A Table For Who? / ¿Una Mesa para Quién?

I always love when Jesus sits down to a meal because it means that something good is about to happen or that He is about to say something important. Same goes for today’s Gospel. 

However, today, I want to focus on the action of sitting down to a meal and less on the words that Jesus spoke (at least for the sake of this reflection). It’s significant that Jesus sat down to dine at the home of one of the leading Pharisees. Let’s not forget that the Pharisees were one of the groups of religious leaders trying to take down Jesus. So why would He go dine in one of their houses, let alone that of one of their leaders? 

The act of sitting down to a meal with someone is an act of sharing across multiple levels. If you cook a meal for someone, you are sharing your own food with them. Even if you buy someone dinner at a restaurant, you are sharing your hard-earned money with them. At the heart of it all is a sharing of your time, which may be one of the most valued assets in society today. And at an even deeper level, it is a sharing of your very self, through the gift of your presence, your body language, your shared conversation and whatever level of relationship you have with the other person. 

Coming back to the Gospel, Jesus is sharing His very Self with the Pharisees. His presence at the meal indicates that all are invited to be in relationship with Him, including His religious and political enemies. His words and His teachings are not just meant for his disciples and friends, they are meant for all. 

There are two good lessons I think we can learn from Jesus’ simple action of sitting down to eat with the Pharisees, one about mercy and one about evangelization. First, Jesus ate with His enemies. No matter what we’ve done or how far we’ve strayed or how poorly we might have treated Christianity in the past, Jesus wants to sit down and eat with us too. His goodness and His mercy are for everyone, including us. Second, if you want to share the good news about the Lord, consider doing it over a meal. There’s something about the honesty and vulnerability that takes place while sitting down together and sharing food. 

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Siempre me encanta cuando Jesús se sienta a comer porque significa que algo bueno va a suceder o que está apunto de decir algo importante. Lo mismo ocurre en el Evangelio de hoy.

Sin embargo, hoy quiero centrarme en la acción de sentarse a comer y menos en las palabras que dijo Jesús (al menos por el bien de esta reflexión). Es significativo que Jesús se sentó a cenar en la casa de uno de los fariseos principales. No podemos olvidar que los fariseos eran uno de los grupos de líderes religiosos que intentaban derribar a Jesús. Entonces, ¿por qué iría a cenar a una de sus casas, y mucho menos a la de uno de sus líderes?

El acto de sentarse a comer con alguien es un acto de compartir en múltiples niveles. Si cocinas una comida para alguien, estás compartiendo tu propia comida con ellos. Incluso si invitas a alguien a cenar en un restaurante, estás compartiendo el dinero que tanto te costó ganar con ellos. En el centro de todo está el hecho de compartir su tiempo, que podría ser una de las cosas más valiosas en la sociedad actual. Y a un nivel aún más profundo, es un compartir de ti mismo, a través del don de tu presencia, tu lenguaje corporal, tu conversación compartida y cualquier nivel de relación que tengas con la otra persona.

Volviendo al Evangelio, Jesús está compartiendo Su propio Ser con los fariseos. Su presencia en la comida indica que todos están invitados a tener una relación con Él, incluyendo sus enemigos religiosos y políticos. Sus palabras y sus enseñanzas no están destinadas solo a sus discípulos y amigos, sino a todos.

Hay dos lecciones muy buenas que podemos aprender de la simple acción de Jesús de sentarse a comer con los fariseos, una sobre la misericordia y otra sobre la evangelización. Primero, Jesús comió con sus enemigos. No importa lo que hayamos hecho o lo lejos que nos hayamos desviado o que tan mal hayamos tratado al cristianismo en el pasado, Jesús también quiere sentarse a comer con nosotros. Su bondad y Su misericordia son para todos, incluyendo nosotros. Segundo, si deseas compartir la buena nueva del Señor, considera hacerlo durante una comida. Se encuentra algo en la honestidad y la vulnerabilidad que ocurre al sentarse juntos y compartir la comida.

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Erin is a Cleveland native and graduate of Franciscan University of Steubenville. She is passionate about the Lord Jesus, all things college sports and telling stories and she is blessed enough to get paid for all three of her passions as a full-time youth minister and a freelance sports writer.

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Step Up to the Plate / Anímate a Servir

“The harvest is abundant but the laborers are few; so ask the master of the harvest to send out laborers for his harvest.”

This line from today’s Gospel perfectly sums up one of the biggest struggles in the Church today: the harvest is plenty but the laborers are few. The need is so great in our pews and among our congregations, yet there are so few of us – clergy, paid pastoral staff and lay volunteers alike – to serve all the needs of all our parishioners. We do as much as humanly possible but we always have the longing and the desire to do more. 

The programs and ministries are there. The desire is there. The demand is there. You even have the necessary ministry leads and program coordinators. But there is something missing. A full team with widespread gifts and talents that can be nurtured and cultivated and used to their maximum potential for the good of the parish and the glory of God’s Kingdom. 

We all have tremendous gifts and talents, which were gifted to us by God to give Him glory and build up His Kingdom. These gifts are as different as we are and, even if some of us have the same gifts, we utilize them in different ways. Some of us are beyond hospitable and have no problem striking up a conversation with new parishioners and welcoming them to the community. Others are incredibly wise and, following the guidance of the Holy Spirit, always know what to say in difficult or confusing situations. Still others are ridiculously talented at administration and logistics to keep everything running smoothly. 

Every parish across the world needs these gifts, your gifts! Think of how many more lives could be impacted, including your own, if our churches were bursting to the brim with parishioners eager and equipped to use their gifts, the things they already love and do well in this world, in service to others. 

Maybe you already know what your gifts are and have an idea of where best to use them? Great! I encourage you to contact someone at your parish and have a discussion about getting involved in some sort of ministry. “But what if they don’t have a ministry like this?” God may in fact be asking you to start something from the ground up at your parish, and you probably aren’t the only one looking for it. Your openness and desire to serve would have a large outreach and would be a tremendous blessing to others. 

If you don’t know what gifts or talents you have that could be of service to the Church, there are many great resources available like spiritual gifts inventories or charism discernments to help get things started. Your church needs you. Our Church needs you. I pray, please answer the call. All of the parishes across the world will be so much better for it. 

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“La cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos.”

Esta línea del Evangelio de hoy resume a la perfección una de las mayores luchas de la Iglesia actual: la mies es mucha pero los obreros pocos. La necesidad es tan grande en nuestras bancas y entre nuestras congregaciones, sin embargo, hay muy pocos de nosotros – clérigos, personal pastoral pagado y voluntarios laicos por igual – para atender todas las necesidades de todos nuestros feligreses. Hacemos todo lo humanamente posible, pero siempre tenemos el anhelo y el deseo de hacer más.

Los programas y ministerios están ahí. El deseo está ahí. La demanda está ahí. Incluso tiene los líderes ministeriales y los coordinadores de programas necesarios. Pero falta algo. Un equipo completo con dones y talentos generalizados que se pueden nutrir, cultivar y utilizar al máximo de su potencial para el bien de la parroquia y la gloria del Reino de Dios.

Todos tenemos tremendos dones y talentos, los cuales nos fueron dados por Dios para darle gloria y edificar Su Reino. Estos dones son tan diferentes como nosotros y, aunque algunos de nosotros tengamos los mismos dones, los utilizamos de diferentes maneras. Algunos de nosotros somos más que hospitalarios y no tenemos problemas para entablar una conversación con nuevos feligreses y darles la bienvenida a la comunidad. Otros son increíblemente sabios y, siguiendo la guía del Espíritu Santo, siempre saben qué decir en situaciones difíciles o confusas. Aún otros son ridículamente talentosos en administración y logística para mantener todo funcionando sin problemas.

Todas las parroquias del mundo necesitan estos dones, ¡sus dones! Piense en cuántas vidas más podrían verse afectadas, incluida la suya, si nuestras iglesias rebosaran de feligreses ansiosos y equipados para usar sus dones, las cosas que ya aman y hacen bien en este mundo, en servicio a los demás.

¿Quizás ya sabes cuáles son tus dones y tienes una idea de dónde usarlos mejor? ¡Excelente! Los animo a ponerse en contacto con alguien en su parroquia y conversar acerca de involucrarse en algún tipo de ministerio. “Pero, ¿y si no tienen un ministerio como este?” De hecho, Dios puede estar pidiéndole que comience algo desde cero en su parroquia, y probablemente no sea el único que lo está buscando. Su apertura y deseo de servir tendría un gran alcance y sería una gran bendición para los demás.

Si no sabe qué dones o talentos tiene que podrían ser útiles para la Iglesia, hay muchos recursos excelentes disponibles, como inventarios de dones espirituales o discernimientos de carisma para ayudar a que todo comience. Tu iglesia te necesita. Nuestra Iglesia te necesita. Reza, por favor contesta la llamada. Todas las parroquias de todo el mundo serán mucho mejores gracias a ello.

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Erin is a Cleveland native and graduate of Franciscan University of Steubenville. She is passionate about the Lord Jesus, all things college sports and telling stories and she is blessed enough to get paid for all three of her passions as a full-time youth minister and a freelance sports writer.

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We Are Family / Somos una Familia

*** This reflection was reposted by Diocesan Archives. ***

“My mother and my brothers are those who hear the word of God and act on it.”

Today’s Gospel offers us a reminder about the universality of the Church, that all are welcomed into God’s family.

Jesus was surrounded by a large crowd, so much so that the ones whom Jesus loved, his mother and his “brothers” (also used for nephews, nieces, cousins, half-brothers and half-sisters) could not get to Him. Someone passed along the news that Jesus’ loved ones were waiting for Him and Jesus responded with the above.

With His response, Jesus said that all who were in the crowd were his mother and his brothers as they were the ones hearing His word and being moved to action. The crowd wasn’t taking the place of the Blessed Mother and His loved ones but, in essence, the crowd was becoming part of Jesus’ family.

God created each and every one of us to be a part of His heavenly family, and the entirety of salvation history, from Adam and Eve culminating all the way up to the New Covenant and the person of Jesus Christ, is the story of God working to bring us into His family fold.

Here, Jesus is saying that being a part of His family, God’s family, is more than just the physical bond of flesh and blood. Rather, it’s about obedience to God’s word.

This is a constant theme in the Gospels. Just a few chapters later in Luke, a woman calls out to Jesus, proclaiming that His mother Mary is blessed (11:28). Jesus responds here similarly, “Rather, blessed are those who hear the word of God and observe it.”

Brothers and sisters in Christ, in order to fully be a member of God’s family, we must take a hard look at ourselves. Have we heard the word of God and heeded and obeyed it? Or are we hearing the word of the world and following that instead?

Dive deep into the Word of God in Scripture. Listen to the Word of God in prayer. Take it, internalize it and then proceed to action.

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“Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica”.

El Evangelio de hoy nos ofrece un recordatorio sobre la universalidad de la Iglesia, que todos son bienvenidos a la familia de Dios. 

Jesús estaba rodeado por una gran multitud, tanto que aquellos a quienes Jesús amaba, su madre y sus “hermanos” (también usados ​​para sobrinos, sobrinas, primos, medios hermanos y medias hermanas) no podían llegar a Él. Alguien pasó la noticia de que los seres queridos de Jesús lo estaban esperando y Jesús respondió con lo anterior.

Con su respuesta, Jesús dijo que todos los que estaban en la multitud eran su madre y sus hermanos, ya que eran los que escuchaban su palabra y se movían a la acción. La multitud no estaba tomando el lugar de la Santísima Madre y Sus seres queridos sino que, en esencia, la multitud se estaba convirtiendo en parte de la familia de Jesús.

Dios creó a todos y cada uno de nosotros para ser parte de Su familia celestial, y la historia de la salvación en su totalidad, desde Adán y Eva culminando hasta la Nueva Alianza y la persona de Jesucristo, es la historia de Dios obrando para traernos a Su redil familiar.

Aquí, Jesús está diciendo que ser parte de Su familia, la familia de Dios, es más que solo el vínculo físico de carne y sangre. Más bien, se trata de la obediencia a la palabra de Dios.

Este es un tema constante en los Evangelios. Solo unos pocos capítulos más adelante en Lucas, una mujer llama a Jesús, proclamando que Su madre María es bendita (11:28). Jesús responde aquí de manera similar: “Más bien, bienaventurados los que oyen la palabra de Dios y la guardan”.

Hermanos y hermanas en Cristo, para ser plenamente miembros de la familia de Dios, debemos examinarnos detenidamente. ¿Hemos oído la palabra de Dios y le hemos prestado atención y obediencia? ¿O estamos escuchando la palabra del mundo y la seguimos?

Sumérgete profundamente en la Palabra de Dios en las Escrituras. Escuche la Palabra de Dios en la oración. Tómelo, internalícelo y luego proceda a la acción.

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Ready, Set, Then What? / ¿Listos? ¿Y Ahora Qué?

Readiness is a concept which we willingly embrace in life, yet we give very little thought to. If you really stop and think about it, how many times a day do we have to get ready or be ready for something? You have a morning routine in which you get ready for your day. You prepare for a big project or important meeting at work because you have to be ready. Heck, you even have to get ready for dinner because prepared food doesn’t just magically appear on the table. 

We have to be ready … in our daily lives and especially in our spiritual lives. The latter is the theme that is tackled in today’s readings. 

The First Reading speaks about conduct and how we should carry ourselves. St. Paul refers to all the instructions that the Thessalonians have received from Jesus Himself. We have the same instructions ourselves and we can find them in things like the Beatitudes, the two greatest commandments and more. 

When we follow His commandments and pursue His will, we will find ourselves ready for when Jesus comes again. We will not be like the foolish virgins who let the oil in their lamps go out and were unprepared to meet the bridegroom. Because it is true, we do not know the day or the hour when Christ will come again, although many will try their hardest to predict it. 

How do we prepare ourselves, then? How do we stay ready? As I already mentioned, we must follow the teachings that Jesus has given us. That’s easier said than done, though. Another way to stay ready in the spiritual life is to be aware of and willingly admit when we’ve fallen short. We do that through the Sacrament of Reconciliation. 

Church precepts ask us to confess our sins at least once a year; however, there is no better way to be ready in the spiritual life than to take up a habit of regular confession. Even when we are free of serious, mortal sin, there is beauty in clearing out the muck of the venial sins in our life. Timelines of regular confession look different for each person depending on their state in life. 

So get ready, get set. Jesus Christ will come again. Will you be ready to meet Him?

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La preparación es un concepto que adoptamos voluntariamente en la vida, pero en el que pensamos muy poco. Si realmente te detienes a pensarlo, ¿cuántas veces al día tenemos que prepararnos o estar listos para algo? Tienes una rutina matutina en la que te preparas para tu día. Te preparas para un gran proyecto o una reunión importante en el trabajo porque tienes que estar listo. Incluso tienes que prepararte para la cena porque la comida preparada no aparece mágicamente en la mesa.

Tenemos que estar preparados… en nuestra vida diaria y especialmente en nuestra vida espiritual. Este último es el tema que se aborda en las lecturas de hoy.

La primera lectura habla de la conducta y de cómo debemos comportarnos. San Pablo se refiere a todas las instrucciones que los tesalonicenses han recibido del mismo Jesús. Nosotros mismos tenemos las mismas instrucciones y podemos encontrarlas en cosas como las Bienaventuranzas, los dos grandes mandamientos y más.

Cuando seguimos Sus mandamientos y buscamos Su voluntad, estaremos listos para cuando Jesús regrese. No seremos como las vírgenes insensatas que dejaron apagar el aceite de sus lámparas y no estaban preparadas para recibir al novio. Porque es verdad, no sabemos el día ni la hora en que Cristo vendrá de nuevo, aunque muchos se esforzarán por predecirlo.

¿Entonces cómo nos preparamos? ¿Cómo nos mantenemos listos? Como ya mencioné, debemos seguir las enseñanzas que Jesús nos ha dado. Sin embargo, es más fácil decirlo que hacerlo. Otra forma de estar listo en la vida espiritual es ser consciente y admitir de buena gana cuando nos hemos quedado cortos. Lo hacemos a través del Sacramento de la Reconciliación.

Los preceptos de la Iglesia nos piden que confesemos nuestros pecados al menos una vez al año; sin embargo, no hay mejor manera de estar preparados en la vida espiritual que adquirir el hábito de la confesión regular. Incluso cuando estamos libres de pecados mortales graves, hay belleza en limpiar la suciedad de los pecados veniales en nuestra vida. Los plazos de la confesión regular pueden ser diferentes para cada persona según su estado de vida.

Así que prepárate y ponte listo. Jesucristo vendrá de nuevo. ¿Vas a estar listo para encontrarte con Él?

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Feature Image Credit: Braden Collum, unsplash.com/photos/9HI8UJMSdZA

Being Present in Prayer / Estar Presente en la Oración

“I pray better when I’m at church.”

How many times have you heard someone say that? Or, better yet, how many times have you said that yourself? I know I’m guilty. I tend to pray so much better when I’m at my parish than when I am home. 

Oftentimes, that becomes my excuse as to why I don’t pray well at home (or even at all). It makes enough sense. At my parish, I have access to an open church, to Jesus in the tabernacle, to a bunch of sacramentals, to coworkers who are all working in the same mission field and other things that help draw in and focus my attention much more than when I’m at home. I don’t like to take those things for granted, so I do make an extra effort to spend more time in prayer when I’m at work. 

I can see some parallels to today’s First Reading, where the Israelites would go to the meeting tent in order to consult with the Lord, as if that were the only place they could commune with Him. 

However, we know that our God is all-powerful and all-present. We don’t have to only go to church in order to talk to Him, which is what we do in prayer. He is present to us at all times and in all places and He always wants to hear from us. Our prayer should not be (and is not) limited to the time we spend in our physical church building or anywhere else on our church property. 

I need this reminder myself, so I hope it will resonate with some of you all too. Seek the Lord wherever you are and speak to Him there. He wants to hear your heart always, not just when you step inside the four walls of your church. 

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“Rezo mejor cuando estoy en la iglesia”.

¿Cuántas veces has escuchado a alguien decir eso? O, mejor aún, ¿cuántas veces lo has dicho tú mismo? Por lo menos yo sí soy culpable. Tiendo a rezar mucho mejor cuando estoy en mi parroquia que cuando estoy en casa.

A menudo, eso se convierte en una excusa de por qué no rezo bien en casa (o ni rezo). Tiene bastante sentido. En mi parroquia tengo acceso a una iglesia abierta, a Jesús en el tabernáculo, a un montón de sacramentales, a compañeros de trabajo que están todos trabajando en el mismo campo misionero y otras cosas que ayudan a atraer y enfocar mi atención mucho más que cuando estoy en casa. No me gusta dar esas cosas por hecho, así que hago un esfuerzo adicional para pasar más tiempo en oración cuando estoy en el trabajo.

Puedo ver algunos paralelos con la Primera Lectura de hoy, donde los israelitas iban a la tienda de reunión para consultar con el Señor, como si ese fuera el único lugar donde podían estar en comunión con Él.

Sin embargo, sabemos que nuestro Dios es todopoderoso y omnipresente. No tenemos que ir solamente a la iglesia para hablar con Él, que es lo que hacemos en la oración. Él está presente para nosotros en todo momento y en todo lugar y siempre quiere saber de nosotros. Nuestra oración no debe estar (y no está) limitada al tiempo que pasamos en el edificio físico de nuestra iglesia o en cualquier otro lugar de la propiedad de nuestra iglesia.

Yo mismo necesito este recordatorio, así que espero que resuene con algunos de ustedes también. Busquen al Señor dondequiera que estén y háblenle allí. Él quiere escuchar tu corazón siempre, no solo cuando entras dentro de las cuatro paredes de tu iglesia.

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Lessons from a Centurion / Las Lecciones de un Centurión

For the first 10 years of my education, I was a Centurion. My grade school’s nickname was Centurion. Now, when I was in grade school, I didn’t entirely understand what a centurion was. To me, it was a weird nickname (plus, centurion was really difficult to spell, which is a major problem when you are a cheerleader). Anyways, I always wished my school could have had a different nickname. It didn’t matter what, as long as it was different. 

It wasn’t until I got older and became more knowledgeable about the faith that I understood the significance of a centurion. Not just any centurion, though, but one particular centurion, who we hear about in today’s Gospel. 

Centurions were military officers who commanded 100 men. They were used to wielding power and authority. They also feared Jesus, thinking that His coming as the Messiah was more about politics and earthly power than mercy and forgiveness and that He was going to overthrow those who had suppressed the Israelites for so long. So it was a major act of faith for the centurion to even approach Jesus.

Notice how the centurion doesn’t even initially ask Jesus to heal his servant, only makes Him aware of the situation. It is only after Jesus states His intentions to come and cure the servant that the centurion makes such a declaration of faith, “Lord, I am not worthy to have you enter under my roof; only say the word and my servant shall be healed.” He believes that the power of Jesus’ words are enough. Not only enough but everything that the servant needs. What a display of faith! Even Jesus is impressed by the centurion’s faith, saying He hasn’t seen that level of faith in Israel. 

Now, we say these same words every time we are at Mass, “Lord, I am not worthy that you should enter under my roof but only say the word and my soul shall be healed.” When we say these words, are we really taking them to heart? Do we believe that, by the Word of Jesus, everything will be given to us? Does our faith rise to the level of the centurion’s? 

With this Gospel passage in mind, now I look back on my grade school years and say that I am proud to have been a Centurion. And I hope that I can continue to be a centurion in the way I live out and publicly profess my faith. 

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Durante los primeros 10 años de mi educación, fui una Centurión. El apodo de mi escuela primaria era Centurión aunque cuando estaba estudiando allí no entendía del todo lo que era un centurión. Para mí, era un apodo extraño (además, centurión era muy difícil de deletrear, lo cual es un gran problema cuando eres porrista) y siempre quise que mi escuela tuviera un apodo diferente. No importaba qué, con que era algo diferente.

Recién cuando era un poco mayor y conocía más la fe que entendí mejor el significado de un centurión. Sin embargo, no cualquier centurión, sino un centurión en particular, del que escuchamos en el Evangelio de hoy.

Los centuriones eran oficiales militares que mandaban a 100 hombres. Estaban acostumbrados a ejercer el poder y la autoridad. También temían a Jesús, pensando que Su venida como el Mesías se trataba más de política y poder terrenal que de misericordia y perdón y que iba a derrocar a aquellos que habían reprimido a los israelitas durante tanto tiempo. Así que fue un gran acto de fe para el centurión incluso acercarse a Jesús.

Vemos que el centurión ni siquiera le pide inicialmente a Jesús que sane a su siervo, solo lo hace consciente de la situación. Es solo después de que Jesús declara sus intenciones de venir y curar al siervo que el centurión hace tal declaración de fe: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa pero una palabra tuya bastará para sanar a mi siervo.” Él cree que el poder de las palabras de Jesús es suficiente. No solo lo suficiente sino todo lo que el siervo necesita. ¡Qué muestra tan grande de fe! Incluso Jesús está impresionado por la fe del centurión y dice que no ha visto ese nivel de fe en todo Israel.

Ahora, decimos estas mismas palabras cada vez que estamos en Misa: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa pero una palabra tuya bastará para sanarme”. Cuando decimos estas palabras, ¿realmente las estamos tomando en serio? ¿Creemos que, por la Palabra de Jesús, todo nos será dado? ¿Se eleva nuestra fe al nivel de la del centurión?

Ahora con este pasaje del Evangelio en mente recuerdo mis años de escuela primaria y digo que estoy orgulloso de haber sido Centurión. Y espero poder seguir siendo una centurión en la forma que vivo y proclamo mi fe públicamente.

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Stand Up For Your Faith / Defiende Tu Fe

Part of my job at my parish is forming and preparing the eighth grade students for the Sacrament of Confirmation. I enjoy the preparation program that we use and I often find myself learning right alongside the Confirmation candidates. 

One line from a recent lesson’s video has really stuck out to me lately. While talking about the gift of the Holy Spirit called fortitude, the message to the candidates went a little something like this, “You probably aren’t called to be a martyr, to die for your faith. It’s more likely that you’ll be asked to simply stand up for your faith and say that you believe in Jesus Christ.” 

To an average eighth grade student, that’s a terrifying possibility. Even for those who attend Catholic grade schools and high schools, faith isn’t often talked about outside of religion class. It’s not daily lunchtime conversation. It’s not brought up on the bus. And, even if faith is brought up, often students don’t know what to say or how to say it … or they’re too scared to speak up. 

It’s not just today’s young people, though. Many adults feel the same way – that they’re ill equipped to speak eloquently and confidently about the faith or they are silent in fear of rejection and ridicule. 

That’s where I take comfort in today’s Gospel passage: “The stone that the builders rejected has become the cornerstone; by the Lord has this been done and it is wonderful in our eyes.” Trials and tribulations are part of the Christian life, as much as we may wish they weren’t. There are (or will be) times that we face rejection and times when enemies try to drag us down. 

But we should not fear – because the Lord is with us in these challenges. He will overcome, for He is more powerful than our difficulties. He is more merciful and loving than our enemies. And He will give us all the strength we need to stand up in and publicly proclaim our faith in Jesus Christ. 

May you be strong in the face of trial, brothers and sisters, and may you call upon the Lord for help. 

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Parte de mi trabajo en mi parroquia es formar y preparar a los estudiantes de octavo grado para el Sacramento de la Confirmación. Disfruto el programa de preparación que usamos y, a menudo, me encuentro aprendiendo junto con los candidatos de Confirmación.

Una línea del video de una lección reciente realmente me ha llamado la atención últimamente. Mientras hablaba sobre el don del Espíritu Santo llamado fortaleza, el mensaje a los candidatos fue algo así: “Probablemente no estás llamado a ser un mártir, a morir por tu fe. Es más probable que te pidan que simplemente defiendas tu fe y digas que crees en Jesucristo”.

Para un estudiante de octavo grado, esa es una posibilidad aterradora. Incluso para aquellos que asisten a escuelas primarias y secundarias católicas, no se suele hablar de la fe fuera de la clase de religión. No es una conversación diaria a la hora del almuerzo. No se menciona en el autobús. Y, incluso si se menciona la fe, a menudo los estudiantes no saben qué decir o cómo decirlo… o tienen demasiado miedo de hablar.

Sin embargo, no se trata solo de los jóvenes de hoy. Muchos adultos sienten lo mismo: que no están preparados para hablar con elocuencia y confianza sobre la fe o que guardan silencio por miedo al rechazo y al ridículo.

Ahí es donde me consuelo en el pasaje del Evangelio de hoy: “La piedra que desecharon los constructores se ha convertido en piedra angular; por el Señor ha sido hecho esto y es maravilloso a nuestros ojos.” Las pruebas y tribulaciones son parte de la vida cristiana, por mucho que deseemos que no lo sean. Hay (o habrá) momentos en los que nos enfrentamos al rechazo y momentos en que los enemigos intentan arrastrarnos hacia abajo.

Pero no debemos temer, porque el Señor está con nosotros en estos desafíos. Él vencerá, porque es más poderoso que nuestras dificultades. Es más misericordioso y amoroso que nuestros enemigos y nos dará toda la fuerza que necesitamos para levantarnos y proclamar públicamente nuestra fe en Jesucristo.

Que sean fuertes frente a la prueba, hermanos y hermanas, y que pidan ayuda al Señor.

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Die to Rise / Morir Para Resucitar

Today’s Gospel reading is a popular choice for funeral Masses. In fact, I intentionally chose this Gospel for my grandma’s funeral over three years ago. It’s comforting to hear that God has prepared a dwelling place for our loved ones who pass away. The imagery in this passage helps us to imagine that, even though our loved one is no longer with us, he or she will still be taken care of. 

For these reasons and more, this Gospel is also great for the Easter season. We have this hope for our loved ones who have gone before us because of Jesus’ Resurrection. That is what we celebrate in this 50-day liturgical season. 

Suffering and death were never a part of God’s original plan for humanity. We were supposed to live in perfect love and union with God forever and ever, like Adam and Eve in the Garden of Eden. However, original sin entered the garden and suffering and death entered into our lives as a result. 

We all have had and will continue to have personal experiences with suffering and death, so the question is, how can we invite God to be part of those experiences, those times of great difficulty? 

Our Catholic faith gives us a great gift during those difficult times and that is the Resurrection. When Jesus died and rose from the dead, He conquered sin and death and opened up the gates of Heaven for us. We have the hope and promise of eternal life because of Jesus’ Death and Resurrection. And we have this hope not only for ourselves but for all of God’s people. This hope gives us peace and an assurance that there is a purpose and meaning for our suffering. 

Let us always keep the Resurrection in our sights. We cannot separate the pain and suffering of His Passion from the glory of His Resurrection. Nor should we separate our own personal pain and suffering from the greater purpose that God has in store for us, because it is always for our greater good and His glory. 

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La lectura del Evangelio de hoy es una opción popular para los funerales. De hecho, elegí intencionalmente este Evangelio para el funeral de mi abuela hace más de tres años. Es reconfortante escuchar que Dios ha preparado una morada para nuestros seres queridos que han fallecido. Las imágenes de este pasaje nos ayudan a imaginar que, aunque nuestro ser querido ya no esté con nosotros, Dios lo cuidará.

Por estas razones y más, este Evangelio también es excelente para la temporada de Pascua. Tenemos esta esperanza para nuestros seres queridos que nos han precedido debido a la Resurrección de Jesús. Eso es lo que celebramos en este tiempo litúrgico que dura 50 días.

El sufrimiento y la muerte nunca fueron parte del plan original de Dios para la humanidad. Se suponía que íbamos a vivir en perfecto amor y unión con Dios por los siglos de los siglos, como Adán y Eva en el Jardín del Edén. Sin embargo, el pecado original entró en el jardín y como resultado el sufrimiento y la muerte entraron en nuestras vidas.

Todos hemos tenido y seguiremos teniendo experiencias personales con el sufrimiento y la muerte, entonces la pregunta es ¿cómo podemos invitar a Dios a ser parte de esas experiencias, de esos momentos de tanta dificultad?

Nuestra fe católica nos da un gran regalo durante esos tiempos difíciles, la Resurrección. Cuando Jesús murió y resucitó de entre los muertos, venció el pecado y la muerte y nos abrió las puertas del cielo. Tenemos la esperanza y la promesa de la vida eterna gracias a la muerte y resurrección de Jesús. Y tenemos esta esperanza no solo para nosotros sino para todo el pueblo de Dios. Esta esperanza nos da paz y seguridad de que hay un propósito y un significado para nuestro sufrimiento.

Tengamos siempre en mente la Resurrección. No podemos separar el dolor y el sufrimiento de Su Pasión de la gloria de Su Resurrección. Tampoco debemos separar nuestro propio dolor y sufrimiento personal del propósito mayor que Dios tiene reservado para nosotros, porque siempre es para nuestro bien mayor y para Su gloria.

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Erin is a Cleveland native and graduate of Franciscan University of Steubenville. She is passionate about the Lord Jesus, all things college sports and telling stories and she is blessed enough to get paid for all three of her passions as a full-time youth minister and a freelance sports writer.

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Selfish vs. Selfless / ¿Egoísta o Desinteresado?

The end is near. As we round the corner on these final days of Lent and head toward Holy Week and Easter, today’s readings take a turn. For context, in the verses prior to today’s Gospel, Jesus has just performed the incredible miracle of raising Lazarus from the dead. The first Palm Sunday will soon follow and then Jesus will enter into His Passion, Death and Resurrection. 

Something has to happen first, though, before we get to all that. The chief priests and the Pharisees, who seek to arrest Jesus and put Him to death all throughout the Gospels, renew their efforts as a result of this great miracle that had just taken place. Many who witnessed the miracle began to believe in Jesus and follow him; however, some went in the opposite direction and instead went to the Scribes and Pharisees. 

In the final days of this season of penance and preparation, if you haven’t already done so, it would be helpful to examine your own hearts and see where we might be more like the Pharisees and the Chief Priests ourselves. They were seeking to put Jesus to death out of their own selfishness, for they feared Jesus to be a better and bigger ruler than they were. (Though we know the kind of ruler they feared was never the ruler that Jesus was.)

Where have we allowed selfishness to become the ruler of our lives? When have we neglected to help someone in need because it was inconvenient for us or didn’t fit our agenda? When have we neglected those present in front of us and instead buried our noses in our phones because that was more interesting? When have we fallen victim to materialism because of our selfish desire to have the latest and greatest? This is not an exhaustive list but, rather, a helpful lens to make room in our hearts for the Lord. 

Jesus’ Passion, Death and Resurrection was the most selfless act of all time. That is what we will be celebrating in its entirety in a few days time. Let us celebrate with a selfless heart that seeks to imitate that of the Lord’s. 

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El final está cerca. A medida que doblamos la esquina en estos últimos días de Cuaresma y nos dirigimos hacia la Semana Santa y la Pascua, las lecturas de hoy dan un giro. Para darles un poco de contexto, en los versículos anteriores al Evangelio de hoy, Jesús acaba de realizar el increíble milagro de resucitar a Lázaro de entre los muertos. El primer Domingo de Ramos pronto seguirá y luego Jesús entrará en Su Pasión, Muerte y Resurrección.

Sin embargo, algo tiene que suceder primero, antes de que lleguemos a todo eso. Los sumos sacerdotes y los fariseos, que buscan prender a Jesús y darle muerte a lo largo de los Evangelios, renuevan sus esfuerzos como resultado de este gran milagro que acaba de ocurrir. Muchos de los que presenciaron el milagro comenzaron a creer en Jesús y a seguirlo; sin embargo, algunos fueron en la dirección opuesta y en su lugar fueron a los escribas y fariseos.

En los días finales de esta temporada de penitencia y preparación, si aún no lo has hecho, sería útil examinar tu propio corazón y ver dónde eres más semejante a los fariseos y los sumos sacerdotes. Estaban buscando matar a Jesús por su propio egoísmo, porque temían que Jesús fuera un gobernante mejor y más grande que ellos. (Aunque sabemos que Jesús nunca era ese tipo de gobernante que temían).

¿Dónde hemos permitido que el egoísmo se convierta en el gobernante de nuestras vidas? ¿Cuándo nos hemos negado a ayudar a alguien que lo necesita porque era un inconveniente para nosotros o no se ajustaba a nuestra agenda? ¿Cuándo hemos descuidado a los presentes frente a nosotros y en su lugar hemos enterrado nuestras narices en nuestros teléfonos porque eso era más interesante? ¿Cuándo hemos sido víctimas del materialismo debido a nuestro deseo egoísta de tener lo último y lo mejor? Esta no es una lista exhaustiva, sino más bien un lente útil para hacer espacio en nuestros corazones para el Señor.

La Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús fue el acto más desinteresado de todos los tiempos. Eso es lo que estaremos celebrando en su totalidad dentro de unos días. Celebremos con un corazón abnegado que busque imitar al Señor.

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Erin is a Cleveland native and graduate of Franciscan University of Steubenville. She is passionate about the Lord Jesus, all things college sports and telling stories and she is blessed enough to get paid for all three of her passions as a full-time youth minister and a freelance sports writer.

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The Best Gift Ever Received / El Mejor Regalo Jamás Recibido

“What’s the best Christmas or birthday gift you’ve ever received?”

I posed this question to my Confirmation candidates in small groups recently, as a good way to start thinking about gifts. Then we could go a step further and talk about grace being a free and undeserved gift from God. Then one step further and talk about the sacraments being gifts of Jesus’ own presence for us. 

The candidates’ answers were pretty standard – money, my phone, etc. – but one group started discussing why we receive gifts. Have we done anything to deserve them? No. Do we intentionally ask for them? Also no. Most of the time, these gifts are carefully selected for us by someone who knows us and loves us and cares about us, just for us because we are who we are. 

Imagine how much joy the gift-giver experiences throughout the whole process. Imagine them picking up a gift off the shelf, looking it over and picturing the recipient’s face when opening it. If the gift doesn’t exude joy, the giver puts it back and picks up another one until their smile matches the one that will be on the recipient’s face.

Our God is a generous giver and He loves to give good gifts to His children! In fact, He gives better gifts than any gift-giver here on earth ever could and we hear about this point in today’s Gospel. In the passage, Jesus draws the comparison between earthly fathers and His Heavenly Father when it comes to generosity. Earthly fathers, who love their children but are fallen human creatures, still know how to give good gifts whereas God the Father is only Love and Truth and Goodness. How much greater are the gifts that He gives!

In His gifts, we find more love. We find more goodness and beauty. But, ultimately, God gave us the greatest gift in His Son, Jesus Christ, who became man, suffered and died for our sins and rose from the dead. Through his Passion, Death and Resurrection, we have been given the gift of eternal life with God, this intimate union with Him that we can’t even imagine. Jesus also gives us the gift of Himself in the sacraments, particularly His Body, Blood, Soul and Divinity in the Eucharist, as nourishment for the journey. 

What a gift indeed. 

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“¿Cuál es el mejor regalo de Navidad o cumpleaños que has recibido?”

Hace poco planteé esta pregunta a los candidatos a la Confirmación en grupos pequeños como una buena manera de empezar a pensar en los regalos. Entonces podríamos dar un paso más y hablar de que la gracia es un regalo gratuito e inmerecido de Dios. Luego, dimos un paso más y hablamos de que los sacramentos son regalos de la propia presencia de Jesús para nosotros.

Las respuestas de los candidatos fueron bastante estándar: el dinero, mi teléfono, etc., pero un grupo comenzó a discutir por qué recibimos regalos. ¿Hemos hecho algo para merecerlos? No. ¿Los pedimos intencionalmente? Tampoco. La mayoría de las veces, estos regalos son seleccionados cuidadosamente por alguien que nos conoce, nos ama y se preocupa por nosotros. Son únicamente para nosotros porque somos quienes somos.

Imagínate cuánta alegría experimenta la persona que da el regalo durante todo el proceso. Imagínate que toman un regalo del estante, lo miran y se imaginan la cara del destinatario al abrirlo. Si el regalo no emana alegría, el donante lo vuelve a colocar y toma otro hasta que su sonrisa coincida con la que estará en el rostro del destinatario.

¡Nuestro Dios es un dador generoso y le encanta dar buenos regalos a sus hijos! De hecho, Él da mejores regalos que cualquier otro dador de regalos aquí en la tierra y escuchamos sobre este punto en el Evangelio de hoy. En el pasaje, Jesús establece la comparación entre los padres terrenales y Su Padre Celestial cuando se trata de generosidad. Los padres terrenales, que aman a sus hijos pero son criaturas humanas caídas, aún saben dar buenos dones mientras que Dios Padre es sólo Amor y Verdad y Bondad. ¡Son mucho mejores los dones que Él da!

Dentro de sus dones, encontramos más amor. Encontramos más bondad y belleza. Pero, finalmente, Dios nos dio el regalo más grande en Su Hijo, Jesucristo, quien se hizo hombre, sufrió y murió por nuestros pecados y resucitó de entre los muertos. A través de su Pasión, Muerte y Resurrección, se nos ha dado el don de la vida eterna con Dios, esta unión íntima con Él que ni siquiera podemos imaginar. Jesús también nos da el don de Sí mismo en los sacramentos, particularmente Su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad en la Eucaristía, como alimento para el camino.

Un verdadero regalo.

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Erin is a Cleveland native and graduate of Franciscan University of Steubenville. She is passionate about the Lord Jesus, all things college sports and telling stories and she is blessed enough to get paid for all three of her passions as a full-time youth minister and a freelance sports writer.

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Disciplined Disciples / Discípulos Disciplinados

It’s no coincidence that the words “discipline” and “disciple” both have the same Latin root of “discipulus,” which means follower, disciple, student, pupil or trainee. Taking that first word of follower, though, a disciple is one who follows another and helps to spread their teachings while discipline helps to train people to follow a certain set of rules, guidelines or behaviors. 

Let’s look at these similarities with eyes of faith, though. To be a disciple, simply put, is to be a follower of Jesus Christ during your lifetime. Being a disciple is not limited to those who lived during the time of Jesus and who chose to follow Him. Rather, it is something that each of us, you and I, are called to be today, and not just today but everyday of our lives. 

Our faith calls us to be disciplined in many respects. We are expected to strive for virtue while also trying to avoid sin. We are called to spend time with the Lord each day in prayer. We are obliged to attend Mass every Sunday. And these are just a few examples. 

These are essential practices of our faith. These are the ways in which we become a disciple of Jesus Christ. It takes practice. Discipleship requires action. It requires our response. Our faith is an active faith, not passive, and Jesus Christ is a living person, not dead. Therefore, we can’t just expect to go through the motions and hope it is enough. Jesus deserves all of ourselves, our whole life, our fullest yes. He offers us something much too great for an apathetic response – He wants our “yes,” not our “whatever.” And He asks for this yes to follow Him, to be His disciple, not just once but every day of our lives. 

The First Reading takes discipline one step further. With discipline sometimes comes reproval; however, it comes from a place of love. Because God loves us so deeply and because He desires to spend eternity with us, He calls us to follow the commands He gave us. But He also gave us the gift of free will – He wants us to freely choose Himself. The reproval comes when we fail to choose the Lord. 

How disciplined are you in your relationship with the Lord? Do you readily call yourself a disciple of Jesus Christ? Or is there work you need to do? 

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No es casualidad que las palabras “disciplina” y “discípulo” tengan la misma raíz latina de “discipulus”, que significa seguidor, discípulo, estudiante, alumno o aprendiz. Sin embargo, tomando esa primera palabra de seguidor, un discípulo es alguien que sigue a otro y ayuda a difundir sus enseñanzas, mientras que la disciplina ayuda a entrenar a las personas para que sigan un determinado conjunto de reglas, pautas o comportamientos.

Sin embargo, veamos estas similitudes con los ojos de la fe. Ser discípulo, en pocas palabras, es ser seguidor de Jesucristo durante la vida. Ser discípulo no se limita a aquellos que vivieron durante el tiempo de Jesús y que optaron por seguirlo. Más bien, es algo que cada uno de nosotros, tú y yo, estamos llamados a ser hoy, y no solo hoy, sino todos los días de nuestras vidas.

Nuestra fe nos llama a ser disciplinados en muchos aspectos. Se espera que luchemos por la virtud y tratar de evitar el pecado. Estamos llamados a pasar tiempo con el Señor cada día en la oración. Estamos obligados a asistir a misa todos los domingos. Y estos son solo algunos ejemplos.

Estas son prácticas esenciales de nuestra fe. Estas son las formas en que nos convertimos en discípulos de Jesucristo. Requiere la práctica. El discipulado requiere acción. Requiere nuestra respuesta. Nuestra fe es una fe activa, no pasiva, y Jesucristo es una persona viva, no muerta. Por lo tanto, no podemos simplemente esperar hacer los movimientos y esperar que sea suficiente. Jesús merece todo de nosotros, toda nuestra vida, nuestro sí más pleno. Él nos ofrece algo demasiado grande para una respuesta apática: Él quiere nuestro “sí”, no nuestro “lo que sea”. Y pide este sí para seguirlo, para ser su discípulo, no una vez sino todos los días de nuestras vidas.

La Primera Lectura lleva la disciplina un paso más allá. Con la disciplina a veces viene la reprobación; sin embargo, viene de un lugar de amor. Debido a que Dios nos ama tan profundamente y desea pasar la eternidad con nosotros, nos llama a seguir los mandamientos que nos dio. Pero también nos dio el don del libre albedrío: quiere que nos elijamos libremente. La reprobación viene cuando no elegimos al Señor.

¿Cuán disciplinado eres en tu relación con el Señor? ¿Dirías sin titubear que eres un discípulo de Jesucristo? ¿O hay algo que tienes que mejorar?

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Erin is a Cleveland native and graduate of Franciscan University of Steubenville. She is passionate about the Lord Jesus, all things college sports and telling stories and she is blessed enough to get paid for all three of her passions as a full-time youth minister and a freelance sports writer.

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Seen, Known, Loved / Visto, Conocido, y Amado

I just wrote about this Gospel passage a few months ago, and I focused on Jesus’ words, “Come and see,” as an invitation to pursue the Christian life. While I would repeat those words and the same message here (because I wholeheartedly believe in and stand by its importance, that we are all invited to come and see), there is a phrase uttered by one of the disciples that I want to focus on today. 

Verse 48 says, “Nathanael said to him, ‘How do you know me?’“ This is a question we can pose to the Lord ourselves: How do you know (insert your name here)? 

Practically speaking, the Lord knows us because He created us. Just as He knows how many stars are in the sky, He knows how many hairs are on our head. He knows what makes us happy, what our favorite hobby is and what our future holds. He knows every thought that runs through our head and the deepest desires of our heart. There is nothing that a Creator knows better than His creation – and this is the case for every single one of us. 

What would the answer be if the tables were turned and Jesus posed it to us? How do we know the Lord? 

The answer is as different as every person on the face of the earth. No two of us are alike, so we will know the Lord in ways that are as different as we are. He is the same Lord, though. He has the same love, gives us the same graces and bestows upon us the same mercy. It is deep and unending, just like He is. 

How we know the Lord depends on how we live out our relationship with Him. Here are a few questions to help us reflect: do we spend time with the Lord in prayer every day? If so, what does that prayer look like? Do you give Him time to speak or do you dominate the conversation? Do you know his voice? Do you give him the first place on Sundays by going to Mass? Do you spend time in adoration or simply just sitting before the tabernacle? Do you seek out his mercy in the confessional? 

How do we know you, Lord? 

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Acabo de escribir sobre este pasaje del Evangelio hace unos meses, y me concentré en las palabras de Jesús, “Ven y verás”, como una invitación a seguir la vida cristiana. Si bien repetiría esas palabras y el mismo mensaje aquí (porque de todo corazón creo y mantengo su importancia, que todos estamos invitados a venir y ver), hay una frase pronunciada por uno de los discípulos en la que quiero centrarme hoy.

El versículo 48 dice: “Natanael le dijo: ‘¿Cómo me conoces?'”. Es una pregunta que podemos hacerle al Señor nosotros mismos: ¿Cómo conoces (inserta tu nombre aquí)?

En términos prácticos, el Señor nos conoce porque Él nos creó. Así como Él sabe cuántas estrellas hay en el cielo, también sabe cuántos cabellos hay en nuestra cabeza. Sabe qué nos hace felices, cuál es nuestro pasatiempo favorito y qué viene en nuestro futuro. Él conoce cada pensamiento que pasa por nuestra cabeza y los deseos más profundos de nuestro corazón. No hay nada que un Creador conozca mejor que Su creación, y este es el caso de cada uno de nosotros.

¿Cuál sería nuestra respuesta si Jesús nos hiciera esta pregunta? ¿Cómo conocemos al Señor?

La respuesta es tan diferente como cada persona sobre la faz de la tierra. No hay dos de nosotros iguales, así que conoceremos al Señor de formas tan diferentes como nosotros. Él es el mismo Señor, sin embargo. Él tiene el mismo amor, nos da las mismas gracias y nos concede la misma misericordia. Es profundo e interminable, tal como lo es Él.

Cómo conocemos al Señor depende de cómo vivimos nuestra relación con Él. Aquí hay algunas preguntas para ayudarnos a reflexionar: ¿pasamos tiempo con el Señor en oración todos los días? Si es así, ¿cómo es esa oración? ¿Le das tiempo para hablar o dominas la conversación? ¿Conoces su voz? ¿Le das el primer lugar los domingos yendo a Misa? ¿Pasas tiempo en adoración o simplemente te sientas frente al tabernáculo? ¿Buscas su misericordia en el confesionario?

¿Cómo te conocemos, Señor?

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