How Friendship Works / La Amistad Funciona de Esta Forma

I think we can all appreciate the very human moments that the Gospel authors capture for us. In today’s Gospel, I think we can all hear in our minds Jesus’ sighing, “from the depth of His spirit.” We’ve all likely experienced both sides of that sigh, as recipients and exasperated individuals whose patience is worn thin.

Jesus is human. He experienced frustration. Time and again He had explained Himself to the Pharisees. He spoke in parables, offered witty sayings, preached and healed and performed miracles. What more did they want?

A sign, they claim. We require a specific sign. Then we will believe. 

Basically, they wanted Jesus to meet their demands and expectations. It is fascinating to consider mere human beings trying to demand signs and wonders from the Son of God. We might even laugh at this behavior which so obviously misses the mark. Yet, we repeat the same offense. We barter with God, “I’ll say a rosary every day if you heal my mother.” Or, “I’ll go to daily Mass if you find me the money for my debts.” We beg, “I’ll do whatever you say, just get me out of this situation.”

This isn’t the way God works. God isn’t someone to be bartered with, He’s someone to walk alongside. God isn’t an accountant, keeping track of how many Hail Mary’s and Our Father’s we said before He will grant our request. He wants so much more than a laundry list of spiritual activities, He wants our very selves. He wants to be in a relationship with us. 

Jesus wants our friendship. A friend is someone who you talk with, who you share both joys and sorrows with. This is the person you turn to for advice, to vent frustration, to dream up big plans. More than this, a true friend is someone you desire in your life because of who they are, not because of what they can give you.  

Again and again, Jesus engages with the Pharisees and scribes throughout the Gospels. Each encounter is another invitation to change their minds, to renew their sight that they might see Him for who He is. They were so focused on what they thought they were looking for that they missed the reality happening before their very eyes.

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Creo que todos podemos apreciar los momentos tan humanos que los autores de los Evangelios capturan para nosotros. En el Evangelio de hoy, creo que todos podemos escuchar en nuestras mentes cuando Jesús “suspiró profundamente”. Probablemente todos hemos experimentado ambos lados de ese suspiro, como receptores e individuos exasperados cuya paciencia se está agotando.

Jesús es un ser humano. Experimentó frustración. Una y otra vez se había explicado a los fariseos. Habló en parábolas, ofreció dichos ingeniosos, predicó, curó y realizó milagros. ¿Qué más querían?

Una señal, afirman. Requerimos una señal específica. Entonces creeremos.

Básicamente, querían que Jesús cumpliera con sus demandas y expectativas. Es fascinante considerar a simples seres humanos tratando de exigir señales y prodigios del Hijo de Dios. Incluso podríamos reírnos de este comportamiento que es obviamente equivocado. Sin embargo, repetimos la misma ofensa. Intercambiamos con Dios: “Rezaré un rosario todos los días si sanas a mi madre”. O: “Iré a misa todos los días si me consigues el dinero para pagar mis deudas”. Rogamos: “Haré lo que tú digas, sólo sácame de esta situación”.

Esta no es la forma en que Dios obra. Dios no es alguien con quien se puede negociar, es alguien con quien caminar. Dios no es un contador que lleva la cuenta de cuántos Avemarías y Padrenuestros recitamos antes de conceder nuestra petición. Quiere mucho más que una larga lista de actividades espirituales: nos quiere a nosotros mismos. Quiere tener una relación con nosotros.

Jesús quiere nuestra amistad. Un amigo es alguien con quien hablas, con quien compartes alegrías y tristezas. Esta es la persona a la que acudes en busca de consejo, para desahogar frustraciones, para idear grandes planes. Más que esto, un verdadero amigo es alguien que deseas en tu vida por quién es, no por lo que puede darte.

Una y otra vez, Jesús se relaciona con los fariseos y los escribas a lo largo de los evangelios. Cada encuentro es otra invitación a cambiar de opinión, a renovar la vista para poder verlo tal como es. Estaban tan concentrados en lo que pensaban que estaban buscando que se perdieron la realidad que estaba sucediendo ante sus propios ojos.

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Kate Taliaferro is an Air Force wife and mother. She is blessed to be able to homeschool, bake bread and fold endless piles of laundry. When not planning a school day, writing a blog post or cooking pasta, Kate can be found curled up with a book or working with some kind of fiber craft. Kate blogs at DailyGraces.net.

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To Answer the Call / Contestar la Llamada

Something very profound is going on in this brief passage about the call of the first apostles. Jesus calls, they follow. It’s a pretty simple cause and effect scenario. Yet, you and I both know that following Jesus is anything but simple these days…right? Or could it be that this passage is the perfect model for just how radical it is to follow Jesus? 

Jesus offered the first apostles no explanations, He didn’t try to sway them. He boldly called out an invitation and issued a promise. He continues to stand by the shore near our boats and offer the same to us. 

First, He invites us. It’s a call, a challenge, a summons to adventure. “Come on, let me show you where you could go.” However, Jesus always respects our free will. We freely choose to follow, or to remain behind. The choice is ours. 

Then, he makes a promise, “I will make you fishers of men.” What does that mean exactly? Each baptized individual is called to be a witness of the faith. This mission looks different for each person. I am called to witness to the faith in this written format. I am also called to share the faith with my children. Others are called to be a witness in the workplace. Some of you might witness before large groups of people. Others will share the faith one person at a time, helping to share the light of Christ candle by candle. 

We are invited, each in our own unique way, to participate in Jesus’ mission to build the Kingdom of Heaven. No matter who we are, Jesus invites us to get up and go on an adventure with Him. 

I think the word “abandoned” is important here. Abandoned is a very active word, it paints a vivid picture of someone throwing an object aside, forgetting it’s very existence. The first apostles abandoned their nets when they answered Jesus’ summons. They didn’t hold onto their tools, just in case. They didn’t ask to stow their boats first so they wouldn’t get stolen. 

The apostles show us how to let go of everything to follow Jesus. This isn’t an easy task, and fortunately we have a God who is not outdone in generosity. There isn’t a time limit on Jesus’ call to discipleship. He calls us every day, every moment. Over and over again, we have the opportunity to more freely say “Yes!” and abandon our own nets to follow Jesus.

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Algo muy profundo está sucediendo en este breve pasaje sobre el llamado de los primeros apóstoles. Jesús llama, ellos lo siguen. Es un escenario de causa y efecto bastante simple. Sin embargo, tú y yo sabemos que seguir a Jesús no es nada sencillo hoy en día… ¿verdad? ¿O podría ser que este pasaje sea el modelo perfecto de cuán radical es seguir a Jesús?

Jesús no ofreció explicaciones a los primeros apóstoles, no trató de influirlos. Audazmente hizo una invitación y hizo una promesa. Él continúa estando en la orilla cerca de nuestros barcos y ofreciéndonos lo mismo.

Primero, Él nos invita. Es un llamado, un desafío, una invitación a la aventura. “Vamos, déjame mostrarte que tan lejos dónde podrías llegar”. Sin embargo, Jesús siempre respeta nuestro libre albedrío. Elegimos libremente seguirlos o quedarnos atrás. La elección es nuestra.

Luego, hace una promesa: “haré de ustedes pescadores de hombres”. ¿Qué significa eso exactamente? Cada bautizado está llamado a ser testigo de la fe. Esta misión se ve diferente para cada persona. Estoy llamado a dar testimonio de la fe por escrito con estas reflexiones. También estoy llamado a compartir la fe con mis hijos. Otros son llamados a ser testigos en el lugar de trabajo. Algunos de ustedes podrían testificar ante grandes grupos de personas. Otros compartirán la fe una persona a la vez, ayudando a compartir la luz de Cristo uno por uno.

Estamos invitados, cada uno a nuestra manera, a participar en la misión de Jesús de construir el Reino de los Cielos. No importa quiénes seamos, Jesús nos invita a levantarnos y emprender una aventura con Él.

Creo que la palabra “dejaron” es importante aquí. Dejar es una palabra muy activa, pinta una imagen vívida de alguien que suelta un objeto, olvidando su existencia misma. Los primeros apóstoles dejaron sus redes cuando respondieron al llamado de Jesús. No guardaron sus herramientas, por si acaso. No pidieron guardar sus botes primero para que no se los robaran.

Los apóstoles nos muestran cómo dejarlo todo para seguir a Jesús. Esta no es una tarea fácil y afortunadamente tenemos un Dios que no se queda atrás en generosidad. No hay un límite de tiempo para el llamado de Jesús al discipulado. Él nos llama todos los días, en cada momento. Una y otra vez, tenemos la oportunidad de decir más libremente “¡Sí!” y dejar nuestras propias redes para seguir a Jesús.

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Wholeness / La Plenitud

Today’s brief Gospel gives us a biblical preview for the Sacrament of Reconciliation. Pope Francis offered a beautiful Angelus reflection in 2015 on today’s Gospel that I would like to draw inspiration from for today’s Gospel reflection.

While leprosy is no longer common today, it was a real and serious threat in Jesus’ time. Pope Francis describes the leper who approached Jesus as, “a dead man walking.” Not only was he cut off from the community due to his disease, this man was also religiously cut off from the synagogue. His affliction left him no possibility for friendship, assistance, or support. 

The leper encounters Jesus and, kneeling down, begs to be made clean. This man had nothing left to give, he had no money, and he certainly wasn’t finely clothed. Nothing about this man made others want to draw near to him. 

Jesus, moved with pity as the Gospel tells us, reaches out and touches the leper. Not only does Jesus allow the man to speak to him, but he actually reaches out and touches him in his uncleanliness. The leper is immediately healed. 

This is a powerful story of healing and it is a story we can claim as ours each time we go to Confession. While we don’t wear our sores or tattered clothing on the outside, sin mars our heart. Sin contorts it, hardens it, and encourages us to keep our gaze fixed on anything but God. When we come to realize the quagmire we’ve created around us, we stretch our hands back out to Jesus. By seeking Confession, we recall that we don’t have anything to give but our brokenness, sorrow, and need for a Savior. 

Then Jesus, full of mercy and compassion, takes pity on us and through the mystery of the Sacrament of Reconciliation, reaches out and touches us. This is why the priest either extends his hands or touches our head when offering absolution. His gesture is Jesus’ healing hands. 

We emerge from the confessional as clean as the leper Jesus restored to health. 

If it has been a while since you have received this powerful sacrament, think about today’s Gospel. Put yourself in the place of the leper. Where are you in need of healing? Jesus is waiting for you to reach out in faith, asking for His help. I promise you, He wants nothing more than to give you the healing and wholeness you seek.

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El breve Evangelio de hoy nos ofrece un anticipo bíblico del Sacramento de la Reconciliación. El Papa Francisco ofreció una hermosa reflexión en el 2015 durante el Ángelus sobre el Evangelio de hoy en la que me gustaría inspirarme para la reflexión del Evangelio de hoy.

Si bien la lepra ya no es común hoy en día, era una amenaza real y grave en los tiempos de Jesús. El Papa Francisco describe al leproso que se acercó a Jesús como “un hombre muerto que camina”. No sólo fue excluido de la comunidad debido a su enfermedad, sino que este hombre también fue excluido religiosamente de la sinagoga. Su aflicción no le dejó ninguna posibilidad de amistad, asistencia o apoyo.

El leproso se encuentra con Jesús y, arrodillándose, le ruega que lo limpie. Este hombre no tenía nada más para dar, no tenía dinero y ciertamente no estaba bien vestido. Nada en este hombre hizo que otros quisieran acercarse a él.

Jesús, se compadeció de él, como nos cuenta el Evangelio, se acerca y toca al leproso. Jesús no sólo permite que el hombre le hable, sino que también se acerca y lo toca en su impureza. El leproso es sanado inmediatamente.

Es una poderosa historia de curación y es una historia que podemos retomar como propia cada vez que nos confesamos. Si bien no se ven llagas o ropa andrajosa por fuera, el pecado estropea nuestro corazón. El pecado lo contorsiona, lo endurece y nos anima a mantener la mirada fija en todo menos en Dios. Cuando nos damos cuenta del atolladero que hemos creado a nuestro alrededor, volvemos a extender nuestras manos hacia Jesús. Al buscar la Confesión, recordamos que no tenemos nada que dar excepto nuestro quebrantamiento, tristeza y necesidad de un Salvador.

Entonces Jesús, lleno de misericordia y compasión, se apiada de nosotros y, a través del misterio del Sacramento de la Reconciliación, se acerca y nos toca. Por eso el sacerdote extiende las manos o nos toca la cabeza al ofrecer la absolución. Su gesto son las manos sanadoras de Jesús.

Salimos del confesionario tan limpios como el leproso que Jesús sanó.

Si ha pasado un tiempo desde que has recibido este poderoso sacramento, piensa en el Evangelio de hoy. Ponte en el lugar del leproso. ¿Dónde necesitas curación? Jesús está esperando que te acerques con fe y pidas Su ayuda. Te lo prometo, Él no quiere nada más que darte la curación y la plenitud que buscas.   

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Luck, Timing, and Who You Know / La Suerte, el Momento Oportuno y a Quién Conoces

From a more secular perspective, much of our life comes down to, “luck, timing, and who you know.” As people of faith, we know there is a bit more to it than this. Considering Anna’s story, one could easily write it off as just luck, good timing, or good connections for why she was able to meet Jesus. We might even be tempted to accept this explanation, which is why the start of our Gospel passage is so important.

It wasn’t due to luck or just good timing that Anna was at the temple that day. We are told that, “she never left the temple but worshiped day and night with fasting and prayer” (Luke 2:37). Anna was a Jewish widow who knew well how her people waited for the Messiah. Instead of living out her days with her family, Anna chose to remain as close to God as she could. It is important to remember that as a woman, Anna would have had restricted access to certain areas of the temple only. Just because she came every day didn’t mean she was given special access beyond the outer court. 

Why, then, would God have chosen Anna to speak to everyone about Jesus? She wasn’t a lucky person, her husband died only seven years after her marriage and she never remarried. Her timing wasn’t great for spreading news, she was 84 years old and without any modern medicine available, I doubt she was a quick mover. She didn’t know anyone important nor was she anyone important.

God chose Anna, because she was exactly the kind of person He loves to work through. St. Paul tells us: “For the foolishness of God is wiser than human wisdom, and the weakness of God is stronger than human strength” (1 Cor 1:25). Anna was totally focused on God and because of that, she was in the right place at the right time. She had no idea when she began going to the temple that one day she would receive this blessing. 

God asks a similar obedience of us, though it will look differently in each of our lives. For some, God might be calling us to religious life, which has a similar feel to Anna’s daily prayer in the temple. For others, we may be called to take God with us throughout our day. St. Frances of Rome said, “A married woman [or any lay person] must, when called upon, quit her devotions to God at the altar to find Him in her household affairs.” 

When we are about God’s business within our daily life as Anna was, we will find ourselves in the right places at the right time. It’s not about luck, or timing, but it might be about Who you know though and I’ll give you a hint, He desires nothing more than your friendship so He can shower you with His love and mercy.

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Desde una perspectiva más secular, gran parte de nuestra vida se reduce a “la suerte, el momento oportuno y a quién conoces”. Como personas de fe, sabemos que hay algo más que esto. Teniendo en cuenta la historia de Ana, uno podría decir que pudo conocer a Jesús solamente por la buena suerte o por llegar en el momento preciso o por tener buenas conexiones. Nosotros incluso podríamos estar tentados a aceptar esta explicación, y por eso el comienzo del pasaje evangélico de hoy es tan importante.

No fue por la buena suerte o por llegar en el momento preciso que Ana estuvo en el templo ese día. Se nos dice que “No se apartaba del templo ni de día ni de noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones” (Lucas 2,37). Ana era una viuda judía que sabía bien cómo su pueblo esperaba al Mesías. En lugar de vivir sus días con su familia, eligió permanecer lo más cerca posible a Dios. Es importante recordar que, como mujer, Ana solo habría tenido acceso restringido a ciertas áreas del templo. El hecho de que viniera todos los días no significaba que tuviera acceso especial para entrar más allá del atrio exterior.

¿Por qué, entonces, Dios habría escogido a Ana para hablarles a todos acerca de Jesús? Ella no era una persona afortunada, su esposo se murió solo siete años después de su matrimonio y nunca se volvió a casar. Su momento no era oportuno para difundir noticias. Tenía 84 años y sin ninguna medicina moderna disponible, dudo que pudiera moverse rápidamente. Ella no conocía a nadie importante y ella tampoco era alguien importante.

Dios escogió a Ana porque era exactamente el tipo de persona con la que le encanta trabajar. San Pablo nos dice: “Porque la locura de Dios es más sabia que la sabiduría humana, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fuerza humana” (1 Cor 1, 25). Ana se enfocaba totalmente en Dios y por eso estaba en el lugar correcto en el momento oportuno. Cuando comenzó a ir al templo, no tenía idea de que algún día recibiría esta bendición.

Dios nos pide una obediencia similar, aunque se verá diferente en cada una de nuestras vidas. Para algunos, Dios podría estar llamándonos a la vida religiosa, que tiene un sentimiento similar a la oración diaria de Ana en el templo. Para otros, podemos ser llamados a llevar a Dios con nosotros a lo largo del día. Santa Francisca de Roma dijo: “Una mujer casada [o cualquier laico] debe, cuando se le llame, abandonar su devoción a Dios en el altar para encontrarlo en los asuntos de su hogar”.

Cuando estamos viendo los asuntos de Dios dentro de nuestra vida diaria como lo estaba Ana, nos encontraremos en los lugares correctos en el momento oportuno. No se trata de la suerte o el momento oportuno, pero podría tratarse de a Quién conoces, y te daré una pista, Él no desea nada más que tu amistad para poder colmarte con Su amor y Su misericordia.

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Feature Image Credit: MART PRODUCTION, https://www.pexels.com/photo/close-up-shot-of-a-person-holding-prayer-beads-7219397/

A Blueprint for Discipleship / Un Plan Para el Discipulado

We are a family of eight, so we typically drive for vacations or to visit family. When preparing for such a trip, I usually have two primary concerns that everything else flows from: how many pairs of underwear does everyone need and do I have enough car snacks to keep everyone happy? We always bring home food because I overpacked the snacks. 

While reading today’s Gospel passage, I have to wonder at all the women who thought they had packed enough food to keep their little circle of people content. You can only pack for what you expect to need, and I don’t think anyone expected to be out with Jesus for three days. 

Can you imagine? Three days so focused on what Jesus had to say that you didn’t leave to restock supplies? Three days of steady preaching, teaching, and healing. These people literally dropped everything to sit at Jesus’ feet. While perhaps Jesus isn’t asking us to drop all the plans we have and sit in adoration for three days straight, I think there is much we can learn from the attitude of the crowd. 

They stayed with Jesus. As long as He had something to say, they kept listening. As He moved along the shore and even up to a mountain, they followed. At the sight of His miracles, they praised God. When they were in need, they didn’t grumble among themselves. Rather, they sat down and waited obediently on the Lord to provide for their needs. Isn’t this the life of a Christian disciple? It’s like a blueprint for discipleship in a few simple phrases. 

To remain with Jesus is:

  • To listen
  • To follow
  • To praise
  • To wait in obedience

For many of us, we might be really good at one or two of these things. But I would bet there is at least one that you immediately recognize as an area for growth. Start a conversation with Jesus today about how He is inviting you this Advent season to grow closer to Him. Perhaps you are being invited to periods of silence. Perhaps you are facing a challenge and it is difficult to offer praise to God in the midst of the struggle. Whatever it may be, ask Jesus to reveal to you how He would like you to grow in discipleship and holiness through the journey of Advent.

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Somos una familia de ocho personas, por lo que normalmente viajamos en carro durante las vacaciones o para visitar a la familia. Cuando me preparo para un viaje, generalmente tengo dos preocupaciones principales de las que fluye todo lo demás: ¿cuántos pares de ropa interior necesitan todos y si tengo suficientes refrigerios en el carro para mantener a todos felices? Siempre traemos comida a casa porque empaqué demasiados refrigerios.

Mientras leo el pasaje del Evangelio de hoy, tengo que preguntarme si todas las mujeres pensaron que habían empacado suficiente comida para mantener contento a su pequeño círculo de personas. Solo empacas lo que esperas necesitar, y no creo que nadie esperaba estar con Jesús durante tres días.

¿Puedes imaginarlo? ¿Tres días tan concentrado en lo que Jesús tenía que decir que nadie se fue a surtir su canasta? Tres días de constante predicación, enseñanza y sanidad. Estas personas literalmente dejaron todo para sentarse a los pies de Jesús. Lo más seguro es que Jesús no nos esté pidiendo abandonar todos los planes que tenemos y nos sentemos en adoración durante tres días seguidos, pero creo que podemos aprender mucho de la actitud de la multitud.

Se quedaron con Jesús. Mientras tenía algo que decir, seguían escuchando. Mientras se movía a lo largo de la costa e incluso hasta una montaña, ellos lo siguieron. Al ver sus milagros, alabaron a Dios. Cuando tenían necesidad, no se quejaban entre ellos. Más bien, se sentaron y esperaron obedientemente que el Señor proveyera sus necesidades. ¿No es esta la vida de un discípulo cristiano? Es como un modelo para el discipulado en unas frases simples.

Permanecer con Jesús es:

  • Escuchar
  • Seguir
  • Alabar
  • Esperar en obediencia

Para muchos de nosotros, podríamos ser realmente buenos en una o dos de estas cosas. Pero supongo que hay al menos uno que reconoces de inmediato como un área de crecimiento. Inicie una conversación con Jesús hoy sobre cómo te está invitando en esta temporada de Adviento a acercarse más a Él. Quizás te está invitando a períodos de silencio. Tal vez estás enfrentando un reto y es difícil ofrecer alabanza a Dios en medio de la batalla. Sea lo que sea, pídele a Jesús que te revele cómo le gustaría que crecieras en el discipulado y la santidad a lo largo del camino del Adviento.

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Feature Image Credit: Croogle, pixabay.com/photos/loaf-flatbread-wheat-bread-4531840/

Time Passes / El Tiempo Pasa

December marks the final month of the year. It is a month that both flies and crawls by. For children, it is possibly the longest month of the whole year as they await the arrival of Christmas. For adults with children around, it is possibly the shortest, with all the holiday planning, festivities, school parties, shopping, and seemingly endless opportunities for sugar. Depending on your life circumstances, this time of year may mark the beginning of a difficult season, making time appear to either speed up or slow down as the holiday countdowns swirl around you. 

No matter the season of your life, there is something you cannot change: the days do pass. The end of the year arrives, and whether it feels like a blink or an eternity, the days do pass. Jesus says in our Gospel that, “Heaven and earth will pass away, but my words will not pass away.” Time is an ever-moving thing, much like the wind. We cannot catch it in our hands, we cannot control where or how it blows. Time is always steadily moving onward to whatever end. There is a real sense of being out of control when it comes to time, and that is hugely uncomfortable. It doesn’t matter how much I wish my kids would slow down their growing up or slow the aging of my parents. It doesn’t matter how much I desire the freight train to hurry up through the crossing or how desperately I want to find out now where our duty station will be next year. 

Time passes at its own pace without my consent. I think you can fill-in the blanks here for situations you find in your own life. However, rather than spending all of your time thinking about the ways time is outside of your control, let’s shift our attention to the second half of what Jesus said. “My words will not pass away.” While time passes, Jesus is fixed. Jesus is outside of time, time means nothing and holds nothing over God. God is the creator of time and as such is free to move in and out, over and under, around or through time as He wills.

This is one of the things that is so radical about the Incarnation. God, by becoming man, subjected Himself even to time. Jesus didn’t arrive on this earth a full grown adult, ready to carry out His mission. He came as a baby. He had to wait for His mother to feed Him. He had to wait in anticipation for a birthday present or a loaf of bread to bake. He knew the struggle of time passing too quickly, or not quickly enough. While God is outside of time, He intimately understands all the struggles we have with time. 

No matter how you feel about the coming season, spend some time thanking Jesus for the gift of time. Thank Him also that regardless of time, His presence is always constant in your life.

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Diciembre es el último mes del año. Es un mes que pasa volando y al mismo tiempo va lentísimo. Para los niños es posiblemente el mes más largo de todo el año mientras esperan la llegada de la Navidad. Para los adultos con niños, es posiblemente el más corto, con toda la planificación de vacaciones, festividades, fiestas escolares, compras y oportunidades aparentemente infinitas para el azúcar. Dependiendo de las circunstancias de su vida, esta época del año puede marcar el comienzo de una temporada difícil, haciendo que el tiempo parezca acelerarse o alentarse mientras contamos los días hasta que lleguen las fiestas.

Hay algo que no podemos cambiar, sea lo que sea la época que estamos viviendo: los días siguen pasando. Llega el final del año, y aunque parezca un parpadeo o una eternidad, los días pasan. Jesús dice en el Evangelio que “Podrán dejar de existir el cielo y la tierra, pero mis palabras no dejarán de cumplirse”. El tiempo se mueve constantemente, como el viento. No podemos atraparlo en las manos, no podemos controlar dónde o cómo sopla. El tiempo siempre avanza constantemente. A veces nos sentimos fuera de control cuando se trata del tiempo, y nos incómoda bastante. No importa cuánto desee que se retrase el crecimiento de mis hijos o el envejecimiento de mis padres. No importa cuánto desee que el tren de carga se apresure a cruzar el cruce o cuán desesperadamente quiera saber ahora dónde estará nuestro lugar de destino el próximo año.

El tiempo pasa a su propio ritmo sin mi consentimiento. Creo que podrías poner ejemplos de situaciones que encuentres en tu propia vida. Sin embargo, en lugar de pasar todo tu tiempo pensando en las formas en que el tiempo está fuera de tu control, dirijamos nuestra atención a la segunda mitad de lo que dijo Jesús. “Mis palabras no dejarán de cumplirse”. Mientras pasa el tiempo, Jesús se queda. Jesús está fuera del tiempo, el tiempo no significa nada y no tiene nada sobre Dios. Dios es el Creador del tiempo y, como tal, es libre de moverse hacia adentro y hacia afuera, por encima y por debajo, alrededor o a través del tiempo, según Su voluntad.

Esta es una de las cosas que es tan radical acerca de la Encarnación. Dios, al hacerse hombre, se sujetó incluso al tiempo. Jesús no llegó a esta tierra como un adulto ya grande, listo para llevar a cabo Su misión. Vino como un bebé. Tenía que esperar a que su madre lo alimentara. Tenía que esperar con anticipación un regalo de cumpleaños o que una hogaza de pan saliera del horno. Entendía la pelea con el tiempo que pasaba demasiado rápido o no lo suficientemente rápido. Si bien Dios está fuera del tiempo, comprende íntimamente todas las batallas que tenemos con el tiempo.

Aunque puedas tener sentimientos variados acerca de la próxima temporada, toma unos momentos para agradecer a Jesús por el regalo del tiempo. Agradécele también que independientemente del tiempo, Su presencia siempre es constante en tu vida.

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Feature Image Credit: Mozlase__, pixabay.com/photos/school-work-write-still-life-851328/

Don’t Miss the Forest / No Pierdas el Bosque

Today’s Gospel is a difficult one to read. We know Jesus is fully human, and therefore He must have experienced all ranges of human emotion. In this passage, we see Jesus’ anger come to the fore as He drives the money changers and those selling animals for sacrifice out of the temple area with a whip. Seeing this side of Jesus can make us pause. This Jesus doesn’t quite fit with the calm, compassionate Jesus in the field with sheep and children and flowers. Yet this is perhaps one of the more important passages to consider when we start to paint our own pictures of who Jesus is in our minds. Jesus was a real person. Jesus is a real person. And real people have real emotions. What makes Jesus different is that His emotions never led Him to sin.

So what was Jesus really angry about in this passage? When you review the facts, it might be surprising that He was upset at all. It was God who demanded sacrifices be made at the temple. God told Moses what kinds of animals would be accepted, how many, when, and for what. Money changers were a necessary part of this as people would come from many countries to follow God’s laws concerning temple visits. So what was the big deal?

You likely know the phrase, “Don’t miss the forest for the trees.” This is often what Jesus is getting at when it comes to the religious leadership of His time. They had become so focused on the minute details of Scripture they were losing sight of God’s larger plan of love. They wanted so desperately to follow each prescription that they forgot the reason for them in the first place – to place love at the center of your heart. 

This is a lesson all of us need to continue striving to learn. The Pharisees were on the whole, not bad people. Some even came to believe in Jesus. The same temptations they faced we face today. Do we go to Mass because we have to, or because we desire to deepen our relationship with Jesus. Do our kids go to Religious Education classes because we desire for them to know Jesus? Or is it because we know it’s culturally important that they receive their First Communion and then after that, maybe it’s not so important to attend anymore? Do we pray for someone when they ask us, or do we forget the power of prayer?

Jesus wants to come into our lives to give us His love and mercy. It’s up to us how ready we are to receive Him. 

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El Evangelio de hoy es difícil de leer. Sabemos que Jesús es completamente humano y, por lo tanto, debe haber experimentado todas las gamas de emociones humanas. En este pasaje, vemos que la ira de Jesús sale a la luz cuando expulsa con un látigo a los cambistas y a los que venden animales para el sacrificio fuera del área del templo. Ver este lado de Jesús puede darnos pausa. Este Jesús no encaja del todo con el Jesús tranquilo y compasivo en el campo con ovejas, niños y flores. Sin embargo, este es quizás uno de los pasajes más importantes a considerar cuando comenzamos a pintar nuestras propias imágenes de quién es Jesús en nuestras mentes. Jesús era una persona real. Jesús es una persona real. Y la gente real tiene emociones reales. Lo que hace diferente a Jesús es que sus emociones nunca lo llevaron a pecar.

Entonces, ¿por qué estaba enojado Jesús en este pasaje? Cuando revisas los hechos, puede ser sorprendente que estuviera molesto. Fue Dios quien exigió que se hicieran sacrificios en el templo. Dios le dijo a Moisés qué tipo de animales serían aceptados, cuántos, cuándo y para qué. Los cambistas eran una parte necesaria de esto, ya que vendría gente de muchos países para seguir las leyes de Dios con respecto a las visitas al templo. Entonces, ¿cuál fue el problema?

Probablemente conozcas la frase: “No pierdas el bosque por los árboles”. Esto es a menudo a lo que Jesús se refiere cuando se trata del liderazgo religioso de su tiempo. Se habían centrado tanto en los detalles minuciosos de las Escrituras que estaban perdiendo de vista el plan de amor más grande de Dios. Querían seguir cada prescripción tan desesperadamente que se olvidaron de la razón principal de seguirlas: que el amor esté en el centro de sus corazones.

Es una lección que todos debemos seguir esforzándonos por aprender. Los fariseos, en general, no eran malas personas. Algunos incluso llegaron a creer en Jesús. Las mismas tentaciones que ellos enfrentaron enfrentamos hoy. ¿Vamos a misa porque tenemos que hacerlo o porque deseamos profundizar nuestra relación con Jesús? ¿Nuestros hijos van a clases de Educación Religiosa porque deseamos que conozcan a Jesús? ¿O es porque sabemos que es culturalmente importante que reciban su Primera Comunión y después de eso, tal vez ya no sea tan importante asistir? ¿Oramos por alguien cuando nos lo piden, o nos olvidamos del poder de la oración?

Jesús quiere entrar en nuestras vidas para darnos su amor y misericordia. Depende de nosotros cuán listos estemos para recibirlo.

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Kate Taliaferro is an Air Force wife and mother. She is blessed to be able to homeschool, bake bread and fold endless piles of laundry. When not planning a school day, writing a blog post or cooking pasta, Kate can be found curled up with a book or working with some kind of fiber craft. Kate blogs at DailyGraces.net.

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Yeast / La Levadura

I love baking bread. The sweet-sour smell of fresh, wild yeast is fascinatingly complex. Watching simple ingredients transform over time from lumpy, shaggy dough to the soft, stretchy dome is nothing short of a miracle. Nothing changes to my eye, but the factor of time allows for everything to change inside that mixing bowl. 

Jesus compares the kingdom of heaven to a woman who adds yeast to flour in order to leaven the whole batch. As a very amateur baker, I have a few observations about Jesus’ analogy. 

Yeast is everywhere. Even if you aren’t a baker, there is still yeast in your kitchen. To make a sourdough bread starter, you mix plain flour and water in a bowl and let it sit out. Next day, add a little more. Next day, same thing. Within about 5 days, there will be bubbles in your bowl you did not put there. Welcome to your newest member of the family, wild yeast. 

The kingdom of heaven is in the here and now. Jesus’ presence on earth, His Passion, Death and Resurrection made it an accessible reality through His gift of the Eucharist. Jesus said that where two or three are gathered in His name He would be among them. We receive the gift of the Holy Spirit dwelling within us. God is everywhere, and He is specifically within you. Just as yeast is everywhere, the kingdom of heaven is all around us. 

Yeast is basically an organism with a single purpose – eat as much sugar as possible. As the yeast moves through a dough mixture, it seeks out sources of sugar which it then converts into carbon dioxide. The carbon dioxide bubbles then cause the dough as a whole to rise. 

In his Angelus message from July 26, 2020, Pope Francis called Christians to “become healthy restless seekers of the kingdom of heaven.” Just as yeast will relentlessly seek out all the sources of sugar in a bread dough, so too should we continue to seek out sources of nourishment for our faith journey. If we seek the kingdom, we will change and the world around us will change as well. 

The next time you go to buy (or make) bread, pause and be thankful for the yeast which caused that loaf to rise. You can then ask God where He wants you to go out, seeking His kingdom, to bring about the transformation of the world. 

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Me encanta hacer pan al horno. El olor agridulce de la levadura silvestre fresca es fascinantemente complejo. Ver cómo con el tiempo los ingredientes simples se transforman de una masa grumosa y enmarañada a una cúpula suave y elástica es nada menos que un milagro. A mi modo de ver, nada cambia, pero el factor del tiempo permite que todo cambie dentro de ese tazón.

Jesús compara el reino de los cielos con una mujer que añade levadura a la harina para leudar toda la masa. Como panadero muy aficionado, tengo algunas observaciones sobre la analogía de Jesús.

La levadura está en todas partes. Incluso si no eres panadero, todavía hay levadura en tu cocina. Para hacer un iniciador de pan de masa fermentada, mezcle harina y agua en un tazón y déjelo reposar. Al día siguiente, agregue un poco más. Al día siguiente, lo mismo. Dentro de aproximadamente 5 días, habrá burbujas en tu tazón que no pusiste allí. Bienvenido al nuevo miembro de tu familia, la levadura silvestre.

El reino de los cielos está en el aquí y ahora. La presencia de Jesús en la tierra, su Pasión, Muerte y Resurrección lo hizo una realidad accesible a través de Su don de la Eucaristía. Jesús dijo que donde dos o tres se reúnan en Su nombre, Él está allí con ellos. Recibimos el don del Espíritu Santo que habita en nosotros. Dios está en todas partes y está específicamente dentro de ti. Así como la levadura está en todas partes, el reino de los cielos está a nuestro alrededor.

La levadura es básicamente un organismo con un solo propósito: comer tanta azúcar como sea posible. A medida que la levadura se mueve a través de una mezcla de masa, busca fuentes de azúcar que luego convierte en dióxido de carbono. Las burbujas de dióxido de carbono hacen que la masa entera se levante.

En su mensaje del Ángelus del 26 de julio de 2020, el Papa Francisco llamó a los cristianos a “convertirse en buscadores sanos e inquietos del reino de los cielos”. Así como la levadura busca sin cesar todas las fuentes de azúcar en una masa de pan, también debemos seguir buscando fuentes de alimento para nuestro camino de fe. Si buscamos el reino, nos cambiamos y el mundo que nos rodea también cambiará.

La próxima vez que vayas a comprar (o hacer) pan, haz una pausa para ser agradecida por la levadura que hizo que la hogaza creciera. Luego puedes preguntarle a Dios a dónde quiere que vayas, buscando Su reino, para lograr la transformación del mundo.

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The Gift of the Mass / El Don de la Misa

In the Gospel of Luke, Jesus says, “Blessed are the eyes that see what you see. For I say to you, many prophets and kings desired to see what you see, but did not see it, and to hear what you hear, but did not hear it.” (Luke 10:23-24) We do not live in Jesus’ time. We have access to some incredible multimedia and visual representations of what life could have been like during Jesus’ life and ministry. Having those visuals can be a light shining into a dark space. They offer a brief look at his time: the people, the clothing, the food, the homes, etc. God made us visual people as well as auditory people, so these visual opportunities can certainly enhance our faith experience. Not everyone has the opportunity to travel to the Holy Land. TV shows and documentaries are excellent resources which help to bring the time of Jesus alive in our imaginations. 

Just as there is the temptation to romanticize the past in historical fiction novels, we might have the temptation to think that what Jesus said and did are things that happened, “back then.” There is a very real and important difference between watching a show about Jesus and participating in Mass. 

When we are at Mass, we aren’t there to watch. The word “attend” is even problematic. The Mass isn’t a concert or lecture. It’s the real and true participation in the heavenly banquet we all hope to participate in for all eternity. We gather around an altar. Altars aren’t for eating, they’re for sacrifice. Jesus is our paschal lamb, He is the perfect sacrifice which restores us to right relationship with the Father. Since God operates outside of space and time, this perfect sacrifice of Jesus is continually offered for the redemption of humanity. We participate in this eternal sacrifice and communion with the Father when we gather to share the Eucharist.

During the Offertory prayers, though the priest is speaking, he is offering the bread and wine on behalf of the whole community. He asks the Holy Spirit to come transform the gifts we offer. This is one reason why the gifts are brought forward from within the community to the altar. 

Many generations have desired to see what we see, to hear what we hear, every time we come to Mass. Many still today long to have free and easy access to regular liturgical practice and cannot. What Jesus said and did isn’t just something that happened long ago. He lives in each baptized member of the Body of Christ. He is present to us, speaking to us, at every single Mass we partake in. There is nothing on earth that can replace Jesus’ true Presence in the Eucharist. 

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En el Evangelio de Lucas, Jesús dice: “Bienaventurados los ojos que ven lo que ves. Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que veis, y no lo vieron, y oír lo que oís, y no oyeron”. (Lucas 10,23-24) No vivimos en el tiempo de Jesús. Tenemos acceso a algunas representaciones multimedia y visuales increíbles de cómo podría haber sido la vida durante la vida y el ministerio de Jesús. Tener esas imágenes puede ser una luz que brilla en un espacio oscuro. Ofrecen una breve mirada a su tiempo: la gente, la ropa, la comida, los hogares, etc. Dios nos hizo personas visuales tanto como auditivas, por lo que estas oportunidades visuales ciertamente pueden mejorar nuestra experiencia de fe. No todo el mundo tiene la oportunidad de viajar a Tierra Santa. Los programas de televisión y los documentales son excelentes recursos que ayudan a revivir el tiempo de Jesús en nuestra imaginación.

Así como existe la tentación de romantizar el pasado en las novelas de ficción histórica, podríamos tener la tentación de pensar que lo que Jesús dijo e hizo son cosas que sucedieron “en aquel entonces”. Hay una diferencia muy real e importante entre ver un programa sobre Jesús y participar en la Misa.

Cuando estamos en Misa, no estamos allí para mirar. La palabra “asistir” es incluso problemática. La Misa no es un concierto o una conferencia. Es la participación real y verdadera en el banquete celestial en el que todos esperamos participar por toda la eternidad. Nos reunimos alrededor de un altar. Los altares no son para comer, son para el sacrificio. Jesús es nuestro cordero pascual, Él es el sacrificio perfecto que nos restaura a la correcta relación con el Padre. Dado que Dios opera fuera del espacio y del tiempo, este sacrificio perfecto de Jesús se ofrece continuamente para la redención de la humanidad. Participamos de este eterno sacrificio y comunión con el Padre cuando nos reunimos para compartir la Eucaristía.

Durante las oraciones del Ofertorio, aunque el sacerdote habla, ofrece el pan y el vino en nombre de toda la comunidad. Pide al Espíritu Santo que venga a transformar los dones que ofrecemos. Esta es una de las razones por las que las ofrendas se llevan al altar desde dentro de la comunidad.

Muchas generaciones han deseado ver lo que vemos, escuchar lo que escuchamos, cada vez que venimos a Misa. Muchos todavía hoy anhelan tener acceso libre y fácil a la práctica litúrgica regular y no pueden. Lo que Jesús dijo e hizo no es solo algo que sucedió hace mucho tiempo. Vive en cada miembro bautizado del Cuerpo de Cristo. Él está presente para nosotros, hablándonos, en cada Misa en la que participamos. No hay nada en la tierra que pueda reemplazar la verdadera Presencia de Jesús en la Eucaristía.

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Cave Darkness / La Oscuridad de una Cueva

This past spring our family was on vacation in Colorado. We had never been in a cave before with our kids and decided this would be a fun excursion during our stay. We went to Cave of the Winds near Colorado Springs. It was fascinating to hear the history of the cave and learn how people would have explored before modern excavation equipment and safety measures.

One of the highlights of any cave tour is the moment when the tour guide extinguishes the lights, thrusting you into what is called “cave darkness.”

Cave darkness is a special kind of darkness. If every single light goes out, you cannot even see your own hand in front of your face. If you think you can, it’s your brain trying to compensate for the utter lack of light. There is dark, then there is cave dark. “We are cut off from the guidance of the stars, from the sun and the moon. Even the horizon vanishes—if not for gravity, we’d scarcely know up from down. All of the subtle cues that might orient us on the surface—cloud formations, plant-growth patterns, animal tracks, wind direction—disappear. Underground, we lose even the guide of our own shadow” (Hunt, Will. “Getting Lost Makes the Brain Go Haywire.”) 

While I’m sure the tour guide’s planned relighting of the candle would have been a dramatic moment, it was completely ruined by our 3-year old, Gabriel, since we didn’t think twice about the light up shoes he was wearing. And so, even in that darkest dark, we had Gabriel’s little green light up gym shoes to show us what was up and down.

Our other kids panicked in the dark. They stood still in the moment, but it was all they could talk about for days and days. I’m so thankful for Gabe’s shoes. They gave us the opportunity to remind everyone, again and again, that Jesus is the light of the world, just like Gabe’s shoes were a light in the darkness. Jesus was unexpected and what everyone was looking for, all at once. 

Jesus tells us in today’s Gospel that “There is nothing hidden that will not become visible,

and nothing secret that will not be known and come to light” (Luke 8:17). There is nowhere on earth His light fails to reach. The blackest soul, the darkest night, the deepest depth, the highest mountain peak. No one and nothing is hidden from His glorious light. How wonderfully comforting, that there is nothing that can separate us from the love of God, from the light of the Son. The next time you see a little kids’ light up shoes, I hope it makes you remember that even the light from those little shoes can make all the difference in the world. 

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La primavera pasada nuestra familia estuvo de vacaciones en Colorado. Nunca habíamos estado en una cueva con nuestros hijos y decidimos que esta sería una excursión divertida. Fuimos a la Cueva de los Vientos cerca de Colorado Springs. Fue fascinante escuchar la historia de la cueva y aprender cómo la gente habría explorado antes de los equipos de excavación modernos y las medidas de seguridad. Uno de los aspectos más destacados de cualquier visita a una cueva es el momento en que el guía turístico apaga las luces y experimentas lo que se llama ” la oscuridad de cueva”.

La oscuridad de la cueva es un tipo especial de oscuridad. Si todas las luces se apagan, ni siquiera puedes ver tu propia mano frente a tu cara. Si crees que puedes, es tu cerebro tratando de compensar la falta total de luz. Hay oscuridad, luego hay oscuridad de cueva. “Estamos separados de la guía de las estrellas, del sol y de la luna. Incluso el horizonte se desvanece; si no fuera por la gravedad, apenas distinguiríamos arriba de abajo. Todas las señales sutiles que podrían orientarnos en la superficie (formaciones de nubes, patrones de crecimiento de plantas, huellas de animales, dirección del viento) desaparecen. Bajo tierra, perdemos incluso la guía de nuestra propia sombra” (Hunt, Will. “Getting Lost Makes the Brain Go Haywire”).

Si bien estoy seguro de que el encendido de la vela planeado por el guía turístico habría sido un momento dramático, nuestro hijo de 3 años, lo arruinó por completo, ya que no pensamos cambiarle los zapatos iluminados que llevaba puestos. Y así, incluso en la oscuridad más oscura, teníamos las pequeñas zapatillas verdes iluminadas de nuestro hijo para mostrarnos lo que había arriba y abajo.

Nuestros otros niños entraron en pánico en la oscuridad. Se quedaron quietos en el momento, pero era todo de lo que podían hablar durante días y días. Estoy muy agradecida por los zapatos de mi hijo. Nos dieron la oportunidad de recordarles a todos, una y otra vez, que Jesús es la luz del mundo, al igual que los zapatos eran una luz en la oscuridad. Jesús fue inesperado y lo que todos buscaban al mismo tiempo.

Jesús nos dice en el Evangelio de hoy que “nada hay oculto que no llegue a descubrirse, nada secreto que no llegue a saberse o a hacerse público” (Lucas 8,17). No hay ningún lugar en la tierra que Su luz no alcance. El alma más negra, la noche más oscura, la profundidad más profunda, el pico más alto de la montaña. Nadie ni nada se esconde de Su luz gloriosa. Qué maravillosamente reconfortante, que no haya nada que nos pueda separar del amor de Dios, de la luz del Hijo. La próxima vez que veas zapatos con luces para niños pequeños, espero que te recuerde que incluso la luz de esos zapatos pequeños puede hacer toda la diferencia del mundo.

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Feature Image Credit: Jeremy Bishop,www.pexels.com/photo/person-standing-and-holding-lamp-inside-cave-2397414/

Living a Fiction / Viviendo el la Ficción

I love a good historical fiction story as much as anyone. It is fun to romanticize the past, to think about what life would have been like way back when (usually without much regard for the extreme poverty, lack of sanitation, rampant disease and other regular horrors the majority of people faced). Who wouldn’t have wanted to be a princess, or a knight, or a heroic figure of old? While the times of long dresses, swords, court intrigue, and paupers rising above their “station” have long since vanished, the tendency to idealize the past is just as alive and well in our day as it was in Jesus’ time.

In today’s Gospel, Jesus accuses the Pharisees of just this – fantasizing about the prophets of old and placing themselves into the narrative as righteous believers who never would have gone against the prophets’ teachings like the rest of the nation. In their efforts to grasp at holiness, the Pharisees went so far as to denounce their ancestors’ behavior by contrasting it with their fictitious claims that had they been there, they would have acted with moral superiority.  

It is very easy to talk about what we would do when considering an event long since past. It is quite another to be presented with that same event and actually need to act within it. Jesus is calling the Pharisees to task on this. Here He is, the Messiah, the one all the prophets pointed to, and there were the Pharisees, on the other side of the fence. They talked big talk, but never found the courage, faith, or trust to walk the walk.

We need to take care with this Gospel message, lest the accusations Jesus makes toward the Pharisees turn toward us. We are all human and we all make mistakes. It is another thing entirely, however, to speak ill of those who lived in the past. It is not fair to the people who have gone before us, who cannot defend their choices. It is also fiction, we tell ourselves in order to puff up our own pride, to make ourselves feel better than others. But at the end of the day, all that will remain is an empty shell of a story that was never ours to begin with.

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Me encanta una buena historia de ficción histórica tanto como a cualquiera. Es divertido idealizar el pasado, pensar en cómo habría sido la vida hace mucho tiempo (generalmente sin tomar en cuenta la pobreza extrema, la falta de saneamiento, las enfermedades desenfrenadas y otros horrores habituales que enfrentaba la mayoría de las personas). ¿Quién no hubiera querido ser una princesa, un caballero o una figura heroica de antaño? Si bien los tiempos de los vestidos largos, las espadas, las intrigas de la corte y los pobres que se elevaban por encima de su “estación” se desvanecieron hace mucho tiempo, la tendencia a idealizar el pasado está tan viva en nuestros días como lo estaba en el tiempo de Jesús.

En el Evangelio de hoy, Jesús acusa a los fariseos precisamente de esto: fantasear con los profetas de antaño y colocarse en la narración como creyentes justos que nunca habrían ido en contra de las enseñanzas de los profetas como el resto de la nación. En sus esfuerzos por captar la santidad, los fariseos llegaron a denunciar el comportamiento de sus antepasados al contrastarlo con sus afirmaciones ficticias de que, de haber estado allí, habrían actuado con superioridad moral.

Es muy fácil hablar de lo que haríamos cuando consideramos un evento que ha pasado hace mucho tiempo. Otra muy distinta es que se te presente el mismo evento y realmente necesites actuar dentro de él. Jesús está llamando a los fariseos a la esta tarea. Aquí está Él, el Mesías, al que señalaban todos los profetas, y allí estaban los fariseos, al otro lado de la valla. Hablaron mucho, pero nunca encontraron el coraje, la fe o la confianza para caminar por el camino.

Debemos tener cuidado con este mensaje evangélico, no sea que las acusaciones que Jesús hace a los fariseos se vuelvan contra nosotros. Todos somos humanos y todos cometemos errores. Sin embargo, otra cosa es hablar mal de los que vivieron en el pasado. No es justo para las personas que nos han precedido, que no pueden defender sus elecciones. También es ficción, nos decimos para inflar nuestro propio orgullo, para sentirnos mejores que los demás. Pero al final del día, todo lo que quedará es una cáscara vacía de una historia que, para empezar, nunca fue nuestra.

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A Good Mentor / Un Buen Mentor

It’s hard to hear when we are wrong. It’s especially difficult to discover what we hoped to achieve was within our grasp, but we failed at some small detail, which led to a much larger failure. Everyone likes the wording of Einstein’s quote about finding 1,000 ways not to make a lightbulb, instead of 1,000 failures before achieving what he sought to create. And while yes, this highlights the positive side of the coin, you can also see it as 1,000 failures. He persevered through them and learned from them to make his discovery. Two sides of the same coin. Sometimes, highlighting one side over the other is more effective for learning and growth. A good mentor knows which side to use and when.

In today’s Gospel, Jesus highlights a shortcoming of the disciples. He tells them that, due to their little faith, they were unable to cure the man’s son. Jesus is nothing if not frank with His disciples, there is no sugar-coating this teaching. They had to step up and step into the faith He was giving to them. They had failed. 

It’s not so easy to hear this kind of tough love moment from Jesus. One of the beautiful things about the Bible is that we are able to see Jesus from many angles. Jesus, God and man, is someone we will never fully understand. Yet, through the eyes of the four Gospel writers as well as St. Paul and the other letter writers, we are offered images, faces, or facets of Jesus. All are Jesus. But just as a precious gemstone has many facets which offer unique glimpses of the stone’s beauty, so too we are able to perceive different facets of Jesus in these stories.

Jesus is the gentle Good Shepherd, and He is also the King of Kings. Jesus is the sacrificial Lamb, and He is also the Lord of Hosts. Jesus is the humble Rabbi, and He is the Just Judge. In today’s Gospel, we see Jesus the mentor, the one who lovingly but without hesitation points out the places where we are falling short. He calls us, as He called the disciples, to greatness, not a mediocre effort. Jesus also reminds us that even when we do fall short, He never stops reaching out to us in love and compassion. His gift of faith is continually extended, the same faith He offered to His apostles.

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Es difícil escuchar cuando estamos equivocados. Es especialmente difícil descubrir que lo que esperábamos lograr estaba a nuestro alcance, pero fallamos en algún pequeño detalle, lo que condujo a un fracaso mucho mayor. A todos les gusta la redacción de las palabras de Einstein sobre encontrar 1000 formas de no hacer una bombilla, en lugar de 1000 fallas antes de lograr lo que buscaba crear. Y aunque sí, esto resalta el lado positivo de la moneda, también podemos verlo como 1000 fallas. Perseveró a través de ellos y aprendió de ellos para hacer su descubrimiento. Son dos lados de la misma moneda. A veces, resaltar un lado sobre el otro es más efectivo para el aprendizaje y el crecimiento. Un buen mentor sabe cuál lado utilizar y cuándo.

En el Evangelio de hoy, Jesús destaca un defecto de los discípulos. Les dice que, debido a su poca fe, no pudieron curar al hijo del hombre. Jesús es muy directo con sus discípulos, no hay forma de endulzar esta enseñanza. Tenían que dar un paso al frente y entrar en la fe que les estaba dando. Habían fallado.

No es tan fácil escuchar este tipo de momento de amor duro de parte de Jesús. Una de las cosas hermosas de la Biblia es que podemos ver a Jesús desde muchos ángulos. Jesús, Dios y hombre, es alguien a quien nunca entenderemos completamente. Sin embargo, a través de los ojos de los cuatro escritores de los Evangelios, así como de San Pablo y los otros escritores de cartas, se nos ofrecen imágenes, rostros o facetas de Jesús. Todos son Jesús. Pero así como una piedra preciosa tiene muchas facetas que ofrecen vislumbres únicos de la belleza de la piedra, también podemos percibir diferentes facetas de Jesús en estas historias.

Jesús es el gentil Buen Pastor, y también es el Rey de Reyes. Jesús es el Cordero del sacrificio, y también es el Señor de los Ejércitos. Jesús es el Rabino humilde, y es el Juez Justo. En el Evangelio de hoy, vemos a Jesús el Mentor, el que con amor pero sin dudarlo señala los lugares en los que nos estamos quedando cortos. Nos llama, como llamó a sus discípulos, a la grandeza, no a un esfuerzo mediocre. Jesús también nos recuerda que incluso cuando nos quedamos cortos, nunca deja de tendernos la mano con amor y compasión. Su don de fe se extiende continuamente, la misma fe que ofreció a sus apóstoles.

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