What is Your Mission? / ¿Cuál es tu Misión?

Jesus gave the Twelve authority and instructions, and then they went out and preached, drove out demons, anointed and cured. I had to stop and consider what I have been doing lately as a follower of Jesus. And then I thought, “Follower?” Is that all I am? No, it’s not. I am a believer who was baptized prophet, priest, and king, who can do the same as the Twelve did over 2,000 years ago. 

How am I doing with that call? You see, Jesus not only calls us but He asks us to do something. He wants us to follow him and then pick up our cross. He gives us instructions and authority to work in His name. It is not a quid pro quo relationship. Jesus saves us. Our response does not give us more salvation, but rather, it is our gratitude. It is a free response, an upward gaze that says, “Thank You, Jesus, now how can I help?”  It is faith. 

Are we living out and giving out what Jesus has given us? Imagine if the Twelve did not go out into the world. When the apostles go out, they pass on what has been given to them by Jesus. Were these extraordinary instructions and authority? Yes. And no. They are extraordinary in that they are from the Son of God. But not so extraordinary that they are reserved only for those twelve men.

If we profess to be a follower and a believer, there should be a need, a compulsion, a desire inside of us to bring Jesus to others, to show others that Jesus’ authority and instructions impact my life in what I do and how I treat others. The need is not to show off or act holier than thou, we do not win others to Christ that way. The need is, as Mother Theresa said, “to do small things with great love.” 

For many years, I thought I needed to do big, important things. I now realize that small things are often the most important, especially when done with love. The hidden, unseen works of love done for others may not always be recognized or appreciated. That is part of what we offer to God in thanksgiving. 

What I hear in this Gospel is the command to do as Jesus says. He does not call each of us to the same task or role, but each of us has a purpose with a particular mission. Your mission may change over time, (I know mine has) but if we begin with Jesus, we will be guided well and given what we need to move forward. Ask Jesus what your mission is right now. And once you know it, do it. 

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Jesús dio a los Doce autoridad e instrucciones, y luego salieron y predicaron, expulsaron demonios, ungieron y sanaron. Tuve que detenerme a considerar lo que he estado haciendo últimamente como seguidora de Jesús. Y luego pensé: “¿Seguidora?” ¿Eso es todo lo que soy? No, no lo es. Soy una creyente que fue bautizada como profeta, sacerdote y rey, que puede hacer lo mismo que hicieron los Doce hace más de 2.000 años.

¿Cómo me va con esa llamada? Es que, Jesús no sólo nos llama sino que nos pide que hagamos algo. Quiere que lo sigamos y luego carguemos nuestra cruz. Nos da instrucciones y autoridad para trabajar en Su nombre. No es una relación de toma y daca. Jesús nos salva. Nuestra respuesta no nos da más salvación, sino que es nuestro agradecimiento. Es una respuesta libre, una mirada hacia arriba que dice: “Gracias Jesús, ¿ahora en qué te puedo ayudar?”. Es la fe.

¿Estamos viviendo y dando lo que Jesús nos ha dado? Imagínate si los Doce no salieran al mundo. Cuando los apóstoles salen, transmiten lo que Jesús les ha dado. ¿Fueron estas instrucciones y autoridad extraordinarias? Sí. Y no. Son extraordinarios porque provienen del Hijo de Dios. Pero no tan extraordinarios como para que estén reservados sólo para esos doce hombres.

Si profesamos ser seguidores y creyentes, debería haber una necesidad, una compulsión, un deseo dentro de nosotros de llevar a Jesús a los demás, de mostrarles a los demás que la autoridad y las instrucciones de Jesús impactan mi vida en lo que hago y en cómo trato a los demás. La necesidad no es presumir o actuar más santo que los demás. No ganamos a otros para Cristo de esa manera. La necesidad es, como decía la Madre Teresa, “hacer las pequeñas cosas con gran amor”.

Durante muchos años pensé que necesitaba hacer cosas grandes e importantes. Ahora me doy cuenta de que las cosas pequeñas suelen ser las más importantes, especialmente cuando se hacen con amor. Es posible que las obras de amor ocultas e invisibles realizadas por los demás no siempre sean reconocidas o apreciadas. Eso es parte de lo que ofrecemos a Dios en acción de gracias.

Lo que escucho en este Evangelio es el mandamiento de hacer lo que dice Jesús. Él no nos llama a cada uno de nosotros a la misma tarea o rol, pero cada uno de nosotros tiene un propósito con una misión particular. Tu misión puede cambiar con el tiempo (sé que la mía sí), pero si comenzamos con Jesús, seremos bien guiados y se nos dará lo que necesitamos para seguir adelante. Pregúntale a Jesús cuál es tu misión en este momento. Y una vez que lo sepas, hazlo.

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Deanna G. Bartalini, M.Ed.; M.P.A., is a certified spiritual director, writer, speaker and content creator. The LiveNotLukewarm.com online community is a place to inform, engage and inspire your Catholic faith. Her weekly Not Lukewarm Podcast gives you tips and tools to live out your faith in your daily life.

Feature Image Credit: Jamie Street, unsplash.com/photos/_94HLr_QXo8 

Jesus Returns Home / Jesús Regresa a Casa

When Jesus returned home to Nazareth, His hometown, He could not perform mighty deeds because they lacked Faith. 

The Lord invites us to follow Him. He doesn’t force healing, inner peace, grace, or miracles on anyone. He respects our freedom, and yet our very freedom and free will to choose Christ can prevent us from encountering the live waters of Christ. Jesus provides us with a powerful example of how difficult it was to minister to the people from His hometown. If Jesus struggled to bring the people of Nazareth to encounter the Gospel, we must not be surprised or discouraged when our family and friends reject the Gospel message or leave the Catholic Faith. Our heart suffers and Jesus can relate to this deep pain, but He never wants us to fall into despair but rather to learn to trust in His divine intervention and continue to pray for them. Jesus wants our heart to be His refuge where He can find rest and an interpersonal relationship.

It says in the Gospel that Jesus was perplexed over their unbelief. Just think of the miracles He had planned for the people He grew up with and loved. I am sure He desired to bless them immensely, and instead, it says He could only heal a few sick people. I can only imagine how this broke His heart. And yet, His heart was still moved by the suffering, hearing their cry and healing them. 

Just think Mary, the Mother of God, was a neighborhood mother in this small town. She and St. Joseph spent many years in the people’s midst performing their daily tasks with great love and attention, yet, went unnoticed by most of their own people. Their ordinary life was extraordinary! We are invited to also pray to the Holy Family for continual strength and extra grace. 

Today, as we celebrate the feast of St. John Bosco, let us follow his example of serving others even when it isn’t popular or appreciated. St. John looked after the children and preached the Gospel and, as a result, made a lasting impact on them and the entire Church.

How often can we become discouraged by those who reject the Faith? Instead, let us turn to Christ, trust Him, and ask Him to pour grace into our family, friends, and those who have turned away from, especially those who once believed and now do not.

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Cuando Jesús regresó a Nazaret, su ciudad natal, no pudo realizar milagros porque la gente carecía de fe.

El Señor nos invita a seguirlo. No impone sanación, paz interior, gracia o milagros a nadie. Respeta nuestra libertad y, sin embargo, nuestra misma libertad y libre albedrío para elegir a Cristo pueden impedirnos encontrar las aguas vivas de Cristo. Jesús nos brinda un poderoso ejemplo de lo difícil que era ministrar a la gente de su ciudad natal. Si Jesús luchó para llevar al pueblo de Nazaret al encuentro del Evangelio, no debemos sorprendernos ni desanimarnos cuando nuestros familiares y amigos rechazan el mensaje del Evangelio o abandonan la fe católica. Nuestro corazón sufre y Jesús puede identificarse con este profundo dolor, pero Él nunca quiere que caigamos en la desesperación sino que aprendamos a confiar en Su intervención divina y sigamos orando por ellos. Jesús quiere que nuestro corazón sea su refugio donde pueda encontrar descanso y una relación interpersonal.

Dice en el Evangelio que Jesús estaba perplejo por su incredulidad. Basta pensar en los milagros que había planeado para las personas con las que creció y amó. Estoy seguro de que deseaba bendecirlos inmensamente y, en cambio, dice que solo pudo sanar a unos pocos enfermos. Sólo puedo imaginar cómo esto le rompió el corazón. Y, sin embargo, su corazón todavía estaba conmovido por el sufrimiento, escuchando su clamor y sanándolos.

Basta pensar que María, la Madre de Dios, era madre de barrio en este pequeño pueblo. Ella y San José pasaron muchos años en medio del pueblo realizando sus tareas diarias con gran amor y atención, sin embargo, pasaron desapercibidas para la mayoría de su propio pueblo. ¡Su vida ordinaria era extraordinaria! Estamos invitados a orar también a la Sagrada Familia por fuerza continua y gracia adicional.

Hoy, mientras celebramos la fiesta de San Juan Bosco, sigamos su ejemplo de servir a los demás incluso cuando no sea popular ni apreciado. San Juan cuidó a los niños y predicó el Evangelio y, como resultado, tuvo un impacto duradero en ellos y en toda la Iglesia.

¿Con qué frecuencia podemos desanimarnos por aquellos que rechazan la fe? En cambio, recurramos a Cristo, confiemos en Él y pidámosle que derrame gracia sobre nuestra familia, amigos y aquellos que se han alejado de Dios, especialmente aquellos que una vez creyeron y ahora no creen.

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Emily Jaminet is a Catholic author, speaker, radio personality, wife, and mother of seven children. She earned a bachelor’s degree in mental health and human services from the Franciscan University of Steubenville.  She is the co-founder of www.inspirethefaith.com and the Executive Director of The Sacred Heart Enthronement Network www.WelcomeHisHeart.com. She has co-authored several Catholic books and her next one, Secrets of the Sacred Heart: Claiming Jesus’ Twelve Promises in Your Life, comes out in Oct. 2020. Emily serves on the board of the Columbus Catholic Women’s Conference, contributes to Relevant Radio and Catholic Mom.com.

Feature Image Credit: Jean Pierre Teullet, cathopic.com/photo/33289-holy-family-house

Extremes / Dos Extremos

Sometimes life seems to be full of extremes. Either it’s hot or it’s cold. Either it’s too rainy or too dry. Either it’s eerily quiet or it’s annoyingly loud. Having lived in Michigan for most of my life, I often experience these extremes when it comes to the weather. It seems like we go straight from winter to summer and from summer right back to winter with very little spring or fall in between. If we’re lucky, we may get a couple weeks of sweatshirt weather before dragging out the winter coats or stripping down to T-shirts, but usually it’s either construction season or plowing season in these parts. 

This past fall, I experienced extremes of a different sort. I went from being unemployed all summer, to working 3 part-time jobs all at once. It seemed that every contact I had made had something for me to do all of a sudden. At times I worked all day and then worked on projects from home until ten o’clock at night. It was feast or famine, and in this case, the feast was VERY filling.

The thing about extremes is that they always seem to present us with an opportunity to complain. “Ugg! I’m sooo bored!” or “Man, I’m sooo busy!” The challenge is to be grateful for all things, no matter what we may be experiencing. For it is God who allows seasons of scarcity and seasons of plenty, that our hearts may not grow lukewarm, but rather rely on Him always. 

In today’s Gospel we witness the great faith of two women, one whose daughter was about to die and one who had been ill for twelve years. Both understood the saving power of God. Both trusted that Jesus could heal. Both approached Him for help in their time of need. And Jesus healed them both. The first woman’s daughter was raised from the dead and the other woman’s flow of blood dried up. The reference to faith in both instances is significant. “Daughter, your faith has saved you.” He says, and again, “Do not be afraid; just have faith.”

What does your faith look like right now? Do you find yourself in an extreme situation? Are you suffering illness or despair or heartbreak? Do you, like the women in today’s Gospel, seek out Jesus in your time of need? I pray that you do, whether your heart be hot or cold or somewhere in between. 

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A veces la vida parece estar llena de extremos. O hace calor o hace frío. O está demasiado lluvioso o demasiado seco. O es inquietantemente silencioso o es irritantemente ruidoso. Habiendo vivido en Michigan la mayor parte de mi vida, a menudo experimento estos extremos con respecto al clima. Parece que pasamos directamente del invierno al verano y del verano al invierno con muy poca primavera u otoño en el medio. Si tenemos suerte, es posible que tengamos un par de semanas de clima de sudaderas antes de sacar los abrigos de invierno o quitarnos las camisetas, pero generalmente es temporada de construcción o temporada de barredora de nieve en estas partes.

El otoño pasado experimenté extremos de un tipo diferente. Pasé de estar desempleado todo el verano a tener 3 trabajos a tiempo parcial a la vez. Parecía que cada contacto que había hecho tenía algo que hacer de repente. Por momentos trabajaba todo el día y luego trabajaba en proyectos desde la casa hasta las diez de la noche. Era fiesta o hambruna, y en este caso, la fiesta era MUY abundante.

Lo que pasa con los extremos es que siempre parecen brindarnos una oportunidad para quejarnos. “¡Ugg! ¡Estoy tan aburrida! o “¡Hombre, estoy muy ocupado!” El desafío es estar agradecido por todas las cosas, sin importar lo que estemos experimentando. Porque es Dios quien permite tiempos de escasez y tiempos de abundancia, para que nuestro corazón no se entibie, sino que dependa siempre de Él.

En el evangelio de hoy somos testigos de la gran fe de dos mujeres, una cuya hija estaba a punto de morir y otra que llevaba doce años enferma. Ambos entendieron el poder salvador de Dios. Ambos confiaron en que Jesús podía sanar. Ambos se acercaron a Él en busca de ayuda en su momento de necesidad. Y Jesús sanó a ambos. La hija de la primera mujer resucitó de entre los muertos y el flujo de sangre de la otra mujer se secó. La referencia a la fe en ambos casos es significativa. “Hija, tu fe te ha salvado”. Él dice una y otra vez: “No temáis; solo ten fe.”

¿Cómo está tu fe en este momento? ¿Te encuentras en una situación extrema? ¿Estás sufriendo una enfermedad, desesperación o angustia? Como las mujeres del Evangelio de hoy, ¿buscas a Jesús en los momentos de necesidad? Espero que sí, ya sea que tu corazón esté caliente o frío o en algún punto intermedio.

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Feature Image Credit: Matt Hoffman, unsplash.com/photos/_v0xhIT715g


Tami Urcia grew up in Western Michigan, a middle child in a large Catholic family. She spent early young adulthood as a missionary in Mexico, studying theology and philosophy, then worked and traveled extensively before finishing her Bachelor’s Degree in Western Kentucky. She loves tackling projects, finding fun ways to keep her little ones occupied, quiet conversation with the hubby and finding unique ways to love. She works full time, is a guest blogger on CatholicMom.com and BlessedIsShe.net, and has been doing Spanish translations on the side for over 20 years.

God’s Strange Providence / La Extraña Providencia de Dios

In the first reading, David shows profound humility. After his sin with Bathsheba and Uriah, he is experiencing the breakdown of his kingdom and the personal cost of grave sin. David has many reasons to be dejected, and many reasons to be angry, but he still attempts to follow the Lord.

Although David has already received a great deal of trial as a result of his sin, he still has much more to endure, let alone dealing with the annoyance and insult of being followed by Shimei, who is cursing him and throwing rocks at him. Most people would bristle at such treatment, and Abishai reacts typically: “Why should this dead dog curse my lord the king? Let me go over, please, and lop off his head” (2 Sam. 16:9).

Instead of entertaining Abishai’s request, David submits to God’s judgment: “Let him alone and let him curse, for the Lord has told him to. Perhaps the Lord will look upon my affliction and make it up to me with benefits for the curses he is uttering this day” (2 Sam. 16:11–12). He knows that he deserves this treatment. More than that, he knows that if the Lord has allowed this to happen, there is a reason for it, and that it can bear fruit if endured well.

The Gerasenes don’t understand this truth. When Our Lord comes to them and exorcises the local demoniac, they run Him out of the territory. It is not immediately clear why they do this, but we can assume that Jesus caused quite a shock. The people are already on edge because of the demoniac hanging around their graveyard since he was so powerful that “no one was strong enough to subdue him” (Mark 5:4). After a dramatic encounter, Jesus casts out the demons, but assents to their request to be let into a herd of swine.

Jesus does the Gerasenes a great service, but at the cost of two thousand swine, which are drowned in the sea. We might think this amazing — and it is — but surely it was at least as inconvenient for the swineherds to deal with the loss of two thousand livestock and the pollution of the sea as it was for David to deal with Shimei’s curses and rocks. Instead of accepting their strange situation as from God, and therefore worth bearing patiently, they “began to beg [Jesus] to leave their district” (Mark 5:17). They knew that Jesus allowed for the difficulty, but they did not want to accept that it could work out for good.

We can take these scenarios and see that God allows both good and ill to befall us, and sometimes we won’t understand why. His will for us in these times is to accept the circumstances that are given to us and respond with humility, knowing that He allows all things to work together for good for those who love Him.

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En la primera lectura, David muestra una profunda humildad. Después de su pecado con Betsabé y Urías, está experimentando el colapso de su reino y el costo personal de un pecado grave. David tiene muchas razones para estar abatido y muchas razones para estar enojado, pero aún así intenta seguir al Señor.

Aunque David ya ha recibido muchas pruebas como resultado de su pecado, todavía tiene mucho más que soportar, y mucho menos lidiar con la molestia y el insulto de ser seguido por Simei, quien lo maldice y le arroja piedras. La mayoría de la gente se enojaría ante tal trato, y Abisai reacciona típicamente: “¿Por qué se ha de poner a maldecir a mi señor ese perro muerto? Déjame ir a donde está y le corto la cabeza” (2 Sam 16,9).

En lugar de aceptar la petición de Abisai, David se somete al juicio de Dios: “Déjenlo que me maldiga, pues se lo ha ordenado el Señor. Tal vez el Señor se apiade de mi aflicción y las maldiciones de hoy me las convierta en bendiciones” (2 Sam 16,11-12). Él sabe que merece este trato. Más aún, sabe que si el Señor lo ha permitido, es por alguna razón, y que puede dar fruto si lo soporta bien.

Los gerasenos no comprenden esta verdad. Cuando Nuestro Señor viene a ellos y exorciza al endemoniado local, lo echan del territorio. No queda inmediatamente claro por qué hacen esto, pero podemos suponer que Jesús causó un gran shock. La gente ya está nerviosa por el endemoniado que merodea alrededor de su cementerio, ya que era tan poderoso que “nadie tenía fuerzas para dominarlo” (Marcos 5,4). Después de un encuentro dramático, Jesús expulsa a los demonios, pero accede a su petición de entrar en una piara de cerdos.

Jesús hace un gran servicio a los gerasenos, pero a costa de dos mil cerdos, que se ahogan en el mar. Podríamos pensar que esto es sorprendente, y lo es, pero seguramente fue al menos tan inconveniente para los porquerizos lidiar con la pérdida de dos mil cabezas de ganado y la contaminación del mar como lo fue para David lidiar con las maldiciones y las rocas de Simei. En lugar de aceptar su extraña situación como procedente de Dios y, por lo tanto, digna de ser soportada con paciencia, “Ellos comenzaron a rogarle a Jesús que se marchara de su comarca” (Marcos 5,17). Sabían que Jesús permitía la dificultad, pero no querían aceptar que pudiera resultar para bien.

Podemos tomar estos escenarios y ver que Dios permite que nos sucedan tanto el bien como el mal, y a veces no entenderemos por qué. Su voluntad para nosotros en estos tiempos es aceptar las circunstancias que se nos presenten y responder con humildad, sabiendo que Él permite que todas las cosas obren para el bien de quienes lo aman.

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David Dashiell is a freelance author and editor in Nashville, Tennessee. He has a master’s degree in theology from Franciscan University, and is the editor of the anthology Ever Ancient, Ever New: Why Younger Generations Are Embracing Traditional Catholicism.

Feature Image Credit: Amor Santo, cathopic.com/photo/2657-after-taking-the-communion

Turn Solely to the Lord / Volver a Dios Únicamente

Today’s Gospel states, “The people were astonished at his teaching, for he taught them as one having authority.” What  does “authority” mean? Whether we feel the most helpless, or in total control of everything around us, Christ always has the power to take over. At times he allows suffering. Other times He will cure or even provide miracles. The when and why are a mystery, but what is clear is that such encounters, the sweetest and the most sorrowful, help us to recognize our reliance on His dominion. 

In today’s world, many often try to survive day to day as if God doesn’t exist. We go about our worldly business ignorant and distracted. Sometimes when things get bad we still try to take it into our own hands, afraid to ask for help. Yet we were never created to exist without God. In fact, CS Lewis once wrote, “The worst thing we can do to God is leave him alone.” God longs for us. He thirsts for us. 

Let us continue to be amazed in today’s day and age, just like those who witnessed Christ’s miracles firsthand. For His great deeds continue to live on forever. May we always be thankful and eager to respond with similar love for one another. 

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El Evangelio de hoy dice: “Los oyentes quedaron asombrados de sus palabras, pues enseñaba como quien tiene autoridad”. ¿Qué significa “autoridad”? Ya sea que nos sintamos más impotentes o que tengamos el control total de todo lo que nos rodea, Cristo siempre tiene el poder de tomar el control. A veces permite el sufrimiento. Otras veces curará o incluso hará milagros. El cuándo y el por qué son un misterio, pero lo que está claro es que tales encuentros, los más dulces y los más dolorosos, nos ayudan a reconocer nuestra confianza en Su dominio.

En el mundo actual, muchos suelen intentar sobrevivir día a día como si Dios no existiera. Nos ocupamos de nuestros asuntos mundanos ignorantes y distraídos. A veces, cuando las cosas se ponen mal, todavía intentamos tomar el asunto en nuestras propias manos, temerosos de pedir ayuda. Sin embargo, nunca fuimos creados para existir sin Dios. De hecho, CS Lewis escribió una vez: “Lo peor que podemos hacerle a Dios es dejarlo en paz”. Dios nos anhela. Él tiene sed de nosotros.

Sigamos asombrados hoy en día, como aquellos que presenciaron de primera mano los milagros de Cristo. Porque sus obras grandes siguen viviendo para siempre. Que siempre estemos agradecidos y deseosos de responder al prójimo con ese mismo amor.

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Dr. Alexis Dallara-Marsh is a board-certified neurologist who practices in Bergen County, NJ. She is a wife to her best friend, Akeem, and a mother of two little ones on Earth and two others in heaven above.

Feature Image Credit: Dulce María, cathopic.com/photo/3450-corpus-christi-procession

Faith / La Fe

The text in today’s Gospel triggers many reactions in me. You know the story. Jesus gets in the boat with the apostles. He falls asleep on a cushion in the back of the boat. A violent storm hits and starts to swamp the boat. The disciples panic. They wake Jesus asking why He doesn’t care that they are perishing. 

I picture Jesus shaking his head in wonder and frustration thinking, “Really?! Again with this doubt? Where is your faith that I am with you, at all times, no matter the circumstance?”

St. Angela Merici showed undoubting faith during her lifetime. The youngest of five, Angela and her sister took a vow of chastity before she turned ten years of age. Her parents and sister soon died. Angela, along with her youngest brother went to live with an uncle. Angela became a member of the Third Order of Franciscans (now known as the Order of Secular Franciscans) as a young woman so she could receive the Eucharist every day and dedicate her life to serve Christ in the world around her.

When Angela was sixty one, she had a vision to educate young girls in Christian doctrine and to take care of the sick and poor. Angela founded “the Company of St. Ursula”. The Ursulines, an order dedicated to educating girls exists to this day because of St. Angela’s unwavering faith and trust in the Lord’s guidance through many difficult situations throughout her life.

Many times I have had challenging situations in my life. There were many instances when I didn’t have faith in the Lord. The consequences of turning my back and not relying on His presence in my life, no matter the circumstance, lead to my making terrible choices which have had long term effects. No one can go back and undo the past. My past has shaped my faith journey. It has helped me learn to pray, to study, to trust, to look, and listen for the Lord throughout my day. I have learned to take the time to discern what is right for me as I navigate storms, deaths and changes in all aspects of my life. 

Please pray with me for intercession from St. Angela, for an increase in faith and dedication to the path Our Lord Jesus Christ has for each of our lives.

O Lord, Saint Angela fell in love with God at a young age and fostered that love through hard times. After many within her beloved family passed away, God gave her new children to care for as a spiritual mother. St. Angela, please pray for me, that I may learn from your example of faith, caring for those whom God has placed in my life, my community, and in the world, devoting myself to serving all in accord with God’s perfect will. Saint Angela, pray for me. Jesus, I trust in You. Amen.

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El texto del evangelio de hoy provoca en mí muchas reacciones. Ya conoces la historia. Jesús sube al barco con los apóstoles. Se queda dormido sobre un cojín en la parte trasera del barco. Una violenta tormenta azota y comienza a inundar el barco. Los discípulos entran en pánico. Despiertan a Jesús preguntándole por qué no le importa que estén pereciendo.

Me imagino a Jesús sacudiendo la cabeza con asombro y frustración pensando: “¡¿En serio?! ¿Otra vez con esta duda? ¿Dónde está tu fe en que Yo estoy contigo, en todo momento, sin importar las circunstancias?

Santa Ángela Merici mostró una fe indudable durante su vida. Ángela, la menor de cinco hermanos, y su hermana hicieron voto de castidad antes de que ella cumpliera diez años. Sus padres y su hermana murieron poco tiempo después. Ángela, junto con su hermano menor, se fueron a vivir con un tío. Ángela se convirtió en miembro de la Tercera Orden de los Franciscanos (ahora conocida como la Orden de los Franciscanos Seglares) cuando era joven para poder recibir la Eucaristía todos los días y dedicar su vida a servir a Cristo en el mundo que la rodeaba.

Cuando Ángela tenía sesenta y un años, tuvo la visión de educar a las jóvenes en la doctrina cristiana y cuidar de los enfermos y los pobres. Ángela fundó “la Compañía de Santa Úrsula”. Las Ursulinas, una orden dedicada a educar a las niñas, existe hasta el día de hoy gracias a la fe inquebrantable de Santa Ángela y su confianza en que el Señor la guiara a través de muchas situaciones difíciles a lo largo de su vida.

Muchas veces he tenido situaciones desafiantes en mi vida. Hubo muchos casos en los que no tuve fe en el Señor. Las consecuencias de darle la espalda y no confiar en Su presencia en mi vida, sin importar las circunstancias, me llevaron a tomar decisiones terribles que han tenido efectos a largo plazo. Nadie puede volver atrás y deshacer el pasado. Mi pasado ha dado forma a mi camino de fe. Me ha ayudado a aprender a orar, estudiar, confiar, mirar y escuchar al Señor a lo largo de mi día. He aprendido a tomarme el tiempo para discernir lo que es correcto para mí mientras navego por tormentas, muertes y cambios en todos los aspectos de mi vida.

Les invito a pedir conmigo por la intercesión de Santa Ángela, por un aumento en la fe y la dedicación al camino que Nuestro Señor Jesucristo tiene para cada una de nuestras vidas.

Oh Señor, Santa Ángela se enamoró de Dios desde muy joven y fomentó ese amor en tiempos difíciles. Después de que muchos miembros de su amada familia fallecieron, Dios le dio nuevos hijos para que los cuidara como una madre espiritual. Santa Ángela, por favor ora por mí, para que pueda aprender de tu ejemplo de fe, cuidando a quienes Dios ha puesto en mi vida, mi comunidad y en el mundo, dedicándome a servir a todos de acuerdo con la perfecta voluntad de Dios. Santa Ángela, ruega por mí. Jesús, en Ti confío. Amén.

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Beth Price is part of the customer care team at Diocesan. She is a Secular Franciscan (OFS) and a practicing spiritual director. Beth shares smiles, prayers, laughter, a listening ear and her heart with all of creation. Reach her here bprice@diocesan.com.

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In Awe of All God Does / Asombrados por Todo lo que Dios Hace

I’ll be the first to admit I don’t have a green thumb. My attempts at gardening and planting are very limited. Perhaps for this very reason, I am still in awe when some green thing under my care actually flourishes. A few months ago I rescued two leaves which had been unceremoniously cut off from a plant so that it would have more room to grow. I place them in a small dish of water “just to see what would happen.” Maybe I can grow another plant, I thought. Then I promptly left on retreat for two weeks.

Imagine my excitement upon my return when I noticed that each leaf had the tiniest white roots at their base! Clearly, I couldn’t take the glory for this gardening miracle. I hadn’t even been home. But there it was. The water almost evaporated in the dish that had become their home, and yet these leaves rescued from the garbage two weeks earlier were now beginning to become new plants.

“This is how it is with the Kingdom of God; it is as if a man were to scatter seed on the land and would sleep and rise night and day and the seed would sprout and grow, he knows not how.”

The Kingdom of God begins in the quietest of ways, in a word of encouragement, an offer to pick up something at the grocery store for a housebound neighbor, a prayer for the world as it suffers the disharmony caused by war and falsehood, and a decision to use social media responsibly. We might feel that in the face of the needs of others, our contribution is small. But isn’t that the point? It is not our contribution at all, it is the Kingdom of God. We take the next good step in the important and more insignificant moments of our life, and God is the one who grants growth. 

Timothy and Titus were disciples of the great apostle Paul. They learned from him the power of the Word, that it is not our actions and proclamations that make the difference, but the power of God in Christ who does all things. So have great courage that your work in the Lord’s field, whatever it may be, will bear God’s great fruit.

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Seré el primero en admitir que no tengo mucho talento para la jardinería. Mis intentos de jardinería y plantación son muy limitados. Quizás por esta misma razón, todavía me siento asombrada cuando algo verde bajo mi cuidado realmente florece. Hace unos meses rescaté dos hojas que habían sido cortadas de una planta para que tuviera más espacio para crecer. Los coloqué en un plato pequeño con agua “sólo para ver qué pasa”. Tal vez pueda cultivar otra planta, pensé. Luego me fui de retiro por dos semanas.

¡Imagina mi emoción a mi regreso cuando noté que cada hoja tenía unas raíces blancas muy pequeñas en su base! Claramente, no podía llevarme la gloria por este milagro de jardinería. Ni siquiera había estado en casa. Pero ahí estaba. El agua estaba casi evaporada en el plato que se había convertido en su hogar y, sin embargo, estas hojas rescatadas de la basura dos semanas antes comenzaban ahora a convertirse en nuevas plantas.

El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece.”

El Reino de Dios comienza de la manera más tranquila: con una palabra de aliento, una oferta para comprar algo en el supermercado para un vecino confinado en casa, una oración por el mundo que sufre la falta de armonía causada por la guerra y la falsedad, y una decisión de utilizar las redes sociales de manera responsable. Podríamos sentir que frente a las necesidades de los demás, nuestra contribución es pequeña. ¿Pero no es ese el punto? No es nuestra contribución en absoluto, es el Reino de Dios. El siguiente buen paso lo damos en los momentos importantes y más insignificantes de nuestra vida, y Dios es quien concede el crecimiento.

Timoteo y Tito fueron discípulos del gran apóstol Pablo. Aprendieron de él el poder de la Palabra, que no son nuestras acciones y proclamaciones las que marcan la diferencia, sino el poder de Dios en Cristo que hace todas las cosas. Así que ten mucho ánimo para que tu trabajo en el campo del Señor, cualquiera que sea, dé el gran fruto de Dios.

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Sr. Kathryn J. Hermes

Sr. Kathryn James Hermes, FSP, is an author and offers online evangelization as well as spiritual formation for people on their journey of spiritual transformation and inner healing. Website: www.touchingthesunrise.com My Books: https://touchingthesunrise.com/books/
Public Facebook Group: https://www.facebook.com/groups/srkathrynhermes/ HeartWork Spiritual Formation Group: https://touchingthesunrise.com/heartwork/

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The Conversion of St. Paul / La Conversión de San Pablo

Paul had no way of knowing when he awoke on the day he planned to descend on Damascus and take the followers of Jesus captive and put them in prison, that he himself stood on a threshold….No way of knowing that he himself would be taken captive that day, that he would be captured and captivated by the One for whom he would live the rest of his life….

There in the dust on the outskirts of Damascus, radiant light all around him, his eyes in darkness, confusion swirling in his heart, he was uprooted from one life and planted into another with his response, “Lord, what would you have me do?” 

Transition moments are rarely neat. They aren’t pretty. Sometimes they don’t even make sense. Paul’s conversion, which we celebrate in the liturgy on January 25, appears quite dramatic and immensely important. We’ve witnessed for 2000 years how the life and teaching of this greatest of apostles has transformed the Church and powerfully influenced the world.

I am sure, however, that as Paul reached out for help when he stumbled to stand up, and as he was led by the hand like a child into the very city his arrival had been such a cause for alarm just a day prior, it was far from glorious. With every humiliating and faltering step into the city of Damascus, Paul was no doubt met with the comments and astonished jeers of bystanders.

When we are done being captivated by our great plans and stunning ideas and surrender to the Lord who takes us captive through similar not-so-pretty situations, we are also at a threshold in our lives. And this moment can seem equally inglorious. It can be difficult to hope that the closing of a door is offering a future ripe with new possibilities. 

At these moments, remember this: You, like Paul, have been made for a purpose greater than anything you could imagine. You, like Paul, have been made for something far more than this world. After that meeting with Jesus on his way to Damascus, Paul didn’t just change his behavior, or his goals, or his actions. Paul allowed God to pull him up into his own mighty mystery and unfold selfless love to the world.

After his “conversion” Paul belonged entirely to God, but he also belonged most truly to himself. He now knew deeply the reason for which he had been born. His joy grew from strength to strength, even in suffering and weakness, as he discovered every day how glorious it is to be remade in the image of Christ for the glory of God the Father. This is the promise held out to each of us as we celebrate this feast in the Church. 

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Pablo no tenía manera de saber cuando se despertó el día en que planeaba descender a Damasco y tomar cautivos a los seguidores de Jesús y ponerlos en prisión, que él mismo estaba en un umbral… No había manera de saber que él mismo iba a ser llevado cautivo ese día, que sería capturado y cautivado por Aquel por quien viviría el resto de su vida…

Allí, en el polvo de las afueras de Damasco, con una luz radiante a su alrededor, sus ojos en oscuridad, la confusión dando vueltas en su corazón, fue desarraigado de una vida y plantado en otra con su respuesta: “Señor, ¿qué quieres que haga?”

Los momentos de transición rara vez son claros. No son bonitos. A veces ni siquiera tienen sentido. La conversión de Pablo, que celebramos en la liturgia del 25 de enero, parece bastante dramática e inmensamente importante. Hemos sido testigos durante 2000 años de cómo la vida y las enseñanzas de este gran apóstol han transformado la Iglesia e influido poderosamente en el mundo.

Estoy seguro, sin embargo, de que cuando Pablo buscó ayuda cuando tropezó al levantarse, y cuando fue llevado de la mano como un niño a la misma ciudad, su llegada había sido motivo de tal alarma apenas un día antes, que era lejos de ser glorioso. Con cada paso humillante y vacilante hacia la ciudad de Damasco, Pablo sin duda se encontraba con los comentarios y las burlas atónitas de los transeúntes.

Cuando terminamos de dejarnos cautivar por nuestros grandes planes e ideas sorprendentes y nos rendimos al Señor que nos lleva cautivos a través de situaciones similares no tan bonitas, también estamos en un umbral en nuestras vidas. Y este momento puede parecer igualmente vergonzoso. Puede resultar difícil esperar que el cierre de una puerta ofrezca un futuro lleno de nuevas posibilidades.

En estos momentos, recuerda esto: tú, como Pablo, has sido creado para un propósito mayor que cualquier cosa que puedas imaginar. Tú, como Pablo, has sido creado para algo mucho más que este mundo. Después de ese encuentro con Jesús en su camino a Damasco, Pablo no sólo cambió su comportamiento, ni sus objetivos, ni sus acciones. Pablo permitió que Dios lo arrastrara hacia su propio misterio poderoso y desplegara su amor desinteresado al mundo.

Después de su “conversión”, Pablo pertenecía enteramente a Dios, pero también se pertenecía verdaderamente a sí mismo. Ahora conocía profundamente la razón por la que había nacido. Su gozo creció de fuerza en fuerza, incluso en el sufrimiento y la debilidad, mientras descubría cada día cuán glorioso es ser rehecho a la imagen de Cristo para la gloria de Dios Padre. Ésta es la promesa que se nos ofrece a cada uno de nosotros al celebrar esta fiesta en la Iglesia.

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Sr. Kathryn J. Hermes

Sr. Kathryn James Hermes, FSP, is an author and offers online evangelization as well as spiritual formation for people on their journey of spiritual transformation and inner healing. Website: www.touchingthesunrise.com My Books: https://touchingthesunrise.com/books/
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Feature Image Credit: Bartolomé Esteban Murillo, Wikimedia Commons https://commons.wikimedia.org/wiki/Category:Conversion_of_Saint_Paul#/media/File:La_conversi%C3%B3n_de_san_Pablo_(Murillo).jpg

Persistence and Faith / La Persistencia y la Fe

I am currently running RCIA at our parish and during one of the very first classes one of our parishioners asked me what happens if they get through the class and they still struggle with some of the teachings of the Church. I ultimately said that if you get to the end of the classes and you don’t struggle with any of the Church’s teachings then maybe you misunderstood them. The teachings we are to follow can sometimes be really hard, and yet, God calls us to a higher standard and gives us the grace to carry them out. Of course we are going to struggle, that is precisely why we need the Lord. 

In today’s Gospel you can almost hear the frustration in Jesus’ voice when he proclaims a fairly simple parable, and the Apostles don’t understand it. He continues to explain it and try to teach it differently and it falls on confused ears. I think we have all been there at one time or another with a teaching of the Church. We want to grasp it, we want to believe it wholeheartedly, but it is difficult. Have you ever done the thing where you think if you pray hard enough during adoration that the host will start to bleed and you’ll be in the news as someone who witnessed a eucharistic miracle? The Eucharist itself is so hard to grasp and we just want to understand it so badly, but it’s difficult. 

Thankfully, Jesus knew this would be the case. We are not called to understand everything perfectly. What we are called to do though is trust in the one who is doing the explaining. This does not mean we throw reason out the window, but when we get stuck in our own heads and the limitations of science, it’s time to trust the One who created our brains and created science. 

Today is the feast day of one of my favorite saints, St. Francis de Sales. He was a bishop and doctor of the Church, but even with as smart as he was, he also knew there would be things he didn’t know fully. He once said, “When you encounter difficulties and contradictions, do not try to break them, but bend them with gentleness and time.” 

I think this is good advice for us all and it is great advice for those coming into the Church. Conversion takes time. God wants to work on us throughout our entire lives, not just fix us once and abandon us. Let us pray for the grace today to have perseverance when we struggle and faith to trust in the one who made all things and holds us in his hands. 

From all of us here at Diocesan, God bless!

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Estoy dirigiendo el programa de RICA en nuestra parroquia y durante una de las primeras clases uno de nuestros feligreses me preguntó qué pasaría si terminaran la clase y todavía tenían dificultades con algunas de las enseñanzas de la Iglesia. Al final le dije “Si llegas al final de las clases y no tienes problemas con ninguna de las enseñanzas de la Iglesia, entonces tal vez las hayas entendido mal.” Las enseñanzas que debemos seguir a veces pueden ser muy difíciles y, sin embargo, Dios nos llama a un estándar más alto y nos da la gracia para llevarlas a cabo. Por supuesto que vamos a luchar, precisamente por eso necesitamos al Señor.

En el Evangelio de hoy casi se puede escuchar la frustración en la voz de Jesús cuando proclama una parábola bastante simple y los Apóstoles no la entienden. Continúa explicándolo y tratando de enseñarlo de otra manera y cae en oídos confundidos. Creo que todos hemos estado allí en algún momento u otro con una enseñanza de la Iglesia. Queremos comprenderlo, queremos creerlo de todo corazón, pero es difícil. ¿Alguna vez has hecho eso de pensar que si oras lo suficiente durante la adoración la hostia comenzará a sangrar y aparecerás en las noticias como alguien que fue testigo de un milagro eucarístico? La Eucaristía en sí es muy difícil de entender y tenemos tantas ganas de entenderla, pero es difícil.

Afortunadamente, Jesús sabía que este sería el caso. No estamos llamados a entender todo perfectamente. Sin embargo, lo que estamos llamados a hacer es confiar en quien da las explicaciones. Esto no significa que arrojemos la razón por la ventana, pero cuando nos quedamos atrapados en nuestras propias cabezas y en las limitaciones de la ciencia, es hora de confiar en Aquel que creó nuestros cerebros y creó la ciencia.

Hoy es la fiesta de uno de mis santos favoritos, San Francisco de Sales. Era obispo y doctor de la Iglesia, pero incluso con lo inteligente que era, también sabía que habría cosas que no conocía del todo. Una vez dijo: “Cuando encuentres dificultades y contradicciones, no intentes romperlas, sino doblarlas con gentileza y tiempo”.

Creo que este es un buen consejo para todos nosotros y un gran consejo para quienes ingresan a la Iglesia. La conversión lleva tiempo. Dios quiere trabajar en nosotros durante toda nuestra vida, no sólo arreglarnos una vez y abandonarnos. Oremos hoy por la gracia de tener perseverancia cuando luchamos y fe para confiar en Aquel que hizo todas las cosas y nos sostiene en sus manos.

De parte de todos nosotros aquí en Diocesano, ¡Dios los bendiga!

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Tommy Shultz is a Business Development Representative for Diocesan. In this role he is committed to bringing the best software to dioceses and parishes while helping them evangelize on the digital continent. Tommy has worked in various diocese and parish roles since his graduation from Franciscan University with a Theology degree. He hopes to use his skills in evangelization, marketing, and communications, to serve the Church and bring the Good News to all. His favorite quote comes from St. John Paul II, who said, “A person is an entity of a sort to which the only proper and adequate way to relate is love.”

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Brothers and Sisters of Christ / Hermanos y Hermanas de Cristo

In today’s Gospel reading, Jesus told the crowd, “Whoever does the will of God is my brother and sister and mother.”

What does He mean by that? Just as we all belong to our families here on earth, we all belong to God. But just as we can reject our families here on earth, we can reject our Lord. Jesus is reminding us to follow His laws, to listen to His teachings, and to rely on Him during difficult times and during times of joy so that we will find our reward in heaven.

As we reflect upon Jesus’ words, let us also think about a very special saint, whose feast day we celebrate today. St. Marianne Cope spent her life doing the will of God, even when it was terribly difficult. Marianne was born in 1838 in Germany, but she moved to New York when she was a toddler. She felt called to serve Christ and the Church, but had to help support her family when her father became ill. She worked in a factory until the age of 24, when she entered the Sisters of St. Francis. She then began teaching at elementary schools in the New York area and helped establish hospitals. 

In 1883, Marianne received a letter asking for volunteers to go to the Hawaiian Islands to serve the lepers in the leper colony of Molokai. She and six other sisters volunteered. At first, Marianne worked at the hospital that served as a receiving station for new people coming onto the island. She and the other sisters cleaned up the hospital so the conditions weren’t so deplorable. In addition, they built a home inside the hospital compound to take care of the healthy children of those with leprosy. 

A few years later, when the government shut down the facility, Marianne and the other sisters continued caring for the people there. She worked with Fr. Damien, who was living on Molokai with the lepers, until he died several months later. Marianne promised Damien that she would take over the home he had started for boys and girls. She stayed true to her word and took care of them until she died in 1918.

The cardinal who said the Mass at Marianne’s beatification said: “She saw in [the lepers] the suffering face of Jesus. Like the Good Samaritan, she became their mother.” Marianne understood not only what it meant to do God’s will, but by being a sister to Jesus, she was a sister to the people she served with such compassion. As we think about her and about Jesus’ words, let us look around at the people in our lives. 

Who are our brothers and sisters? Everyone is. Even those we don’t like. So let us learn to see the face of Jesus in them. For when we serve our fellow human beings as brothers or sisters we are also a brother or sister to Christ. 

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En la lectura del Evangelio de hoy, Jesús le dijo a la multitud: “El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”.

¿Qué quería decir con eso? Así como todos pertenecemos a nuestras familias aquí en la tierra, todos pertenecemos a Dios. Pero así como podemos rechazar a nuestras familias aquí en la tierra, podemos rechazar a nuestro Señor. Jesús nos recuerda que debemos seguir sus leyes, escuchar sus enseñanzas y confiar en Él durante los tiempos difíciles y durante los momentos de alegría para que encontremos nuestra recompensa en el cielo.

Mientras reflexionamos sobre las palabras de Jesús, pensemos también en una santa muy especial, cuya fiesta celebramos hoy. Santa Mariana Cope pasó su vida haciendo la voluntad de Dios, incluso cuando era terriblemente difícil. Mariana nació en 1838 en Alemania, pero se mudó a Nueva York cuando era una niña pequeña. Se sintió llamada a servir a Cristo y a la Iglesia, pero tuvo que ayudar a mantener a su familia cuando su padre enfermó. Trabajó en una fábrica hasta los 24 años, cuando ingresó en las Hermanas de San Francisco. Luego comenzó a enseñar en escuelas primarias del área de Nueva York y ayudó a establecer hospitales.

En 1883, Mariana recibió una carta pidiendo voluntarios para ir a las islas hawaianas a servir a los leprosos en la leprosería de Molokai. Ella y otras seis hermanas se ofrecieron como voluntarias. Al principio, Mariana trabajó en el hospital que servía como estación de recepción para las nuevas personas que llegaban a la isla. Ella y las otras hermanas limpiaron el hospital para que las condiciones no fueran tan deplorables. Además, construyeron una casa dentro del recinto hospitalario para cuidar a los hijos sanos de los enfermos de lepra.

Unos años más tarde, cuando el gobierno cerró las instalaciones, Mariana y las otras hermanas continuaron atendiendo a las personas que estaban allí. Trabajó con el P. Damián, que vivía en Molokai con los leprosos, hasta que murió varios meses después. Mariana le prometió a Damián que se haría cargo del hogar que él había fundado para niños y niñas. Ella cumplió su palabra y los cuidó hasta su muerte en 1918.

El cardenal que celebró la misa en la beatificación de Mariana dijo: “Ella vio en [los leprosos] el rostro sufriente de Jesús. Como el buen samaritano, ella se convirtió en su madre”. Marianne entendió no sólo lo que significaba hacer la voluntad de Dios, sino que al ser hermana de Jesús, también lo era de las personas a las que servía con tanta compasión. Mientras pensamos en ella y en las palabras de Jesús, miremos a las personas en nuestras vidas.

¿Quiénes son nuestros hermanos y hermanas? Todo el mundo. Incluso aquellos que no nos gustan. Aprendamos entonces a ver el rostro de Jesús en ellos. Porque cuando servimos a nuestros prójimos como hermanos o hermanas, también somos hermano o hermana de Cristo.

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Susan Ciancio has a BA in psychology and a BA in sociology from the University of Notre Dame, with an MA in liberal studies from Indiana University. For the past 19 years, she has worked as a professional editor and writer, editing both fiction and nonfiction books, magazine articles, blogs, educational lessons, professional materials and website content. Thirteen of those years have been in the pro-life sector. Currently Susan freelances and writes weekly for HLI, edits for American Life League, and is the executive editor of Celebrate Life Magazine. She also serves as executive editor for the Culture of Life Studies Program—an educational nonprofit program for K-12 students. You can reach her at slochner0.wixsite.com/website.

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An Eye for an Eye?/ ¿Ojo por ojo?

When I read about something in the news that makes me angry, I have an overwhelming feeling to respond to the evil. For about a microsecond, though, I sometimes think of repaying evil with evil. And that’s exactly what Jesus advocates against in today’s Gospel.

When Jesus asks how Satan can possibly drive out Satan, he makes the point that divided kingdoms cannot stand. Evil cannot be justified or repaid with evil. “An eye for an eye” will make the whole world blind to beauty, goodness, and truth.

On this day of Prayer for Legal Protection of the Unborn, let us pray to be a people of righteousness. Let us repay evil with goodness and pray that those consumed by evil will come to know the Lord through our example.

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Cuando leo algo en las noticias que me enoja, tengo un sentimiento abrumador de responder al mal. Sin embargo, durante aproximadamente un microsegundo, a veces pienso en devolver mal con mal. Y eso va exactamente en contra de lo que Jesús aboga en el Evangelio de hoy.

Cuando Jesús pregunta cómo es posible que Satanás expulse a Satanás, señala que los reinos divididos no pueden mantenerse. El mal no puede justificarse ni pagarse con otro mal. “Ojo por ojo” hará que el mundo entero se ciegue ante la belleza, la bondad y la verdad.

En este día de Oración por la Protección Legal de los No Nacidos, oremos para ser un pueblo de rectitud. Devolvamos el mal con el bien y oremos para que aquellos consumidos por el mal lleguen a conocer al Señor a través de nuestro buen ejemplo.

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Mary Thissen is a St. Louis native living in East Central Illinois with her husband and children. She is blessed with twin boys Earthside and four children now living in Heaven. When she is not working as a healthcare data analyst or caring for her boys, she enjoys studying and writing about the Catholic faith and ministering to women who are suffering through miscarriage or infertility. You can connect with Mary on Instagram @waitingonmiracles. 

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To Answer the Call / Contestar la Llamada

Something very profound is going on in this brief passage about the call of the first apostles. Jesus calls, they follow. It’s a pretty simple cause and effect scenario. Yet, you and I both know that following Jesus is anything but simple these days…right? Or could it be that this passage is the perfect model for just how radical it is to follow Jesus? 

Jesus offered the first apostles no explanations, He didn’t try to sway them. He boldly called out an invitation and issued a promise. He continues to stand by the shore near our boats and offer the same to us. 

First, He invites us. It’s a call, a challenge, a summons to adventure. “Come on, let me show you where you could go.” However, Jesus always respects our free will. We freely choose to follow, or to remain behind. The choice is ours. 

Then, he makes a promise, “I will make you fishers of men.” What does that mean exactly? Each baptized individual is called to be a witness of the faith. This mission looks different for each person. I am called to witness to the faith in this written format. I am also called to share the faith with my children. Others are called to be a witness in the workplace. Some of you might witness before large groups of people. Others will share the faith one person at a time, helping to share the light of Christ candle by candle. 

We are invited, each in our own unique way, to participate in Jesus’ mission to build the Kingdom of Heaven. No matter who we are, Jesus invites us to get up and go on an adventure with Him. 

I think the word “abandoned” is important here. Abandoned is a very active word, it paints a vivid picture of someone throwing an object aside, forgetting it’s very existence. The first apostles abandoned their nets when they answered Jesus’ summons. They didn’t hold onto their tools, just in case. They didn’t ask to stow their boats first so they wouldn’t get stolen. 

The apostles show us how to let go of everything to follow Jesus. This isn’t an easy task, and fortunately we have a God who is not outdone in generosity. There isn’t a time limit on Jesus’ call to discipleship. He calls us every day, every moment. Over and over again, we have the opportunity to more freely say “Yes!” and abandon our own nets to follow Jesus.

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Algo muy profundo está sucediendo en este breve pasaje sobre el llamado de los primeros apóstoles. Jesús llama, ellos lo siguen. Es un escenario de causa y efecto bastante simple. Sin embargo, tú y yo sabemos que seguir a Jesús no es nada sencillo hoy en día… ¿verdad? ¿O podría ser que este pasaje sea el modelo perfecto de cuán radical es seguir a Jesús?

Jesús no ofreció explicaciones a los primeros apóstoles, no trató de influirlos. Audazmente hizo una invitación y hizo una promesa. Él continúa estando en la orilla cerca de nuestros barcos y ofreciéndonos lo mismo.

Primero, Él nos invita. Es un llamado, un desafío, una invitación a la aventura. “Vamos, déjame mostrarte que tan lejos dónde podrías llegar”. Sin embargo, Jesús siempre respeta nuestro libre albedrío. Elegimos libremente seguirlos o quedarnos atrás. La elección es nuestra.

Luego, hace una promesa: “haré de ustedes pescadores de hombres”. ¿Qué significa eso exactamente? Cada bautizado está llamado a ser testigo de la fe. Esta misión se ve diferente para cada persona. Estoy llamado a dar testimonio de la fe por escrito con estas reflexiones. También estoy llamado a compartir la fe con mis hijos. Otros son llamados a ser testigos en el lugar de trabajo. Algunos de ustedes podrían testificar ante grandes grupos de personas. Otros compartirán la fe una persona a la vez, ayudando a compartir la luz de Cristo uno por uno.

Estamos invitados, cada uno a nuestra manera, a participar en la misión de Jesús de construir el Reino de los Cielos. No importa quiénes seamos, Jesús nos invita a levantarnos y emprender una aventura con Él.

Creo que la palabra “dejaron” es importante aquí. Dejar es una palabra muy activa, pinta una imagen vívida de alguien que suelta un objeto, olvidando su existencia misma. Los primeros apóstoles dejaron sus redes cuando respondieron al llamado de Jesús. No guardaron sus herramientas, por si acaso. No pidieron guardar sus botes primero para que no se los robaran.

Los apóstoles nos muestran cómo dejarlo todo para seguir a Jesús. Esta no es una tarea fácil y afortunadamente tenemos un Dios que no se queda atrás en generosidad. No hay un límite de tiempo para el llamado de Jesús al discipulado. Él nos llama todos los días, en cada momento. Una y otra vez, tenemos la oportunidad de decir más libremente “¡Sí!” y dejar nuestras propias redes para seguir a Jesús.

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Kate Taliaferro is an Air Force wife and mother. She is blessed to be able to homeschool, bake bread and fold endless piles of laundry. When not planning a school day, writing a blog post or cooking pasta, Kate can be found curled up with a book or working with some kind of fiber craft. Kate blogs at DailyGraces.net.

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