la fe en el extraordinario poder y cuidado de Dios, capaz de multiplicar los alimentos siempre y cuando sean necesarios.

Santiago vuelve a invocar este mismo llamado en su epístola, cuando habla de “todo beneficio y todo don perfecto” como provenientes del Padre, que no nos tienta, sino que nos da la luz de la verdad. Este es un mensaje de esperanza para llevar con nosotros en la temporada de Cuaresma, que comienza mañana. Tendremos muchas oportunidades para recordar nuestros pecados y las formas en que hemos ofendido a Dios, y esto es bueno y saludable. Al mismo tiempo, estas lecturas del último día del Tiempo Ordinario nos dan la oportunidad de apreciar la magnífica providencia de Dios, que constantemente quiere darnos cosas buenas, mucho más allá de nuestras expectativas.

Quizás por eso Jesús se refiere a los milagros de la alimentación de los cinco mil y de la alimentación de los cuatro mil en el Evangelio. No se refiere simplemente a su propia autoridad o a la naturaleza convincente de su enseñanza, sino que se refiere a milagros recientes que realizó en presencia de las multitudes. Les está recordando a sus discípulos que las tentaciones y las enseñanzas del mundo no los salvarán ni satisfarán sus expectativas. Es la intervención milagrosa de Dios lo que necesitan, y es la intervención milagrosa de Dios lo que realmente pueden esperar, como Cristo les ha demostrado recientemente.

A medida que avanzamos en la temporada de Cuaresma, sería útil que recordáramos este hecho: Dios tiene muchos milagros reservados para quienes se lo piden. Estamos agobiados por nuestros pecados y debemos verdaderamente responder a la bondad de Dios con una fe contrita y humilde. Una vez que hayamos hecho esto, reconociendo Su bondad, santidad y soberanía, debemos sentirnos libres de pedirle aquellas cosas que son buenas para nosotros, incluso si no las esperaríamos de nuestros semejantes.

Dios está listo para superar nuestras expectativas en esta temporada de Cuaresma y en todo momento. Continúa realizando milagros hasta el día de hoy, tanto individualmente como a gran escala en lugares como Lourdes, Fátima y la Ciudad de México (Nuestra Señora de Guadalupe), por mencionar sólo algunos de los ejemplos más destacados. No hay razón para no esperar lo mismo de Él para aquellos de nosotros que lo buscamos fervientemente con un corazón humilde y contrito, preparados para recibirlo a través de nuestra observancia de la Cuaresma.

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David Dashiell is a freelance author and editor in Nashville, Tennessee. He has a master’s degree in theology from Franciscan University, and is the editor of the anthology Ever Ancient, Ever New: Why Younger Generations Are Embracing Traditional Catholicism.

Feature Image Credit: Rita Laura, cathopic.com/photo/15994-sunset-and-stations-of-the-cross

How Friendship Works / La Amistad Funciona de Esta Forma

I think we can all appreciate the very human moments that the Gospel authors capture for us. In today’s Gospel, I think we can all hear in our minds Jesus’ sighing, “from the depth of His spirit.” We’ve all likely experienced both sides of that sigh, as recipients and exasperated individuals whose patience is worn thin.

Jesus is human. He experienced frustration. Time and again He had explained Himself to the Pharisees. He spoke in parables, offered witty sayings, preached and healed and performed miracles. What more did they want?

A sign, they claim. We require a specific sign. Then we will believe. 

Basically, they wanted Jesus to meet their demands and expectations. It is fascinating to consider mere human beings trying to demand signs and wonders from the Son of God. We might even laugh at this behavior which so obviously misses the mark. Yet, we repeat the same offense. We barter with God, “I’ll say a rosary every day if you heal my mother.” Or, “I’ll go to daily Mass if you find me the money for my debts.” We beg, “I’ll do whatever you say, just get me out of this situation.”

This isn’t the way God works. God isn’t someone to be bartered with, He’s someone to walk alongside. God isn’t an accountant, keeping track of how many Hail Mary’s and Our Father’s we said before He will grant our request. He wants so much more than a laundry list of spiritual activities, He wants our very selves. He wants to be in a relationship with us. 

Jesus wants our friendship. A friend is someone who you talk with, who you share both joys and sorrows with. This is the person you turn to for advice, to vent frustration, to dream up big plans. More than this, a true friend is someone you desire in your life because of who they are, not because of what they can give you.  

Again and again, Jesus engages with the Pharisees and scribes throughout the Gospels. Each encounter is another invitation to change their minds, to renew their sight that they might see Him for who He is. They were so focused on what they thought they were looking for that they missed the reality happening before their very eyes.

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Creo que todos podemos apreciar los momentos tan humanos que los autores de los Evangelios capturan para nosotros. En el Evangelio de hoy, creo que todos podemos escuchar en nuestras mentes cuando Jesús “suspiró profundamente”. Probablemente todos hemos experimentado ambos lados de ese suspiro, como receptores e individuos exasperados cuya paciencia se está agotando.

Jesús es un ser humano. Experimentó frustración. Una y otra vez se había explicado a los fariseos. Habló en parábolas, ofreció dichos ingeniosos, predicó, curó y realizó milagros. ¿Qué más querían?

Una señal, afirman. Requerimos una señal específica. Entonces creeremos.

Básicamente, querían que Jesús cumpliera con sus demandas y expectativas. Es fascinante considerar a simples seres humanos tratando de exigir señales y prodigios del Hijo de Dios. Incluso podríamos reírnos de este comportamiento que es obviamente equivocado. Sin embargo, repetimos la misma ofensa. Intercambiamos con Dios: “Rezaré un rosario todos los días si sanas a mi madre”. O: “Iré a misa todos los días si me consigues el dinero para pagar mis deudas”. Rogamos: “Haré lo que tú digas, sólo sácame de esta situación”.

Esta no es la forma en que Dios obra. Dios no es alguien con quien se puede negociar, es alguien con quien caminar. Dios no es un contador que lleva la cuenta de cuántos Avemarías y Padrenuestros recitamos antes de conceder nuestra petición. Quiere mucho más que una larga lista de actividades espirituales: nos quiere a nosotros mismos. Quiere tener una relación con nosotros.

Jesús quiere nuestra amistad. Un amigo es alguien con quien hablas, con quien compartes alegrías y tristezas. Esta es la persona a la que acudes en busca de consejo, para desahogar frustraciones, para idear grandes planes. Más que esto, un verdadero amigo es alguien que deseas en tu vida por quién es, no por lo que puede darte.

Una y otra vez, Jesús se relaciona con los fariseos y los escribas a lo largo de los evangelios. Cada encuentro es otra invitación a cambiar de opinión, a renovar la vista para poder verlo tal como es. Estaban tan concentrados en lo que pensaban que estaban buscando que se perdieron la realidad que estaba sucediendo ante sus propios ojos.

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Kate Taliaferro is an Air Force wife and mother. She is blessed to be able to homeschool, bake bread and fold endless piles of laundry. When not planning a school day, writing a blog post or cooking pasta, Kate can be found curled up with a book or working with some kind of fiber craft. Kate blogs at DailyGraces.net.

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Nothing Frightens Jesus Away / Nada le Asusta a Jesús

Two words in this Gospel are almost terrifying: Jesus “touched him.” 

We are so far removed from what leprosy signified in biblical times, that this image of Jesus stretching out his hand to touch a person whose body was consumed by the disease has no effect on us.

Lepers were the walking dead who were banished to live outside towns in caves, tents, or garbage dumps. Even breathing the same air as a leper was thought to be dangerous, since leprosy was considered highly contagious.  Leprosy consumed a person’s body, leaving stumps where fingers, hands, feet, or noses had once been. The laws dictated that lepers were to maintain a twelve-step distance from others, cover their mouths with a cloth, and cry out “unclean, unclean” to announce their presence. 

Most of us still have lingering memories of the fear we experienced with COVID-19, when being within six feet of another or breathing the same air conjured up the possibility of a painful death. We learned to stay away from others to protect ourselves and those we love.

Jesus, instead, “touched” the leper. He stepped over the imaginary line, entering into the danger zone of closeness with the leper. He got close enough to this man to smell the putrid odor of his decaying flesh. He could feel the man’s foul breath on his face. He got closer still in order to touch the body of the leper, putting his fingers into the wounds of his oozing sores. He conveyed to this man that he wanted to heal him so much that he himself was willing to risk his life, to give his life. He was close enough to look directly into the eyes of a person whose face was horrifically disfigured and perhaps even unrecognizable. And Jesus touched him.

Sometimes we may feel that we have become disfigured, unrecognizable, because of the wounds we have received in our lives and the brokenness of our own sin. And Jesus touches us. We may consider certain people in our lives “lepers” in the sense that they think, speak, or act in ways that threaten us or walk outside the path of discipleship with the Lord Jesus. And Jesus touches them.

There is no leprosy that frightens Jesus away, no disfigurement that makes him draw back. One day, when thinking of certain people in my life, wondering how they could be at peace with what they were doing, I heard God say to me this: “I know. Only I know.” Jesus touches each of us in the places of our leprosy. Each of us is known intimately and lovingly by a God unafraid to enter into our misery and walk with us on our journey to the Kingdom. 

I invite you to ask yourself in a moment of prayer today: “Jesus, what does this say about you and about me?”

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Dos palabras en este evangelio son casi aterradoras: Jesús “lo tocó”.

Estamos tan alejados de lo que significaba la lepra en los tiempos bíblicos, que esta imagen de Jesús extendiendo su mano para tocar a una persona cuyo cuerpo estaba consumido por la enfermedad no tiene ningún efecto en nosotros.

Los leprosos eran unos muertos vivientes que eran desterrados a vivir fuera de las ciudades, en cuevas, tiendas de campaña o basureros. Se pensaba que incluso respirar el mismo aire que un leproso era peligroso, ya que la lepra se consideraba altamente contagiosa. La lepra consumía el cuerpo de una persona, dejando muñones donde antes había dedos, manos, pies o narices. Las leyes dictaban que los leprosos debían mantenerse a una distancia de doce pasos de los demás, cubrirse la boca con un paño y gritar “inmundo, inmundo” para anunciar su presencia.

La mayoría de nosotros todavía tenemos recuerdos persistentes del miedo que experimentamos con el COVID-19, cuando estar a menos de dos metros de otra persona o respirar el mismo aire evocaba la posibilidad de una muerte dolorosa. Aprendimos a mantenernos alejados de los demás para protegernos a nosotros mismos y a nuestros seres queridos.

Jesús, en cambio, “tocó” al leproso. Cruzó la línea imaginaria, entrando en la zona peligrosa de cercanía con el leproso. Se acercó lo suficiente a este hombre como para oler el olor pútrido de su carne en descomposición. Podía sentir el mal aliento del hombre en su rostro. Se acercó aún más para tocar el cuerpo del leproso, metiendo los dedos en las heridas de sus llagas supurantes. Le transmitió a este hombre que quería curarlo tanto que él mismo estaba dispuesto a arriesgar su vida, a dar su vida. Estaba tan cerca que podía mirarle directamente a los ojos de una persona cuyo rostro estaba horriblemente desfigurado y tal vez incluso irreconocible. Y Jesús lo tocó.

A veces podemos sentir que somos desfigurados, irreconocibles, por las heridas que hemos recibido en nuestra vida y el quebrantamiento de nuestro propio pecado. Y Jesús nos toca. Podemos considerar a ciertas personas en nuestras vidas “leprosos” en el sentido de que piensan, hablan o actúan de maneras que nos amenazan o se salen del camino del discipulado con el Señor Jesús. Y Jesús los toca.

No hay nada que le asusta a Jesús, ni desfiguración que le haga retroceder. Un día, al pensar en ciertas personas en mi vida, preguntándome cómo podían estar en paz con lo que estaban haciendo, escuché a Dios decirme esto: “Lo sé. Sólo yo lo sé”. Jesús toca a cada uno de nosotros en los lugares de nuestra lepra. Cada uno de nosotros es conocido íntima y amorosamente por un Dios que no teme entrar en nuestra miseria y caminar con nosotros en nuestro camino hacia el Reino.

Te invito a preguntarte hoy en un momento de oración: “Jesús, ¿qué dice esto de ti y de mí?”

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Sr. Kathryn J. Hermes

Sr. Kathryn James Hermes, FSP, is an author and offers online evangelization as well as spiritual formation for people on their journey of spiritual transformation and inner healing. Website: www.touchingthesunrise.com My Books: https://touchingthesunrise.com/books/
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Feature Image Credit: Dzambel, cathopic.com/photo/21109-christ-is-risen

A Study in Contrasts / Un Estudio de los Contrastes

The story of Jeroboam and the feeding of the four thousand sets up a contrast which can help us recognize the patterns created by our fallen nature and see how trusting God can change our world view. 

Jeroboam’s actions in the first reading set a theme which is repeated throughout the book of Kings. A king rises to power. The king worries about losing his political power and corrupts the religion of the people of Israel in order to strengthen his hold on that power. (My Bible notes are very clear that such a corruption of religion; apostasy is the most grievous of sins.) 

Jeroboam doesn’t just want a separate kingdom all his own, Jeroboam wants to reinforce his kingdom by emphasizing the differences between his kingdom and those around him by setting up a separatist religion. He leads people away from God’s kingdom in order to secure his own. 

In contrast, people search out Jesus. They may not have the words to describe it, but they want what Jesus has. It’s true, many were looking toward Jesus as a military messiah who would reorder the world to their political advantage. Instead Jesus is establishing God’s kingdom on earth. He is bringing God’s love into a broken and hurting world. Rather than concerning himself with what is still needed, Jesus feeds literally thousands out of an abundance of God’s grace. 

These two stories show us the contrast between living for a kingdom of flesh and the kingdom of heaven. 

It is a guide for our everyday lives! When we live to establish our own little boundaries, to make our corner of the wide world fit our wants and needs, we too corrupt our religion, the religion of unending, undeserved, unearned love. We corrupt ourselves and our faith by placing barriers between ourselves and others. We start to have a limited view of resources and become concerned about whether or not we are receiving our fair share of the pie. But when we commit ourselves to living in God’s kingdom, we choose to trust in God’s ability to provide. We choose to live in God’s kingdom in the here and now, and recognize that heaven isn’t some far off place, but begins today. When we stop worrying about how to get there and start living like we are there, we begin to break the patterns of control we place on ourselves and the world and trust that God will provide. Food for four thousand was nothing for our God. What makes us think He can’t handle what worries us most? 

For the next few minutes, choose to trust. Take that first step to let go and let God. Then when those minutes are up, choose again. As you work your way through the day minute by minute, choosing to trust God again and again, may you be flooded with grace upon grace, with an increased capacity for love, and with a little taste of the abundance of heaven here on earth. 

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La historia de Jeroboam y la alimentación de los cuatro mil establece un contraste que puede ayudarnos a reconocer los patrones creados por nuestra naturaleza caída y ver cómo confiar en Dios puede cambiar nuestra visión del mundo.

Las acciones de Jeroboam en la primera lectura establecen un tema que se repite a lo largo del libro de Reyes. Un rey asciende al poder. Al rey le preocupa perder su poder político y corrompe la religión del pueblo de Israel para fortalecer su control sobre ese poder. (Mis notas bíblicas son muy claras en cuanto a que tal corrupción de la religión, la apostasía, es el más grave de los pecados).

Jeroboam no sólo quiere un reino separado y propio, sino que quiere reforzar su reino enfatizando las diferencias entre su reino y aquellos que lo rodean mediante el establecimiento de una religión separatista. Aleja a la gente del reino de Dios para asegurar el suyo.

En contraste, la gente busca a Jesús. Quizás no tengan palabras para describirlo, pero quieren lo que Jesús tiene. Es cierto que muchos veían a Jesús como un mesías militar que reordenaría el mundo para su ventaja política. En cambio, Jesús está estableciendo el reino de Dios en la tierra. Está trayendo el amor de Dios a un mundo quebrantado y herido. En lugar de preocuparse por lo que todavía se necesita, Jesús alimenta literalmente a miles de personas con la abundancia de la gracia de Dios.

Estas dos historias nos muestran el contraste entre vivir para un reino de carne y el reino de los cielos.

¡Es una guía para nuestra vida cotidiana! Cuando vivimos para establecer nuestros propios pequeños límites, para hacer que nuestro rincón del amplio mundo se ajuste a nuestros deseos y necesidades, también corrompemos nuestra religión, la religión del amor interminable, inmerecido y no ganado. Nos corrompemos a nosotros mismos y a nuestra fe al colocar barreras entre nosotros y los demás. Empezamos a tener una visión limitada de los recursos y a preocuparnos por si estamos recibiendo o no nuestra parte justa del pastel. Pero cuando nos comprometemos a vivir en el reino de Dios, elegimos confiar en la capacidad de Dios para proveer. Elegimos vivir en el reino de Dios aquí y ahora, y reconocemos que el cielo no está en un lugar lejano, sino que comienza hoy. Cuando dejamos de preocuparnos por cómo llegar allí y comenzamos a vivir como si estuviéramos allí, comenzamos a romper los patrones de control que ponemos sobre nosotros mismos y el mundo y confiamos en que Dios proveerá. La comida para cuatro mil no era nada para nuestro Dios. ¿Qué nos hace pensar que Él no puede manejar lo que más nos preocupa?

Durante los próximos minutos, elige confiar. Da ese primer paso para soltar el control y dejar a Dios obrar. Luego, cuando se acaben esos minutos, elige de nuevo. A medida que avance el día minuto a minuto, eligiendo confiar en Dios una y otra vez, que sea inundado de gracia sobre gracia, con una mayor capacidad de amar y con una pequeña prueba de la abundancia del cielo aquí en la tierra.

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Sheryl’s first calling is to be wife and partner to Tom, who is a candidate for the Permanent Diaconate in the Diocese of Kalamazoo. She also gets to live out her passion for teaching and learning by serving as principal at St. Therese Catholic School in Wayland, Michigan. Home is full with Carlyn, our goofy golden retriever, Lucy, our terrier mix wild child, and Mila, our very special Bernese Mountain dog. 

Feature Image Credit: Jehyun Sung, unsplash.com/photos/6U5AEmQIajg

Ephphatha! Be Opened! / ¡Effetá! ¡Abre!

The saint of the day fits with the theme of today’s readings. The Gospel Acclamation is: “Open our hearts O Lord, to listen to the words of your Son.” When I do not open my heart, I am not intentionally listening for the words of God. The psalmist tells us that when the Lord’s people do not hear His voice, He gave them to the hardness of their hearts. I do not want to get caught in this trap! I want to hear the voice of God in His word.

The Gospel records a deaf man with a speech impediment who was healed when Jesus touched his ears and tongue after spitting, groaning and saying, “Ephphatha!”. After the healing, Jesus ordered those present not to tell anyone about the miracle that had just happened. When something exciting happens, I know I have a very hard time not sharing that excitement with others, and I’m sure those present did too.

St. Apollonia, a deaconess of the Church in Alexandria during the mid third century, would have certainly shared the word of the Lord and Jesus’ teaching with those she encountered. St. Apollonia, whose feast is celebrated today, was captured and tortured because she did not renounce her faith. During the beating, all Apollonia’s teeth were broken to keep her from speaking the Truth and the Way. It is recorded that her captives built and lit a pyre.  Apollonia leapt into the flames to stay faithful to her Lord and Savior, Jesus Christ. She was consumed by flames and died a martyr. St. Apollonia is the patron saint of dentists and people with dental issues or problems of the mouth.

St. Apollonia, faithful servant of our Lord, intercede for me. Guide me to have the courage to speak the Truth and Way of Jesus in my family and community. Help me secure the grace and courage needed to bring the faith into the situations I experience in my daily life.  Amen.

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El santo del día encaja con el tema de las lecturas de hoy. La Aclamación del Evangelio es: “Abre, Señor, nuestros corazones, para que aceptemos las palabras de tu Hijo”. Cuando no abro mi corazón, no estoy escuchando intencionalmente las palabras de Dios. El salmista nos dice que cuando el pueblo del Señor no escucha Su voz, los entregaba a la dureza de sus corazones. ¡No quiero quedar atrapada en esta trampa! Quiero escuchar la voz de Dios en Su palabra.

El Evangelio registra a un hombre sordo con impedimento del habla que fue sanado cuando Jesús le tocó los oídos y la lengua después de escupir, gemir y decir: “¡Effetá!” Después de la curación, Jesús ordenó a los presentes que no contaran a nadie sobre el milagro que acababa de ocurrir. Cuando sucede algo emocionante, sé que me resulta muy difícil no compartir ese entusiasmo con los demás, y estoy seguro de que los presentes también lo hicieron.

Santa Apolonia, diaconisa de la Iglesia en Alejandría a mediados del siglo III, ciertamente habría compartido la palabra del Señor y las enseñanzas de Jesús con aquellos con quienes se encontraba. Santa Apolonia, cuya fiesta se celebra hoy, fue capturada y torturada por no haber renunciado a su fe. Durante la golpiza, a Apolonia le rompieron todos los dientes para impedirle hablar de Dios. Se registra que sus cautivos construyeron y encendieron una pira. Apolonia saltó a las llamas para mantenerse fiel a su Señor y Salvador, Jesucristo. Fue consumida por las llamas y murió mártir. Santa Apolonia es la patrona de los dentistas y de las personas con problemas dentales o bucales.

Santa Apolonia, fiel sierva de nuestro Señor, intercede por mí. Guíame para tener el valor de hablar la Verdad y el Camino de Jesús en mi familia y comunidad. Ayúdame a obtener la gracia y la valentía necesarias para llevar la fe a las situaciones que experimento en mi vida diaria. Amén.

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Beth Price is part of the customer care team at Diocesan. She is a Secular Franciscan (OFS) and a practicing spiritual director. Beth shares smiles, prayers, laughter, a listening ear and her heart with all of creation. Reach her here bprice@diocesan.com.

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Embracing Jesus’ Healing Scraps / Aceptar las Migajas Sanadores de Jesús

I want to draw our attention to two verses from Mark’s Gospel. The first, “He entered a house and wanted no one to know about it, but he could not escape notice.” Consider this subtle yet powerful statement. Does Jesus go unnoticed in your home? Are you able to ignore His presence in your life? I pray your response is now (or will be going forward) a resounding no to both of these questions. 

The other verse is a testament to the Syrophoenician woman’s faith, “Lord, even the dogs under the table eat the children’s scraps.” The scraps from Jesus are enough to heal. The very least that Jesus has to give us could transform our lives. Imagine if we embraced even a tiny bit of the blessings and graces that Jesus has to offer us — how would our lives be?  

The gifts available from heaven are abundant, so we do not need to settle for the crumbs, yet if that were all we allowed ourselves to dine upon, we’d still be filled. Our lives would not be perfect or free from those things that worry, concern, or pain us, but there would be an inner peace and hope that can only come from heavenly things. 

The woman came to Jesus prepared to be persistent, humbled, and assured. Her persistence was evident by the begging and her humility shown in addressing Him as Lord, willing to take whatever scraps He offered. She believed what He had said was done, because she left for home at His command. When was the last time I approached Jesus in that way, begging for assistance, humbled by His majesty and glory, and yet utterly sure that I would somehow receive a blessing, either the one I thought I needed or the one He knew I did? 

What is holding you back from being fed by Jesus? Do you feel unworthy of even the crumbs from His table? How can the woman’s remarkable example of faith encourage us to approach Jesus for help more often? How can this act of faith make Jesus’ presence inescapable in our hearts? 

Jesus, I believe you have so much more to offer me than I can ever accept. Lord, thank you for calling me to your banquet whether I put myself at the table for the feast or at your feet for the crumbs. Fill me with Your blessed assurance that I will never be without all I need and the grace to navigate every moment of my life.

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Quiero señalar dos versículos del Evangelio de Marcos. La primera: “Entró en una casa, pues no quería que nadie se enterara de que estaba ahí, pero no pudo pasar inadvertido“. Considere esta declaración sutil pero poderosa. ¿Jesús pasa desapercibido en tu hogar? ¿Eres capaz de ignorar Su presencia en tu vida? Espero que tu respuesta sea ahora (o a partir de este momento) un rotundo “no” a ambas preguntas.

El otro versículo es un testimonio de la fe de la mujer sirofenicia: “Sí, Señor; pero también es cierto que los perritos, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños“. Las migajas de Jesús son suficientes para sanar. Lo mínimo que Jesús tiene para darnos podría transformar nuestras vidas. Imagínate si aceptáramos aunque sea una pequeña parte de las bendiciones y gracias que Jesús tiene para ofrecernos: ¿cómo serían nuestras vidas?

Los regalos disponibles del cielo son abundantes, por lo que no tenemos que conformarnos con las migajas; sin embargo, si eso fuera todo lo que nos permitiéramos comer, todavía estaríamos llenos. Nuestras vidas no serían perfectas ni estarían libres de cosas que nos preocupan o duelen, pero habría una paz interior y una esperanza que sólo puede venir de las cosas celestiales.

La mujer vino a Jesús dispuesta a ser persistente, humillada y segura. Su persistencia fue evidente por la súplica y la humildad mostrada al dirigirse a Él como Señor, dispuesto a aceptar cualquier migaja que le ofreciera. Ella creyó que lo que dijo se había hecho realidad, porque se fue a casa por orden suya. ¿Cuándo fue la última vez que me acerqué a Jesús de esa manera, suplicando ayuda, humillado por Su majestad y gloria, y sin embargo completamente seguro de que de alguna manera recibiría una bendición, ya fuera la que pensaba que necesitaba o la que Él sabía que necesitaba?

¿Qué te impide ser alimentado por Jesús? ¿Te sientes indigno incluso de las migajas de Su mesa? ¿Cómo puede el notable ejemplo de fe de la mujer animarnos a acercarnos a Jesús en busca de ayuda más frecuentemente? ¿Cómo puede este acto de fe hacer ineludible la presencia de Jesús en nuestros corazones?

Jesús, creo que tienes mucho más que ofrecerme de lo que puedo aceptar. Señor, gracias por llamarme a tu banquete ya sea que me ponga a la mesa para el banquete o a tus pies para las migajas. Lléname con Tu bendita seguridad de que nunca estaré sin todo lo que necesito y la gracia para navegar cada momento de mi vida.

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Allison Gingras ( www.ReconciledToYou.com ) — Shares her love of the Catholic Faith with stories, laughter, and honesty as experienced in the ordinary of life! Her writing includes Encountering Signs of Faith (Ave Maria Press) and the Stay Connected Journals for Women (OSV). Allison is a Catholic Digital Media Specialist for Family Rosary, Catholic Mom, and the Fall River Diocese. She hosts A Seeking Heart podcast and is co-host of the Catholic Momcast podcast.

Feature Image Credit: Mylene2401, pixabay.com/photos/french-bulldog-dog-animal-portrait-4616507

The views and opinions expressed in the Inspiration Daily blog are solely those of the original authors and contributors. These views and opinions do not necessarily represent those of Diocesan, the Diocesan staff, or other contributors to this blog.

Purity and Peace / La Pureza y la Paz

Today is one of my sibling’s birthdays and it always brings me back to our childhood days all growing up under one roof. There were eight of us, five boys and three girls, and I always felt blessed to be the only sibling that had both older brothers and an older sister, and younger brothers and a younger sister. I was right in the middle of the line up and natural, the peacemaker and unifier of the family. 

During one particular heated discussion between my parents, I remember gathering my brothers and sisters beside me on the couch, holding hands, and singing “Peace is Flowing Like a River” at the top of my lungs to get them to stop arguing, and they soon did. We all have times of discord, but they also afford us the opportunity to find the peace that only comes from Christ. 

In today’s Gospel, there appears to be discord among Jesus’ followers as well. He just got done telling them: “Nothing that enters one from outside can defile that person; but the things that come out from within are what defile.” They were confused because they had always been taught that certain foods were unclean. How were they to change their entire way of thinking in an instant? Jesus seemed a little miffed at their lack of understanding and further explained that the malice that comes out of us from within our hearts is where true evil lies, not anything that we put into our mouths. 

Jesus makes Himself present within their discord and brings them peace. He does the same for us when we allow Him to enter our lives and the deepest recesses of our hearts. He does not want us to misunderstand Him. He wants to make everything clear to us. He does not want our hearts to be troubled. He wants us to be at peace, even amid the storms of life. 

Let us ask God to help us today and everyday to let only clean and peaceful things come from our hearts and out of our mouths. May His grace sustain us and aid us on our path to holiness. 

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Hoy es el cumpleaños de mi hermano y siempre me recuerda a nuestra infancia, todos creciendo bajo el mismo techo. Éramos ocho, cinco niños y tres niñas, y siempre me sentí bendecida de ser la única hermana que tenía hermanos mayores y una hermana mayor, y hermanos menores y una hermana menor. Yo caía justo en el medio de todos y naturalmente era la pacificadora y la unificadora de la familia.

Un día, durante una acalorada discusión entre mis padres, recuerdo haber reunido a mis hermanos y hermanas a mi lado en el sofá, nos tomamos de la mano y cantamos “La paz fluye como un río” a todo pulmón para que dejaran de discutir, y pronto así fue. Todos pasamos por momentos de discordia, pero también nos brindan la oportunidad de encontrar la paz que solo viene de Cristo.

En el Evangelio de hoy parece haber discordia también entre los seguidores de Jesús. Just les acaba de decir: “Nada que entre de fuera puede manchar al hombre; lo que sí lo mancha es lo que sale de dentro”. Estaban confundidos porque siempre les habían enseñado que ciertos alimentos eran impuros. ¿Cómo iban a cambiar toda su forma de pensar en un solo instante? Jesús pareció un poco molesto por su falta de comprensión y explicó además que la malicia que sale de nuestro corazón es donde reside el verdadero mal, no cualquier cosa que metemos a la boca.

Jesús se hace presente en medio de su discordia y les trae la paz. Y hace lo mismo por nosotros cuando le permitimos entrar en nuestras vidas y en lo más profundo de nuestro corazón. No quiere que lo malinterpretemos. Quiere dejarnos todo claro. No quiere que nuestros corazones se turben. Quiere que estemos en paz, incluso en medio de las tormentas de la vida.

Pidamos a Dios que nos ayude hoy y todos los días a dejar que de nuestro corazón y de nuestra boca salgan sólo cosas puras y pacíficas. Que Su gracia nos sostenga y nos ayude en nuestro camino hacia la santidad.

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Tami Urcia grew up in Western Michigan, a middle child in a large Catholic family. She spent early young adulthood as a missionary in Mexico, studying theology and philosophy, then worked and traveled extensively before finishing her Bachelor’s Degree in Western Kentucky. She loves tackling projects, finding fun ways to keep her little ones occupied, quiet conversation with the hubby and finding unique ways to love. She works full time, is a guest blogger on CatholicMom.com and BlessedIsShe.net, and has been doing Spanish translations on the side for over 20 years.

Shhh…Enjoy the Silence / Shhh…Disfruta el Silencio

Jesus’ words in Mark 7:6-8 are particularly applicable today. We live in a time where the sounds of man are abundant. On any news channel or media outlet we are accosted with what man says we should believe or not believe. The world is noisy. The voices are loud and as we know from the book of Kings, God’s voice is a still, small one (1 Kings 19:11-12). 

Jesus reminds the scribes and Pharisees of Isaiah’s prophecy of people worshiping God in vain and teaching the ideas of men as doctrine. We see this today in the redefinition of marriage, the false gender fluidity ideology, and the many Catholics who are pro-choice. These beliefs are not only of men but of the evil one.

God has taught us differently but his voice is drowned out in the cacophony. How do we hear this quiet voice speaking truth and love? We have to be intentional about turning away and turning off. Our smartphones can be a great and helpful tool but also a noisy box of distraction. We need to put them away, turn off the TV and radio, and be present to the voice of our Father who very much wants to share his plans of goodness for us. 

Be ok with the quiet. Enjoy the silence and be restored by the Word of God. 

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Las palabras de Jesús en Marcos 7,6-8 son particularmente aplicables hoy. Vivimos en una época donde los sonidos del hombre abundan. En cualquier canal de noticias o medio de comunicación nos abordan lo que el hombre dice que debemos creer o no creer. El mundo es ruidoso. Las voces son fuertes y, como sabemos por el libro de Reyes, la voz de Dios es suave y delicada (1 Reyes 19,11-12).

Jesús recuerda a los escribas y fariseos la profecía de Isaías sobre la gente que adora a Dios en vano y enseña las ideas de los hombres como doctrina. Vemos esto hoy en la redefinición del matrimonio, la falsa ideología de la fluidez de género y los muchos católicos que están a favor del derecho a decidir en cuanto al aborto. Estas creencias no son sólo de los hombres sino del maligno.

Dios nos ha enseñado diferente pero su voz se ahoga en la cacofonía. ¿Cómo escuchamos esta voz suave que habla verdad y amor? Tenemos que ser intencionales al dar la vuelta y apagar los aparatos. Nuestros teléfonos pueden ser una herramienta excelente y útil, pero también una ruidosa caja de distracción. Hay que dejarlos a un lado, apagar la televisión y la radio y estar presentes a la voz de nuestro Padre que tiene muchas ganas de compartir sus planes de bondad para con nosotros.

Esté tranquilo con el silencio. Disfruta del silencio y sé restaurado por la Palabra de Dios.

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Merridith Frediani loves words and is delighted by good sentences. She also loves Lake Michigan, dahlias, the first sip of hot coffee in the morning, millennials, and playing Sheepshead with her husband and three kids. She writes for Catholic Mom, Diocesan.com, and her local Catholic Herald. Her first book Draw Close to Jesus: A Woman’s Guide to Adoration is available at Our Sunday Visitor and Amazon. You can learn more at merridithfrediani.com.

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What’s in an Invitation? / ¿Qué Contiene Una Invitación?

If you’ve ever volunteered in a parish, you know that a challenge in ministry is just getting people across the threshold of the church. I frequently encounter generous volunteers, who have lovingly planned beautiful events, express their disappointment, and even bewilderment, at a low turnout. The lament goes something like, “We advertised in the bulletin. Everyone knew about it. Why didn’t people come?” 

If I could teach every parish in the world one thing about inviting people in, it would be this:  parish bulletin announcements are not sufficient invitations.  

Invitations act. Invitations accompany. Invitations love. 

Today’s Gospel reading from Mark has a lot to teach about invitation. Mark 6 presents to us several of Jesus’ famous miracles: feeding the five thousand; walking on water; and today’s reading of Jesus healing people by simply touching the tassel on his cloak.

Notice the way that people bring their sick ones to Jesus. People “scurried about the surrounding country” (Mk 6:55). They carried their sick to Jesus on mats (6:55), and they laid their friends and family within arm’s reach of our Lord, close enough to touch his cloak. 

When we invite people to a parish event, some people are eager to attend, but some, like the sick in today’s Gospel, may feel some kind of barrier between themselves and our Lord. Some people may be afraid to reengage in a parish because of past hurts, some may feel shame because of a circumstance in their past, some may simply feel too shy to walk through the door alone. These people may read an announcement in a bulletin but for whatever reason cannot respond unaided by brothers and sisters in Christ. 

This is why invitations act. When we invite people into our parish, we have to go to where they are to make the invitations. Scurry to the countryside. Invitations accompany. Notice that each of the people who were healed by Jesus were brought to Jesus by someone. When we offer someone a ride to an event or help a newcomer find people to sit with, we are walking a path of accompaniment together toward Christ. Finally, invitations love. When we extend an invitation, we’re not merely making a written announcement in a bulletin or giving a verbal announcement at the end of Mass when people are itching to scurry out the door, we are extending Christ’s love in our community and inviting people to encounter Love Himself. 

Is there someone in your life who needs your authentic, active, accompanying, loving invitation? Walk with that person today. 

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Si alguna vez has sido voluntario en una parroquia, sabes que un desafío en el ministerio es simplemente lograr que la gente cruce el umbral de la iglesia. Con frecuencia me encuentro con voluntarios generosos, que han planeado con amor hermosos eventos, expresar su decepción e incluso su desconcierto ante la baja participación. Su lamento es algo como: “Hicimos publicidad en el boletín. Todo el mundo lo sabía. ¿Por qué no vino la gente?

Si pudiera enseñar algo a cada parroquia del mundo sobre invitar a la gente, sería esto: los anuncios en los boletines parroquiales no son invitaciones suficientes.

Las invitaciones requieren acción. Las invitaciones requieren acompañamiento. Las Invitaciones requieren amor.

La lectura del Evangelio de hoy según Marcos tiene mucho que enseñar sobre la invitación. Marcos 6 nos presenta varios de los famosos milagros de Jesús: alimentar a los cinco mil; caminar sobre el agua; y la lectura de hoy de Jesús que sana a la gente por el simple hecho de tocar la borla de su manto.

Observe la forma en que la gente lleva a sus enfermos a Jesús. La gente “de toda aquella región acudían a él” (Mc 6,55). Llevaron a sus enfermos a Jesús en camillas (6:55), y pusieron a sus amigos y familiares al alcance de nuestro Señor, lo suficientemente cerca como para tocar su manto.

Cuando invitamos a personas a un evento parroquial, algunas personas están ansiosas por asistir, pero otras, como los enfermos en el Evangelio de hoy, pueden sentir algún tipo de barrera entre ellos y nuestro Señor. Algunas personas pueden tener miedo de volver a participar en una parroquia debido a heridas del pasado, otras pueden sentir vergüenza por una circunstancia de su pasado, otras simplemente pueden sentirse demasiado tímidas para cruzar la puerta solas. Estas personas pueden leer un anuncio en un boletín pero, por alguna razón, no pueden responder sin la ayuda de hermanos y hermanas en Cristo.

Por eso, las invitaciones requieren acción. Cuando invitamos a personas a nuestra parroquia, tenemos que salir a su encuentro para hacer las invitaciones. Corre al campo. Las invitaciones requieren acompañamiento. Toma en cuenta que cada una de las personas que fueron sanadas por Jesús fueron llevadas a Jesús por alguien. Cuando ofrecemos a alguien llevarlo a un evento o ayudamos a un recién llegado a encontrar personas con quienes sentarse, estamos recorriendo juntos un camino de acompañamiento hacia Cristo. Por último, las invitaciones requieren amor. Cuando extendemos una invitación, no estamos simplemente haciendo un anuncio escrito en un boletín o dando un anuncio verbal al final de la Misa cuando la gente está ansiosa por salir corriendo por la puerta, estamos extendiendo el amor de Cristo en nuestra comunidad e invitando a la gente a encontrarse con el Amor mismo.

¿Hay alguien en tu vida que necesita tu invitación auténtica, activa, acompañante y amorosa? Camina con esa persona hoy.

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Elizabeth Tomlin is the author of Joyful Momentum: Building and Sustaining Vibrant Women’s Groups and contributing author to the Ave Prayer Book for Catholic Mothers. She is General Counsel for the Archdiocese for the Military Services, USA. Elizabeth is an Army wife and mother of three and currently lives in the DC area. She blogs at JoyfulMomentum.org or @elizabethannetomlin on social media.

Feature Image Credit: RobertCheaib, pixabay.com/photos/dinner-jesus-emmaus-eucharist-3755204/

Everyone is Searching For You / Todos Te Están Buscando

Ten years ago, I gave birth to our oldest son who was stillborn, but it feels like yesterday. It happened unexpectedly, without warning. At the time I thought I would never recover. How could I, as a mother, or wife, or human being? 

God often uses painful & difficult circumstances to get our attention. C.S. Lewis wrote, “God whispers to us in our pleasures, speaks in our consciences, but shouts in our pains. It is his megaphone that rouses a deaf world.” Our Lord had a passionate concern for the sick, the suffering, and the dying. 

When others are sick we tend to ask why. It is through suffering that God’s mercy and compassion are often the most paramount. In Dying with Dignity, St. John Paul II declares that “In our own time, Christ continues his mission, and his preference for the vulnerable, through his Church.” He described the Church as “a patient advocate, working to ensure proper care for the sick and dying by promoting respect for their dignity. The Church is physician and nurse, the Good Samaritan who treats the wounded and abandoned and never walks by.”

Today, my husband and I have children here on earth who live on to further our faith in Christ both in happy and difficult times. They are a sign of renewal. I have learned the hard way that we are not owed anything in life, whether it be a loving spouse, child, home, or health. These are all gifts from the Almighty, which He can give and take as only He understands. 

The Gospel passage of Simon’s mother-in-law teaches a similar lesson about faith. Through Christ’s intervention for the sick, others come to search for Him and pursue Him. How blessed we are to serve as witnesses to Christ’s love for the world through His glorious healing power!

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Hace diez años di a luz a nuestro hijo mayor, que nació muerto, pero parece que fue ayer. Sucedió inesperadamente, sin previo aviso. En ese momento pensé que nunca me iba a recuperar. ¿Cómo podría yo, como madre, esposa o ser humano?

Dios a menudo utiliza circunstancias dolorosas y difíciles para llamar nuestra atención. C.S. Lewis escribió: “Dios nos susurra en nuestros placeres, nos habla en nuestras conciencias, pero grita en nuestros dolores. Es su megáfono el que despierta a un mundo sordo”. Nuestro Señor tenía una preocupación apasionada por los enfermos, los que sufrían y los moribundos.

Cuando otros están enfermos tendemos a preguntar por qué. Es a través del sufrimiento que la misericordia y la compasión de Dios suelen ser más primordiales. En Morir con Dignidad, San Juan Pablo II declara que “en nuestro tiempo, Cristo continúa su misión y su preferencia por los vulnerables, a través de su Iglesia”. Describió a la Iglesia como “una defensora de los pacientes, que trabaja para garantizar una atención adecuada a los enfermos y moribundos promoviendo el respeto a su dignidad. La Iglesia es médico y enfermera, el buen samaritano que trata a los heridos y abandonados y nunca pasa de largo”.

Hoy, mi esposo y yo tenemos hijos aquí en la tierra que viven para promover nuestra fe en Cristo tanto en tiempos felices como difíciles. Son un signo de renovación. He aprendido por las malas que no se nos debe nada en la vida, ya sea un cónyuge amoroso, un hijo, un hogar o la salud. Todos estos son regalos del Todopoderoso, que Él puede dar y recibir como sólo Él entiende.

El pasaje evangélico de la suegra de Simón enseña una lección semejante sobre la fe. A través de la intervención de Cristo por los enfermos, otros vienen a buscarlo y perseguirlo. ¡Cuán bendecidos somos de servir como testigos del amor de Cristo por el mundo a través de su glorioso poder sanador!

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Dr. Alexis Dallara-Marsh is a board-certified neurologist who practices in Bergen County, NJ. She is a wife to her best friend, Akeem, and a mother of two little ones on Earth and two others in heaven above.

Feature Image Credit: Hush Naidoo Jade Photography, unsplash.com/photos/yo01Z-9HQAw