Heart / El Corazón

The readings and Psalm for today are a really great fit on this memorial day of St. John Vianney. Heart is what keeps catching my attention.

In the First Reading from the prophet Jeremiah we are told that the Lord will write His law upon our hearts. This is quite evident from the life of St. John Vianney. The patron saint of priests, St. Vianney is known for his prayer, fasting, and the conversion of hearts through the Sacrament of Confession.

Whenever I read or sing the Psalm, ‘Create a clean heart in me, O God’, I am reminded of the love of God that is so readily available to me, especially if I would just turn to Him in Confession or when I receive the Eucharist.

I, however, am a woman with a short attention span, foot in mouth disease (open mouth, change foot) and many faults. For example, I have been trying to get the song You Gotta Have Heart out of my mind as I write this. The Holy Spirit will place a nugget like a song, image, or situation before me, and in the midst of it, I find Him trying to make a connection or point, hence the song.

Did I lose you? In the Gospel Peter is made the rock due to his answer to Jesus that He is the Christ, the living Son of God. Then in the very next sentences Jesus is telling Peter, “Get behind me, Satan!” because Peter is thinking like a human, not as God does.

Peter has heart; God has clearly written on it or he wouldn’t have known that Jesus was the Son of the living God, the Christ. Jesus, being the Son of the Father, has unconditional love and patience with Peter. Jesus clearly forgives Peter as soon as Peter makes a mistake. Peter wouldn’t be known to us as the rock if he wasn’t a forgiven, beloved child of God as are each and every one of us in the human family.

I don’t want to lose heart, faith, grace or the forgiveness of God. I need prayer to help me keep my focus on my heart, on the love for my Lord to fill all parts of my body and my life.

St. John Vianney wrote a beautiful prayer to help him with this tremendous task. Please pray it with me:

I love You, O my God, and my only desire is to love You until the last breath of my life. I love You, O my infinitely lovable God, and I would rather die loving You, than live without loving You. I love You, Lord and the only grace I ask is to love You eternally… My God, if my tongue cannot say in every moment that I love You, I want my heart to repeat it to You as often as I draw breath. Amen.

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Las lecturas y el Salmo de hoy encajan muy bien en este día conmemorativo de San Juan Vianney. El corazón es lo que me sigue llamando la atención.

En la Primera Lectura del profeta Jeremías se nos dice que el Señor escribirá Su ley en nuestros corazones. Esto es bastante evidente en la vida de San Juan Vianney. El santo patrón de los sacerdotes, San Vianney es conocido por su oración, ayuno y la conversión de corazones a través del Sacramento de la Confesión.

Cada vez que leo o canto el Salmo, “Crea en mí, Señor, un corazón puro”, me acuerdo del amor de Dios que está tan fácilmente disponible para mí, especialmente si vuelvo a Él en la Confesión o cuando recibo la Eucaristía

Yo, sin embargo, soy una mujer con poca capacidad de atención, meto la pata (primero una, luego la otra) y muchas fallas. Por ejemplo, he estado tratando de quitarme de la mente la canción You Gotta Have Heart (Tienes que Tener Corazón) mientras escribo esto. El Espíritu Santo coloca una semilla como una canción, imagen o situación delante mío, y en medio de eso, lo encuentro tratando de hacer una conexión o un punto, y por eso me pone en mente la canción.

¿Te he perdido? En el Evangelio, Pedro se convierte en roca debido a su respuesta a Jesús de que Él es el Cristo, el Hijo viviente de Dios. Luego, en las siguientes oraciones, Jesús le está diciendo a Pedro: “¡Aléjate de mí, Satanás!” porque Pedro está pensando como un ser humano, no como Dios.

Pedro tiene corazón; Dios ha escrito claramente en él o no hubiera sabido que Jesús era el Hijo del Dios viviente, el Cristo. Jesús, siendo el Hijo del Padre, tiene amor incondicional y paciencia con Pedro. Jesús claramente perdona a Pedro tan pronto como Pedro comete un error. Pedro no sería conocido por nosotros como la roca si no fuera un hijo amado y perdonado de Dios como lo somos todos y cada uno de nosotros en la familia humana.

No quiero perder el corazón, la fe, la gracia o el perdón de Dios. Necesito oración para ayudarme a mantener mi enfoque en mi corazón, en el amor de mi Señor para llenar todas las partes de mi cuerpo y mi vida.

San Juan Vianney escribió una hermosa oración para ayudarlo con esta tremenda tarea. Por favor rézalo conmigo.

Te amo, oh Dios mío, y mi único deseo es amarte hasta el último suspiro de mi vida. Te amo, oh mi Dios infinitamente amable, y preferiría morir amándote, que vivir sin amarte. Te amo, Señor, y la única gracia que pido es amarte eternamente… Dios mío, si mi lengua no puede decir en cada momento que te amo, quiero que mi corazón te lo repita cada vez que respiro. Amén.

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Beth Price is part of the customer care team at Diocesan. She is a Secular Franciscan (OFS) and a practicing spiritual director. Beth shares smiles, prayers, laughter, a listening ear and her heart with all of creation. Reach her here bprice@diocesan.com.

Feature Image Credit: Gera Juarez, www.cathopic.com/photo/15891-sagrado-corazon

The Lord Will Guard Us as a Shepherd Guards His Flock / El Señor Será Nuestro Pastor

Shepherds use a tool called a shepherd’s hook. It is used to beat off those who would hurt the flock, to support weak or hurt sheep and to draw back a sheep who is wandering off.

Today’s Gospel is somewhat like the shepherd’s staff, a seemingly simple tool with multiple purposes. 

As the pagan woman approaches Jesus to beg for help for her daughter, Jesus brushes her off. It seems even the disciples are taken aback and appeal to Jesus to give the woman what she wants. (Although we can’t be sure that the disciples didn’t just want her to get what she wanted so she would leave them alone.) We expect Jesus to lift this woman up and draw her close, but it feels more like he is pushing her away.

We have to take a closer look at the context of this story. Matthew tells us that the woman is a Cannanite. In the Old Testament, the Cannanites are characterized as evil and sinful idolaters. There is a history between the pagan Cannanites and the Isrealites and it is a history of division. There is a huge cultural gulf between this woman and Jesus’s followers. It is at this point that Jesus seemingly treats the woman harshly. Jesus wants the disciples to become aware that they themselves hold this woman to be “less than” because she is not one of God’s chosen people. 

“It is not right to take the little children’s food and give it to the dogs.” This statement doesn’t reflect how Jesus viewed the woman, it reflects the attitude of the disciples. The words hold up a mirror for the disciples to examine their own cultural biases and their own openness to really reaching out to the people around them. 

The woman had started by calling Jesus, “the Son of David”. She knew enough to call Jesus by this name. Was that a spark of faith? By responding to Jesus that even the dogs can eat the scraps left by the children, she went beyond a simple faith born from hope that her daughter could be healed, to a recognition that Jesus could help more than just the Chosen People. Her faith brings about an invitation to salvation. 

We too can feel the shepherd’s crook in our lives. When we are weak and in danger, we can be lifted and drawn back to God’s heart. But we can also feel the sting of Jesus’ words. How open are we to all of our brothers and sisters? Do we care more for our own plans and worldview or are we willing to open our hearts and minds to love as Jesus loves? Do we share the invitation to salvation we have received with all those in our little corner of the world? 

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Los pastores utilizan una herramienta llamada el bastón del pastor. Se usa para ahuyentar a los que harían daño al rebaño, para apoyar a las ovejas débiles o lastimadas y para hacer regresar a una oveja que se está alejando.

El Evangelio de hoy es algo así como el bastón del pastor, una herramienta aparentemente simple con múltiples propósitos.

Cuando la mujer pagana se acerca a Jesús para pedir ayuda para su hija, Jesús la ignora. Parece que incluso los discípulos se sorprenden y apelan a Jesús para que le dé a la mujer lo que quiere. (Aunque no podemos estar seguros de que los discípulos no solo querían que ella obtuviera lo que quería para que los dejara en paz). Esperamos que Jesús levante a esta mujer y la acerque, pero más parece como si la estuviera empujándo para afuera.

Tenemos que echar un vistazo más de cerca al contexto de esta historia. Mateo nos dice que la mujer es cannanita. En el Antiguo Testamento, los cannanitas se caracterizan como idólatras malvados y pecadores. Hay una historia entre los cannanitas paganos y los israelitas y es una historia de división. Hay un enorme abismo cultural entre esta mujer y los seguidores de Jesús. Es en este punto que Jesús aparentemente trata a la mujer con dureza. Jesús quiere que los discípulos tomen conciencia de que ellos mismos consideran a esta mujer como “menos que” porque no es una de las elegidas de Dios.

“No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos”. Esta declaración no refleja cómo Jesús vio a la mujer, refleja la actitud de los discípulos. Las palabras sostienen un espejo para que los discípulos examinen sus propios prejuicios culturales y su propia apertura para llegar realmente a las personas que los rodean.

La mujer había comenzado llamando a Jesús, “el Hijo de David”. Ella sabía lo suficiente como para llamar a Jesús por este nombre. ¿Fue eso una chispa de fe? Al responder a Jesús que incluso los perros pueden comerse las sobras que dejan los niños, ella fue más allá de una simple fe nacida de la esperanza de que su hija pudiera ser sanada, al reconocer de que Jesús podía ayudar más que al Pueblo Elegido. Su fe suscita una invitación a la salvación.

Nosotros también podemos sentir el bastón del pastor en nuestras vidas. Cuando somos débiles y estamos en peligro, podemos ser levantados y acercados de nuevo al corazón de Dios. Pero también podemos sentir el aguijón de las palabras de Jesús. ¿Qué tan abiertos estamos a todos nuestros hermanos y hermanas? ¿Nos preocupamos más por nuestros propios planes y visión del mundo o estamos dispuestos a abrir nuestros corazones y mentes para amar como Jesús ama? ¿Compartimos la invitación a la salvación que hemos recibido con todos aquellos en nuestro pequeño rincón del mundo?

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Sheryl is happy to be the number 1 cheerleader and supporter for her husband, Tom who is a candidate for the Permanent Diaconate in the Diocese of Kalamazoo. They are so grateful for the opportunity to grow together in this process. Sheryl’s day job is serving her community as the principal for St. Therese Catholic School in Wayland, Michigan. Since every time she thinks she gets life all figured out, she realizes just how far she has to go, St. Rita of Cascia is her go-to Saint for intercession and help. Home includes Carlyn, a very, very goofy Golden Retriever and Lucy, our not-so-little rescue puppy. 

Feature Image Credit: Angie Menes, www.cathopic.com/photo/14748-buen-pastor

Walking on Water / Caminando Sobre las Aguas

In all three of today’s readings there is a message that, despite the many struggles we may face in our Earthly lives, the Lord is greater than any of our missteps and can intercede on our behalf. 

God is forever steadfast. His love and mercy far surpass any human action. In Jeremiah 30 and Psalm 102, there is hope and reassurance for those exiled in Babylon. God reassures His people that Israel and Judah will once again be restored with laughter and glory. He promises that in the end Christ will be victorious, rebuilding Zion and acting as a source of hope for all people. 

Christ will later declare “Take courage, it is I; do not be afraid.” This is repeated over and over again throughout the Gospels. In today’s example, Peter on the rough seas represents the Church, being called to believe in His power to be able to act just as Jesus does, to walk on water. With the Lord’s aid, we can do anything.

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En las tres lecturas de hoy hay un mensaje de que, a pesar de las muchas luchas que podemos enfrentar en nuestra vida terrenal, el Señor es más grande que cualquiera de nuestros errores y puede interceder por nosotros.

Dios es siempre firme. Su amor y misericordia superan con abundancia a cualquier acción humana. En Jeremías 30 y el Salmo 102 hay esperanza y tranquilidad para los exiliados en Babilonia. Dios asegura a Su pueblo que Israel y Judá serán nuevamente restaurados con alegría y gloria. Él promete que al final Cristo será victorioso, reconstruirá a Sión y actuará como fuente de esperanza para todas las personas.

Cristo declarará más tarde: “Tranquilícense y no teman. Soy yo.” Esto se repite una y otra vez a lo largo de los Evangelios. En el ejemplo de hoy, Pedro en el mar tumultuoso representa a la Iglesia, siendo llamada a creer en Su poder para poder actuar como lo hace Jesús, para caminar sobre las aguas. Con la ayuda del Señor, podemos hacer cualquier cosa.

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Dr. Alexis Dallara-Marsh is a board-certified neurologist who practices in Bergen County, NJ. She is a wife to her best friend, Akeem, and a mother of two little ones on Earth and two others in heaven above.

Feature Image Credit: Dimitri Conejo Sanz, www.cathopic.com/photo/3056-amaneceres-paisajes-transmiten-calma

First Things First / Lo Primero es Lo Primero

I love Catholic memorabilia. I can’t control myself in Catholic bookstores and I usually don’t walk out of one without spending at least $100 on books and other cool merchandise. My water bottle is covered in saint stickers. Being a youth minister, I have a growing collection of retreat shirts and Vacation Bible School shirts. I also have too many coffee mugs with Bible quotes and other religious sayings. But one of my all-time favorite items is a shirt from Sock Religious/That One Sheep with a picture of a monstrance and the words, “First things first, I’m the realest …” In fact, I’m such a nerd for good Catholic gear that I actually asked for this shirt for Christmas last year. Why do I love this shirt so much?

An outsider would look at my shirt and probably just be confused, especially because the words come from an Iggy Azalea song. But I love this shirt because I love the Eucharist. I can picture Jesus, present in the Eucharist that’s in the monstrance, saying to us Himself, “I am the realest. I am really, truly, 100 percent present here in my Body, Blood, Soul and Divinity.” 

The Eucharist is also why I love today’s Gospel and any of the other versions of the feeding of the 5,000. Just like I can picture Jesus sharing the truth of His Real and True Presence in the Eucharist with us, I can picture Jesus among the crowds taking the bread, blessing it, breaking it and sharing it with His disciples who, in turn, shared it with the crowd. And all who ate were satisfied. 

That line is what I wish to reflect on for just a minute – all who ate were satisfied. The crowd of 5,000 was satisfied by a simple meal of bread and fish. Are we satisfied when we receive the Body of Christ at Mass, when we receive Jesus into our very being? Or do we tend to fill up on things of this world that can only leave us unsatisfied? 

We were made to live in communion with God. When we receive Holy Communion at Mass, that is the closest we will ever get to what we were created for (until we get to heaven, at least). And the Eucharist gives us such grace to help us live the Christian life. 

I encourage you all to reflect on your relationship with Jesus through the Eucharist. Are you satisfied by the One who fulfills all longing? If not, what can you do to change that?

We are in the midst of a Eucharistic revival that will last for three years. The Year of Diocesan Revival kicked off last month and will last for one year before the Year of Parish Revival. So now is the time to embrace this spirit of revival and seek encounters with our Eucharistic Lord. 

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Me encantan los artículos religiosos católicos. No puedo controlarme en las librerías católicas y, por lo general, no salgo de ellas sin gastar por lo menos $100 en libros y otras mercancías geniales. Mi botella de agua está cubierta de calcomanías de santos. Siendo ministra de jóvenes, tengo una colección creciente de camisetas de retiros y de Escuelas Bíblicas de Verano. También tengo demasiadas tazas de café con citas de la Biblia y otros dichos religiosos. Pero uno de mis artículos más favoritos es una camisa de Sock Religious/That One Sheep con la imagen de una custodia y las palabras: “Lo primero es lo primero, soy el más real…” De hecho, soy tan nerd por los buenos artículos católicos que la verdad es que pedí esta camisa para la Navidad el año pasado. ¿Por qué me encanta tanto esta camiseta?

Si un extraño miraría mi camiseta, probablemente se confundiría, especialmente porque la letra proviene de una canción de Iggy Azalea. Pero me encanta esta camiseta porque me encanta la Eucaristía. Puedo imaginarme a Jesús, presente en la Eucaristía que está en la custodia, diciéndonos Él mismo: “Yo soy el más real. Estoy realmente, verdaderamente, cien por ciento presente aquí en mi Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad”.

La Eucaristía también es la razón por la que me encanta el Evangelio de hoy y cualquiera de las otras versiones de la alimentación de los 5,000. Así como puedo imaginarme a Jesús compartiendo la verdad de Su Presencia Real y Verdadera en la Eucaristía con nosotros, puedo imaginarme a Jesús entre la multitud tomando el pan, bendiciéndolo, partiéndolo y compartiéndolo con Sus discípulos quienes, a su vez, lo compartieron con la multitud y todos los que comieron quedaron satisfechos.

Quiero reflexionar sobre esa línea por un momento: todos los que comieron quedaron satisfechos. La multitud de las 5,000 personas quedó satisfecha con una comida sencilla de pan y pescado. ¿Estamos satisfechos cuando recibimos el Cuerpo de Cristo en la Misa, cuando recibimos a Jesús en nuestro propio ser? ¿O tendemos a llenarnos de cosas de este mundo que solo pueden dejarnos insatisfechos?

Fuimos hechos para vivir en comunión con Dios. Cuando recibimos la Sagrada Comunión en la Misa, eso es lo más cerca que estaremos de aquello para lo que fuimos creados (hasta que lleguemos al cielo). Y la Eucaristía nos da tanta gracia para ayudarnos a vivir la vida cristiana.

Les animo a todos a reflexionar sobre su relación con Jesús a través de la Eucaristía. ¿Estás satisfecho con Aquel que cumple todos los anhelos? Si no, ¿qué puedes hacer para cambiar eso?

Estamos en medio de un renacimiento eucarístico que durará tres años. El Año del Renacimiento Diocesano comenzó el mes pasado y durará un año antes del Año del Renacimiento Parroquial. Así que ahora es el momento para abrazar este espíritu de renacimiento y buscar encuentros con nuestro Señor Eucarístico.

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Erin is a Cleveland native and graduate of Franciscan University of Steubenville. She is passionate about the Lord Jesus, all things college sports and telling stories and she is blessed enough to get paid for all three of her passions as a full-time youth minister and a freelance sports writer.

Feature Image Credit: Jacob Bentzinger, unsplash.com/photos/OrovnGeyG-A

God Is Longing For Your Heart / Dios Anhela Tu Corazón

To the words that begin our first reading at Mass today… “Vanity of vanities, says Qoheleth, vanity of vanities!  All things are vanity!” …let us add these words of St. John of the Cross: “To be perfectly united to God by love and will, the soul must first be cleansed of all appetites of the will, even the smallest” (Ascent of Mount Carmel). 

In the language of St John of the Cross, the word “appetites” refers to disordered inclinations or affections for oneself or creatures, we could say the “vanities of the world,” tendencies which are more or less contrary to God’s will. 

In talking about the value of Ignatian Spirituality for leadership in his book Heroic Leadership, Chris Lowney talks about his being driven by the “I-want-it-so-badly” virus, a type of a modern formulation of the “vanity of vanities” of Qoheleth. Lowney shares how he so wanted to get to the top of the company, to be wealthy, recognized, have the best house and the most exciting life. He wanted it so badly that it seemed it must be right precisely because he wanted it so badly. 

Sound familiar? 

How subtle are the deceptions of the evil one. This absolute certainty that God is on our side might be a delusion. Often it is one of the signs that we are after things that fall under the category of “vanity of vanities.” Maybe it is not God’s design for us that we have the things we so badly desire, but only an “ego itch” actually leading us astray as we chase after our vanities and vainglory. “Disordered inclinations and affections for oneself or creatures.” 

In the second reading today, St. Paul in his letter to the Colossians teaches us simply, clearly, leaving us no wiggle room to justify collecting our vanities here on earth: “Brothers and sisters:

If you were raised with Christ, seek what is above, where Christ is seated at the right hand of God. Think of what is above, not of what is on earth.”

And lest we think that these words are some fantasy or imaginative contemplation of Christ in heaven, Paul clearly lays out in no-nonsense and practical terms what this means for us here on earth: “Put to death, then, the parts of you that are earthly: immorality, impurity, passion, evil desire, and the greed that is idolatry. Stop lying to one another, since you have taken off the old self with its practices and have put on the new self, which is being renewed, for knowledge,

in the image of its creator.”

So, brothers and sisters, cherish these words today, these words of God who is longing for your heart, “put on the new self.” Indeed, my friends, God says to us all, “If today you hear [my] voice, harden not your hearts.”

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Nuestra Primera Lectura de la Misa de hoy empieza con: “Vanidad de vanidades, dice Qohelet, vanidad de vanidades! ¡Todas las cosas son vanidad!” y a estas palabras añadamos las de San Juan de la Cruz: “Para estar perfectamente unida a Dios por el amor y la voluntad, el alma debe primero estar limpia de todos los apetitos de la voluntad, incluso los más pequeños” (Subida al Monte Carmelo).

En el lenguaje de San Juan de la Cruz, la palabra “apetitos” se refiere a las inclinaciones o afectos desordenados hacia uno mismo o hacia las criaturas, podríamos decir las “vanidades del mundo”, tendencias más o menos contrarias a la voluntad de Dios.

Al hablar sobre el valor de la espiritualidad ignaciana acerca del liderazgo en su libro Heroic Leadership (Liderazgo Heroico), Chris Lowney habla de que lo impulsa el virus “Lo quiero tanto”, un tipo de formulación moderna del “vanidad de vanidades” de Qohelet. Lowney comparte cómo deseaba tanto llegar al puesto más alto de la empresa, ser rico, reconocido, tener la mejor casa y la vida más emocionante. Lo deseaba tanto que parecía que debía estar bien precisamente porque lo deseaba tanto.

¿Suena familiar?

Cuán sutiles son los engaños del maligno. Esta certeza absoluta de que Dios está de nuestro lado puede ser una ilusión. A menudo es una de las señales de que buscamos cosas que entran en la categoría de “vanidad de vanidades”. Tal vez no sea el diseño de Dios para nosotros que tengamos las cosas que tanto deseamos, sino solo una “comezón del ego” que en realidad nos lleva por mal camino mientras perseguimos nuestras vanidades y vanagloria. “Inclinaciones y afectos desordenados hacia uno mismo o hacia las criaturas”.

En la Segunda Lectura de hoy, San Pablo en su carta a los Colosenses nos enseña de manera sencilla, clara, y sin dejarnos margen de maniobra para justificar recoger nuestras vanidades aquí en la tierra: “Hermanos y hermanas: Si han resucitado con Cristo, busquen lo de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Piensen en lo de arriba, no en lo de la tierra”.

Y para que no pensemos que estas palabras son una fantasía o una contemplación imaginativa de Cristo en el cielo, Pablo expone claramente en términos prácticos y serios lo que esto significa para nosotros aquí en la tierra: “Hagan morir, pues, las partes de usted que son terrenales: la inmoralidad, la impureza, las pasiones, los malos deseos y la codicia que es idolatría. Dejen de mentirse unos a otros, ya que se hayan despojado del viejo hombre con sus prácticas y se han revestido del nuevo hombre, que se va renovando, para el conocimiento,a la imagen de su creador.”

Entonces, hermanos y hermanas, atesoren estas palabras hoy, estas palabras de Dios que anhela tu corazón, “vestíos del nuevo yo”. De hecho, mis amigos, Dios nos dice a todos: “Si hoy escuchan [mi] voz, no endurezcan su corazón”.

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Sr. Kathryn J. HermesKathryn James Hermes, FSP, is the author of the newly released title: Reclaim Regret: How God Heals Life’s Disappointments, by Pauline Books and Media. An author and spiritual mentor, she offers spiritual accompaniment for the contemporary Christian’s journey towards spiritual growth and inner healing. She is the director of My Sisters, where people can find spiritual accompaniment from the Daughters of St. Paul on their journey. Website: www.touchingthesunrise.com Public Facebook Group: https://www.facebook.com/groups/srkathrynhermes/ For monthly spiritual journaling guides, weekly podcasts and over 50 conferences and retreat programs join my Patreon community: https://www.patreon.com/srkathryn.

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Reform Your Ways and Deeds / Corrijan su Conducta y sus Obras

In today’s First Reading, we hear Jeremiah tell the people: “Reform your ways and your deeds; listen to the voice of the Lord your God.”

If we take time to reflect on Jeremiah’s words, we will see the importance of applying them to our lives, for we must realize that he doesn’t just mean to stop sinning. Of course, we must always strive not to sin. That’s an integral part of our faith. But living a faith-filled life is much more than that. 

So often we find it easy to not break the commandments. As we prepare for confession and perform an examination of conscience, we may feel buoyed by the fact that we have not missed Mass, said God’s name in vain, hurt another person, or stolen anything. And, yes, those are vital.

But what Jeremiah meant when he said to reform our ways and deeds was to do something that will make a difference for others. We must take action and do good works. We must put others and their needs first. In short, we must learn to perform the Corporal and Spiritual Works of Mercy regularly.

What are these works of mercy? The Corporal Works of Mercy instruct us to feed the hungry, give drink to the thirsty, shelter the homeless, visit prisoners and those who are sick, bury the dead, and give alms to the poor. The Spiritual Works of Mercy teach us to pray for the living and the dead, to counsel and comfort others, to forgive, to admonish the sinner, and to teach the faith.

All of these things take time, effort, and love, and if we are to live as God commands and as Jeremiah instructed, then we must incorporate some of these into our lives.

There are countless ways to help the vulnerable and those in need. Increasing our prayer life is a good start, especially if we aren’t sure what God wants us to do. Of course, we cannot perform all of these works of mercy all the time, but we can do many of them frequently. So pray for God’s guidance. Ask Him where He wants you to start. 

Maybe He wants you to donate time to your parish. Maybe He is calling you to volunteer at a pregnancy resource center. Maybe He is spurring you on to clean your closets and donate gently used items to a homeless shelter or to serve food at one. Maybe He is calling you to become a foster parent or adopt. Maybe He sends you to the grocery store at the exact time a needy person has found he doesn’t have enough money for groceries. Or maybe He wants you to visit the forgotten elderly in a nursing home. 

All of these are tangible ways to help others and to follow the words of Jeremiah. Yes, we must reform our deeds if we want to spend eternity with God. What will you do?

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En la Primera Lectura de hoy, escuchamos a Jeremías decir al pueblo: “Corrijan su conducta y sus obras; escucha la voz del Señor tu Dios”.

Si nos tomamos un tiempo para reflexionar sobre las palabras de Jeremías, veremos la importancia de aplicarlas a nuestra vida, pues debemos darnos cuenta de que él no solo quiere decir dejar de pecar. Por supuesto, siempre debemos esforzarnos por no pecar. Esa es una parte integral de nuestra fe. Pero vivir una vida llena de fe es mucho más que eso.

Muy a menudo nos resulta fácil no romper los mandamientos. Mientras nos preparamos para la confesión y realizamos un examen de conciencia, podemos sentirnos animados por el hecho de que no hemos faltado a Misa, dicho el nombre de Dios en vano, herido a otra persona o robado algo. Y, sí, esos son esenciales.

Pero lo que Jeremías quiso decir cuando dijo que corrijiéramos nuestra conducta y obras era hacer algo que hace una diferencia para los demás. Debemos actuar y hacer buenas obras. Debemos poner a los demás y sus necesidades primero. En definitiva, debemos aprender a realizar las Obras de Misericordia Corporales y Espirituales con regularidad.

¿Cuáles son estas obras de misericordia? Las Obras de Misericordia Corporales nos instruyen a dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, acobijar a los desamparados, visitar a los presos y enfermos, enterrar a los muertos y dar limosna a los pobres. Las Obras de Misericordia Espirituales nos enseñan a orar por los vivos y los muertos, a aconsejar y consolar a otros, a perdonar, a amonestar al pecador y a enseñar la fe.

Todas estas cosas toman tiempo, esfuerzo y amor, y si vamos a vivir como Dios manda y como Jeremías instruyó, entonces debemos incorporar algunas de estas cosas en nuestras vidas.

Hay innumerables maneras de ayudar a los vulnerables y los necesitados. Aumentar nuestra vida de oración es un buen comienzo, especialmente si no estamos seguros de lo que Dios quiere que hagamos. Por supuesto, no podemos realizar todas estas obras de misericordia todo el tiempo, pero podemos hacer muchas de ellas con frecuencia. Así que pide a Dios que te guíe. Pregúntale por dónde quiere que empieces.

Tal vez Él quiera que dones tiempo a tu parroquia. Tal vez te está llamando para ser voluntaria en un centro de recursos para el embarazo. Tal vez te esté animando a limpiar sus armarios y donar artículos usados ​​en buen estado a un refugio para personas sin hogar o para servir comida. Tal vez te está llamando a convertirte en padre de crianza o adoptar. Tal vez te envía a la tienda a comprar justo en el momento que una persona necesitada descubrió que no tiene suficiente dinero para comprar alimentos. O tal vez quiere que visites a los ancianos olvidados en un asilo de ancianos.

Todas estas son formas tangibles de ayudar a los demás y de seguir las palabras de Jeremías. Sí, debemos reformar nuestras obras si queremos pasar la eternidad con Dios. ¿Qué vas a hacer?

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Susan Ciancio has a BA in psychology and a BA in sociology from the University of Notre Dame, with an MA in liberal studies from Indiana University. For the past 19 years, she has worked as a professional editor and writer, editing both fiction and nonfiction books, magazine articles, blogs, educational lessons, professional materials and website content. Thirteen of those years have been in the pro-life sector. Currently Susan freelances and writes weekly for HLI, edits for American Life League, and is the executive editor of Celebrate Life Magazine. She also serves as executive editor for the Culture of Life Studies Program—an educational nonprofit program for K-12 students. You can reach her at slochner0.wixsite.com/website.

Feature Image Credit: Sor Cata, FMA, www.cathopic.com/photo/25701-hermanas

The Law of Inertia / La Ley de la Inercia

I really struggle with the law of inertia. You know, that rule of physics that states that an object in motion tends to stay in motion and an object at rest tends to stay at rest. Yup, that’s me. If I am working on a project at my house I just want to keep going and going and don’t want to stop. Yet, if I’m sitting at my desk at work, I really don’t want to get up. Just let me stay there and do my job and don’t ask me to do anything.

But the last few words of that law state, “unless acted upon by force.” Whether it be exhaustion from working all day causing me to sit down, or my boss asking me to get up and complete a task, some force motivates change.  

In our First Reading God sent his word through Jeremiah to enact change in the people of Judah: “Thus says the LORD: If you disobey me, not living according to the law I placed before you and not listening to the words of my servants the prophets, whom I send you constantly though you do not obey them, I will treat this house like Shiloh, and make this the city to which all the nations of the earth shall refer when cursing another.” Yet apparently they struggled with inertia even more than I do because instead of moving toward repentance they declared to Jeremiah, “You must be put to death!”

Our Gospel reading shows us an example of the exact opposite. The raising of Lazarus was one of the most amazing inertia-reversing moments in history. Through the force of our almighty God, a man was raised from the dead! 

Not many of us will face either of these two realities in our lifetime, yet we are consistently called upon to make changes to become more Christ-like. To change our attitudes, to change our words, to change our decision-making, to change our actions. Due to original sin, “inertia” makes it hard to focus our minds and hearts on God, but He is the “force” that can enact change in us. 

May we remember to call upon our amazing God every day, that He may grant us the grace to make changes in our lives for the better. Then perhaps that old law of physics won’t burden us so much anymore. 

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Verdaderamente batallo con la ley de la inercia. Ya sabes, esa regla de la física que establece que un objeto en movimiento tiende a permanecer en movimiento y un objeto en reposo tiende a permanecer en reposo. Así soy yo. Si estoy trabajando en un proyecto en mi casa, solo quiero seguir y seguir y no quiero parar. Sin embargo, si estoy sentada en mi escritorio en el trabajo, realmente no quiero levantarme. Solo déjame quedarme allí a hacer mi trabajo y no me pidas que haga nada.

Pero las últimas palabras de esa ley establecen, “a menos que se actúe por la fuerza”. Ya sea que el cansancio de trabajar todo el día me obligue a sentarme o que mi jefe me pida que me levante y complete una tarea, alguna fuerza motiva el cambio.

En nuestra Primera Lectura, Dios envió su palabra a través de Jeremías para promulgar un cambio en el pueblo de Judá: “Así dice el Señor: Si me desobedecen y no viven conforme a la ley que puse delante de ustedes y no escuchan las palabras de mis siervos los profetas que les envío constantemente aunque no los obedecen, haré de esta casa como a Silo, y haré de ésta la ciudad a la cual se referirán todas las naciones de la tierra cuando maldigan a otra.” Sin embargo, aparentemente lucharon con la inercia incluso más que yo porque en lugar de moverse hacia el arrepentimiento le declararon a Jeremías: “¡Debes morir!”.

Nuestra lectura del Evangelio nos muestra un ejemplo de exactamente lo contrario. La resurrección de Lázaro fue uno de los mejores momentos de voltear a la inercia de toda la historia. ¡Por la fuerza de nuestro Dios todopoderoso, un hombre resucitó de entre los muertos!

Muchos de nosotros nunca vamos a enfrentar ninguna de estas dos realidades en nuestra vida, sin embargo, constantemente estamos llamados a hacer cambios para asemejarnos más a Cristo. Cambiar nuestras actitudes, cambiar nuestras palabras, cambiar nuestra toma de decisiones, cambiar nuestras acciones. Debido al pecado original, la “inercia” hace que sea difícil enfocar nuestras mentes y corazones en Dios, pero Él es la “fuerza” que puede realizar el cambio en nosotros.

Acordémonos a invocar a nuestro maravilloso Dios todos los días, para que Él nos conceda la gracia de hacer cambios en nuestras vidas para mejor, para que esa vieja ley de la física ya no nos agobie tanto.

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Tami Urcia grew up in Western Michigan, a middle child in a large Catholic family. She spent early young adulthood as a missionary in Mexico, studying theology and philosophy, then worked and traveled extensively before finishing her Bachelor’s Degree in Western Kentucky. She loves tackling projects, finding fun ways to keep her little ones occupied, quiet conversation with the hubby and finding unique ways to love. She works at for Christian Healthcare Centers, is a guest blogger on CatholicMom.com and BlessedIsShe.net, runs her own blog at https://togetherandalways.wordpress.com and has been doing Spanish translations on the side for over 20 years.

Feature Image Credit: Simon Berger, unsplash.com/photos/Jp5Lv17Mq4M

Potter and Clay / Alfarero y Arcilla

Abba, Abba Father. You are the potter; we are the clay, the work of Your hands . . . 

That is the beginning of a song I remember singing often at morning Mass when I was an 8th grader in parochial school. You probably recall the hymnal; it was ubiquitous in the early 80s, and contained many songs composed almost entirely of Bible verses. To this day, one song or another will frequently come instantly into my mind as I read the Bible or listen to the readings at Mass.

So naturally this song was the first thing I thought of when I read today’s First Reading from Jeremiah. I even looked it up online so I could listen to it while meditating on what I wanted to write about.

I started by picturing God at the potter’s wheel.  I liked that image and found it comforting. As I went a little further, though, the analogy became more difficult. Picturing myself as clay was a bit uncomfortable. On the wheel, clay is messy, wet, and vulnerable.  Haven’t you seen videos where the whole pot collapses? A little research told me potters call this phenomenon flopping, and this must have been what today’s reading refers to when it says, “the object of clay which he was making turned out badly in his hand.”

But the reading goes on to reassure us that with God as our potter we have nothing to fear. He can make of us what He wills. There’s a catch, though! 

Just as God is more than a simple human potter, this analogy comes up short in comparing human beings who have free will and agency to clay which does not. A human potter whose pot flops has only himself to blame; if one of God’s pots “flops,” that is on the clay!

We must cooperate in God’s plan for us by allowing Him to form and shape us.  The rest of today’s readings give advice on how we do this, and paint a picture of the consequences if we do not.

The Responsorial Psalm tells us that we must place our trust and our hope in the Lord alone rather than in the people and things of the world. We are also reminded to praise Him. 

In the Gospel, Jesus relates a parable that makes being compared to clay seem much more pleasant than it seemed at first. Instead, he compares us to fish in a net, some good and some bad. There are not many things that bring up a more visceral reaction of disgust than the thought of a bad fish. There is no fixing it; throwing it away is the only option. And Jesus warns us that at the end of the age, that is what those who fail to place their hope and trust in the Lord will be like, thrown “into the fiery furnace, where there will be wailing and grinding of teeth.”

I never heard a song about that, and I don’t think I want to.  

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Abba, Abba Padre. Tú eres el alfarero; somos barro, obra de tus manos. . .

Ese es el comienzo de una canción que recuerdo haber cantadao con frecuencia en la misa de la mañana cuando era estudiante de octavo grado en la escuela parroquial. Es probable que te acuerdas el himnario; se encontraba en todos lados a principios de los años 80 y contenía muchas canciones compuestas casi en su totalidad de versículos de la Biblia. Hasta el día de hoy, una canción u otra viene a la mente instantáneamente mientras leo la Biblia o escucho las lecturas de la Misa.

Así que, naturalmente, esta canción fue lo primero que pensé cuando leí la Primera Lectura de Jeremías de hoy. Incluso lo busqué en línea para poder escucharlo mientras meditaba sobre lo que quería escribir.

Empecé imaginando a Dios en la rueda del alfarero. Me gustó esa imagen y me consoló. Sin embargo, a medida que avanzaba un poco más, la analogía se hizo más difícil. Imaginarme a mí mismo como arcilla fue un poco incómodo. En la rueda, la arcilla es desordenada, húmeda y vulnerable. ¿No has visto vídeos donde se derrumba toda la olla? Un poco de investigación me dijo que los alfareros llaman a este fenómeno caída, y esto debe haber sido a lo que se refiere la lectura de hoy cuando dice: “Cuando se le estropeaba la vasija que estaba modelando”.

Pero la lectura continúa asegurándonos que con Dios como nuestro alfarero no tenemos nada que temer. Él puede hacer de nosotros lo que Él quiera. ¡Sin embargo, hay una trampa!

Así como Dios es más que un simple alfarero humano, esta analogía se queda corta al comparar a los seres humanos que tienen libre albedrío y voluntad con el barro que no lo tiene. Un alfarero humano cuya vasija estropea solo tiene la culpa él mismo; si una de las vasijas de Dios “se cae”, ¡el barro tiene la culpa!

Debemos cooperar con el plan que Dios tiene para nosotros al permitir que Él nos forme y nos moldee. El resto de las lecturas de hoy dan consejos sobre cómo hacer esto y pintan un cuadro de las consecuencias si no lo hacemos.

El Salmo Responsorial nos dice que debemos poner nuestra confianza y nuestra esperanza solo en el Señor y no en las personas y las cosas del mundo. También nos recuerda alabarlo.

En el Evangelio, Jesús relata una parábola que hace que ser comparado con el barro parezca mucho más agradable de lo que parecía al principio. En cambio, nos compara con peces en una red, algunos buenos y otros malos. No hay muchas cosas que provoquen una reacción de disgusto más visceral que la idea de un pescado malo. No hay forma de arreglarlo; botarlo es la única opción. Y Jesús nos advierte que al final de los tiempos, así serán los que no ponen su esperanza y confianza en el Señor, arrojados “al horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación”.

Nunca he escuchado una canción sobre eso, y no creo que me gustaría escucharlo si hubiera.

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Leslie Sholly is a Catholic, Southern wife and mother of five, living in her hometown, Knoxville, Tennessee. She graduated from Georgetown University with an English major and Theology minor. She blogs at Life in Every Limb, where for 11 years she has covered all kinds of topics, more recently focusing on the intersection of faith, politics, and social justice.

Feature Image Credit: ottawagraphics, pixabay.com/photos/pottery-handcraft-clay-art-craft-4618917/

What is Your Pearl? / ¿Cuál es tu Perla?

How far back can you remember what your favorite toy was? I can remember still, sleeping in a crib cuddling with my blankie and holding my little stuffed elephant. For some reason I never had a teddy bear. I guess it’s human nature wanting to cuddle up with something. 

I bring this up because Jesus, in today’s Gospel talks about the pearl of great price. He uses the example of the pearl to show how someone can become fixated on an object. The object could be anything, like a rare shotgun, or a beautiful ring, or a 1939 Pontiac or a Rolex and on and on. Having those things is not a bad thing, it’s just how we think about them. Are they our pearl of great price?

Have you ever heard of the parenting style “Love and Logic”? I learned it in the 90’s when our youngest was 14. Love and logic does not have punishments. It has consequences. I think they used that word so it doesn’t sound so bad. If your parenting skills are not quite as they should be, look up Love and Logic. It might just change your family life! There are classes and books that will put you on track. 

The beauty of this parenting style is that you are not the bad guy. The child is allowed to discern whether to do this or to do that. You decide what the consequences are and design it so that whatever they choose, is still pleasing to the parent. For instance, you sit down with the child and explain to them, if you don’t do what Mommy or Daddy ask you to do there will be a consequence. The consequence is based on withholding something that they hold dear. Warning. If your child does not hold anything dear, it’s going to be a difficult process. 

Ten or so years ago one of my grandsons was the receiver of this new parenting style. At that moment in his life he thought Thomas the train was the best thing ever. His mother picked up on that and used the withdrawal of Thomas as his consequence. I never heard much about how that was going. Except, I walked in the back door one day and there was my grandson staring up at Thomas the train which was set-up on the top of the refrigerator. He didn’t move, he just stood there and stared at it. I could hardly keep from chuckling. I knew his mother had picked the right consequence.

So what does this have to do with the Pearl of great price? Jesus is trying to tell us that we are to love nothing above him. If I were to ask you, “Do you love Jesus”? You would probably say yes. And so would I. But if they heard you or I talking about something that we really would like to have, then sometime later, purchased it, especially if it was kind of pricey, what would you think?

Jesus wants to be the “Pearl”. He wants us to seek him and love him and to adore him. Is that so difficult? The gifts that he gives us at times are beyond our understanding. At times we see those gifts less and less. Why? Does he move away from us? Wait! That is not what happens. We move away from Him. We are in a battle today to keep our faith. The world is so full of darkness, it wants to rip faith away from us. Many stayed home during the COVID pandemic and watched Church streaming on TV. The problem is many are still watching it on TV. If that is what you need to do, that’s fine. But those who are able to get to church, should go to church. Searching for that Pearl of great price (Jesus) is not so difficult. No matter how long we’ve been away, He is there waiting for us. Waiting to forgive us and bringing his marvelous light into our hearts.

Serving With Joy!

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¿Cuánto tiempo atrás puedes recordar cuál era tu juguete favorito? Todavía me acuerdo durmiendo en una cuna acurrucada con mi frazada y sosteniendo mi pequeño elefante de peluche. Por alguna razón nunca tuve un osito de peluche. Supongo que es la naturaleza humana querer acurrucarse con algo.

Mencione esto porque Jesús, en el Evangelio de hoy, habla de la perla de gran precio. Utiliza el ejemplo de la perla para mostrar cómo alguien puede obsesionarse con un objeto. El objeto podría ser cualquier cosa, como una escopeta rara, un hermoso anillo, un Pontiac del año 1939 o un Rolex, etc. Tener esas cosas no es algo malo, pero ¿cómo pensamos de ellas? ¿Son nuestra perla de gran precio?

¿Alguna vez has oído hablar del estilo de crianza “Love and Logic” (El Amor y la Lógica)? Lo aprendí en los años 90 cuando mi hijo menor tenía 14 años. El amor y la lógica no tiene castigos. Tiene consecuencias. Creo que usaron esa palabra para que no suene tan mal. Si sus habilidades de crianza no son como deberían ser, busque “Love and Logic”. ¡Podría cambiar su vida familiar! Hay clases y libros para encaminarte.

La belleza de este estilo de crianza es que tú no eres el malo. Al niño se le permite discernir si hacer esto o aquello. Usted decide cuáles son las consecuencias y lo diseña para que, sea lo que sea que elijan, siga siendo agradable para los padres. Por ejemplo, te sientas con el niño y le explicas que si no haces lo que mamá o papá te piden, habrá una consecuencia. La consecuencia se basa en retener algo que aprecian. Advertencia. Si su hijo no tiene nada querido, será un proceso difícil.

Hace más o menos diez años, uno de mis nietos fue el receptor de este nuevo estilo de crianza. En ese momento de su vida, pensó que Thomas el tren, era la mejor cosa del mundo. Su mamá se dio cuenta de eso y usó la retirada de Thomas como su consecuencia. Nunca escuché mucho acerca de cómo le iba, pero un día entré por la puerta trasera de su casa y allí estaba mi nieto mirando a Thomas el tren que estaba instalado en la parte superior del refrigerador. No se movió, solo se quedó allí y lo miró. Apenas pude evitar reírme. Sabía que su mamá había elegido la consecuencia correcta.

Entonces, ¿qué tiene esto que ver con la perla de gran precio? Jesús está tratando de decirnos que no debemos amar nada más que a él. Si te preguntaran: “¿Amas a Jesús?” Probablemente dirías que sí. Y yo también. Pero si escuchan a ti o a mí hablando de algo que realmente nos gustaría tener, y luego lo compramos, especialmente si es un poco caro, ¿qué pensarías?

Jesús quiere ser la “Perla”. Él quiere que lo busquemos y lo amemos y lo adoremos. ¿Es tan difícil? Los dones que nos da a veces están más allá de nuestra comprensión. A veces vemos esos dones cada vez menos. ¿Por qué? ¿Dios se aleja de nosotros? Eso no es lo que sucede. Nosostros nos alejamos de Él. Estamos en una batalla hoy para mantener nuestra fe. El mundo está tan lleno de oscuridad que quiere arrancarnos la fe. Muchos se quedaron en casa durante la pandemia de COVID y vieron la transmisión de la Iglesia en la televisión. El problema es que muchos todavía lo están viendo en la televisión. Si eso es lo que necesitas hacer, está bien. Pero aquellos que pueden ir a la iglesia, deben ir a la iglesia. Buscar esa Perla de gran precio (Jesús) no es tan difícil. No importa cuánto tiempo hayamos estado fuera, Él está allí esperándonos, esperando perdonarnos y trayendo su maravillosa luz a nuestros corazones.

¡Sirviendo con alegría!

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Deacon Dan Schneider is a retired general manager of industrial distributors. He and his wife Vicki have been married for over 50 years. They are the parents of eight children and thirty grandchildren. He has a degree in Family Life Education from Spring Arbor University. He was ordained a Permanent Deacon in 2002.  He has a passion for working with engaged and married couples and his main ministry has been preparing couples for marriage.

Featured Image Credit: Dagmara Dombrovska, unsplash.com/photos/zDKYfgy4G9k

Saints Joachim and Anne, Parents of the Virgin Mary / Santos Joaquín y Ana, Padres de la Virgen María

In the Gospel reading today, we are given clarity to the parable of the wheat and weeds in the field. Jesus shares that the Children of God are the good seed. The weeds are the children of the Evil One, and the Gospel goes on to say: “The harvest is the end of the age, and the harvesters are angels. Just as weeds are collected and burned up with fire, So will it be at the end of the age. The Son of Man will send his angels, and they will collect out of his Kingdom all who cause others to sin and all evildoers…Then the righteous will shine like the sun in the Kingdom of their Father. Whoever has ears ought to hear.”

We are asked to allow our faith to shine in the midst of the weeds and darkness of our age. Jesus came and established a heavenly Kingdom on earth. His Kingdom lasts forever, and all are invited to His kingdom. It is constantly growing, in spite of the weeds, until the end of time. 

God has chosen for us to be the light in this world, to co-exist among those who seek to spread evil, hate, and lies, the children of the evil one. Evil is a reality here on earth, but we are asked to rise above sin and seek holiness. 

The last line is essential for all of us to understand, “Whoever has ears ought to hear”. It is easy for us to drown out the Lord with the sounds of the culture. Just pause for a minute and reflect on how noisy this culture can be, luring us into sin and even attempting to dilute our faith. Rarely, are Christian values and authentic faith affirmed by this culture. Instead, more and more we are criticized for practicing our Catholic faith. But our focus needs to be on the light of Christ and showing the love of the Father through our good deeds.

Today we celebrate the feast day of Sts. Joachim and St. Anne, the parents of the Blessed Virgin Mary. They are beautiful examples of the importance of holy parents as they protected and helped to form the Blessed Mother. They are considered to be holy parents and the patron saints of all grandparents.

As parents and grandparents, our responsibility is to pass down to the younger generation our love of Christ and our Catholic beliefs. This is the most important legacy we can give them – to let our faith shine. We can not assume that our loved ones have received this great gift of faith, so do not hesitate to share the love of Christ from your heart with them. 

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En la lectura del Evangelio de hoy, se nos aclara la parábola del trigo y la cizaña en el campo. Jesús comparte que los Hijos de Dios son la buena semilla. La cizaña son los hijos del Maligno, y el Evangelio continúa diciendo: “El tiempo de la cosecha es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles. Y así como recogen la cizaña y la queman en el fuego, así sucederá al fin del mundo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles para que arranquen de su Reino a todos los que inducen a otros al pecado y a todos los malvados, y los arrojen en el horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga’’.

Se nos pide que permitamos que nuestra fe brille en medio de la maleza y la oscuridad de nuestros tiempos. Jesús vino y estableció un Reino celestial en la tierra. Su Reino dura para siempre, y todos están invitados a Su reino. Está en constante crecimiento, a pesar de las malas hierbas, hasta el final de los tiempos.

Dios nos ha elegido para que seamos la luz en este mundo, para coexistir entre los que buscan sembrar el mal, el odio y la mentira, los hijos del maligno. El mal es una realidad aquí en la tierra, pero se nos pide que nos elevemos por encima del pecado y busquemos la santidad.

La última línea es esencial para que todos la entendamos: “El que tenga oídos, que oiga”. Es fácil para nosotros ahogar al Señor con los sonidos de la cultura. Solo haga una pausa por un minuto y reflexione sobre cuán ruidosa puede ser esta cultura, atrayéndonos al pecado e incluso intentando diluir nuestra fe. Rara vez, los valores cristianos y la fe auténtica son afirmados por esta cultura. En cambio, cada vez somos más criticados por practicar nuestra fe católica. Pero nuestro enfoque debe estar en la luz de Cristo y mostrar el amor del Padre a través de nuestras buenas obras.

Hoy celebramos la fiesta de los Santos Joaquín y Santa Ana, los padres de la Santísima Virgen María. Son hermosos ejemplos de la importancia de los santos padres que protegieron y ayudaron a formar a la Santísima Madre. Se les considera padres santos y santos patronos de todos los abuelos.

Como padres y abuelos, nuestra responsabilidad es transmitir a la generación más joven nuestro amor por Cristo y nuestras creencias católicas. Este es el legado más importante que podemos darles: dejar brillar nuestra fe. No podemos tomar por hecho que nuestros seres queridos han recibido este gran don de la fe, así que no dudes en compartir con ellos el amor de Cristo desde tu corazón.

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Emily Jaminet is a Catholic author, speaker, radio personality, wife, and mother of seven children. She earned a bachelor’s degree in mental health and human services from the Franciscan University of Steubenville.  She is the co-founder of www.inspirethefaith.com and the Executive Director of The Sacred Heart Enthronement Network www.WelcomeHisHeart.com. She has co-authored several Catholic books and her next one, Secrets of the Sacred Heart: Claiming Jesus’ Twelve Promises in Your Life, comes out in Oct. 2020. Emily serves on the board of the Columbus Catholic Women’s Conference, contributes to Relevant Radio and Catholic Mom.com.

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Afflicted But Not Despaired / Afligido Pero No Desesperado

In 2015, our family experienced an extremely difficult time. We were afflicted, perplexed, struck down, and persecuted, yet, we held onto hope. These troubles came as my husband discerned the Permanent Diaconate and I full-time Catholic ministry. The concerns had not arrived because we’d chosen to follow the call to serve Jesus; today’s Gospel actually revealed He chose us. These things would have come anyway, some situations far beyond our control the results of another’s free will and the fallen nature of the world. 

Yet, in faith, we never wavered in remembering we always have recourse to God. Recourse means a source of help in difficult situations. The Triune God-Father, Son, and Holy Spirit is an unfailing source of comfort, strength, and guidance in everything we encounter. As our world crumbled around us, we held firm to the grace we believe is bestowed by God to strengthen the faithful in their distress; still, these moments continually challenged our hope, faith, and trust.

In searching for a healthy way to cope with the stress and strain of this season in our lives, I started walking around my yard daily, praying the Rosary. One day, as my frustration overwhelmed me, I shouted to God, “What do you want from me?” This heavenly inquiry coincided with my reaching the end of my yard and as I turned the corner back toward the highway which runs adjacent to my home. A giant truck drove by with the word “FIDELITY” emblazoned across the trailer. Honestly, I laughed out loud. 

Gratefully, most of what we suffered at that time were, as St. Paul says to the Corinthians, “light and momentary afflictions,” however, in accepting the grace God showered upon us, we glorified Him throughout it all!

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En 2015, nuestra familia pasó por un momento muy difícil. Estábamos afligidos, perplejos, abatidos y perseguidos, pero nos aferrábamos a la esperanza. Estos problemas surgieron cuando mi esposo estaba discerniendo el diaconado permanente y yo el ministerio católico de tiempo completo. Las preocupaciones no habían llegado porque habíamos elegido seguir el llamado a servir a Jesús; el Evangelio de hoy en realidad reveló que Él nos eligió. Estas cosas habrían llegado de todos modos, algunas situaciones mucho más allá de nuestro control, los resultados del libre albedrío de otra persona y la naturaleza caída del mundo.

Sin embargo, en la fe, nunca vacilamos en recordar que siempre tenemos el recurso de Dios. Recurso significa una fuente de ayuda en situaciones difíciles. El Dios Triuno-Padre, Hijo y Espíritu Santo es una fuente inagotable de consuelo, fortaleza y guía en todo lo que encontramos. Mientras nuestro mundo se derrumbaba a nuestro alrededor, nos mantuvimos firmes en la gracia que creemos que Dios otorga para fortalecer a los fieles en su angustia; aun así, estos momentos desafiaron continuamente nuestra esperanza, fe y confianza.

En busca de una manera saludable de sobrellevar el estrés y la tensión de esta temporada en nuestras vidas, comencé a caminar por mi jardín todos los días, rezando el Rosario. Un día, cuando mi frustración me abrumaba, le grité a Dios: “¿Qué quieres de mí?” Justo al hacer esta pregunta celestial llegué al final del patio y cuando di la vuelta a la esquina hacia la carretera que corre junto a mi casa. Pasó un camión gigante con la palabra “FIDELIDAD” estampada en el tráiler. Honestamente, me reí a carcajadas.

Afortunadamente, la mayor parte de lo que sufrimos en ese momento fueron, como dice San Pablo a los corintios, “aflicciones ligeras y momentáneas”, sin embargo, al aceptar la gracia que Dios nos derramó, ¡lo glorificamos a través de todo!

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Allison Gingras is a Deacon’s wife and seasoned mom of three. Allison works for Family Rosary as a social media and digital specialist, as well as a new media consultant for Catholic Mom and the Diocese of Fall River. She is the author of Encountering Signs of Faith: My Unexpected Journey with Sacramentals, the Saints, and the Abundant Grace of God (Fall 2022, Ave Maria Press). Allison developed the Stay Connected Journals for Women series including her two volumes – The Gift of Invitation and Seeking Peace (OSV). She’s hosted A Seeking Heart with Allison Gingras podcast since 2015.

Feature Image Credit: Sofi Ceballos y Spina, www.cathopic.com/photo/12909-apostol-rosario

The views and opinions expressed in the Inspiration Daily blog are solely those of the original authors and contributors. These views and opinions do not necessarily represent those of Diocesan, the Diocesan staff, or other contributors to this blog.

Ask / Pídele

I think we are often afraid to ask God for things. We don’t want to seem greedy or selfish. We want to feel self-sufficient and capable. And what person hasn’t heard a comment like, “Well I asked God for patience and He gave me so many opportunities to practice I just couldn’t handle it!”

Yet the apostles in today’s Gospel seek Jesus out and ask Him to teach them to pray. Jesus gifts them the most foundational prayer in Christianity, The Our Father. Jesus then continues, as if this intimate prayer wasn’t already revolutionary enough, and explains further how we ought to approach God in prayer. 

Perhaps this is where the revolutionary aspect of the Our Father comes into play. Throughout the Old Testament, God was present with His people, but they could not see Him. The Holy of Holies in the Temple was only to be entered once a year on Yom Kippur. It was the most sacred place, the place where God met His people. 

Jesus draws us into intimate communion with God, His Father. We don’t have to wait for a single day of the year, we don’t need a priest to pray for us. Jesus ushers into being a new relationship between God and His creation. Through Jesus, we become God’s children. It is fitting then, that Jesus asks the disciples to consider how a father responds to the requests of his children. If earthly fathers and mothers know how to treat little ones, how much more will God generously give to His beloved children?

Here is the trick, however. God desires a relationship with us. This isn’t a forced situation. In order for God to give, we must turn to Him and ask. And ask and ask and believe and believe. God desires every good thing for us and works all things for our benefit. This does not mean we will not experience trials or sorrow. It does not mean we will magically receive whatever we ask for – it didn’t work with our parents when we wanted that pony when we were 7, it doesn’t work that way with God either.

Jesus shows us the way. Come before our Father as a child, with empty hands. Ask in earnest, with every expectation that what is best for us along our journey to heaven, will be given to us.

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Creo que muchas veces tenemos miedo de pedirle cosas a Dios. No queremos parecer codiciosos o egoístas. Queremos sentirnos autosuficientes y capaces. Y qué persona no ha escuchado un comentario como: “Bueno, le pedí paciencia a Dios y me dio tantas oportunidades para practicarla que ya no pude más!”

Sin embargo, los apóstoles en el Evangelio de hoy buscan a Jesús y le piden que les enseñe a orar. Jesús les regala la oración más fundamental del cristianismo, el Padre Nuestro. Jesús luego continúa, como si esta oración íntima no fuera ya suficientemente revolucionaria, y explica más cómo debemos acercarnos a Dios en la oración.

Quizás aquí es donde entra en juego el aspecto revolucionario del Padre Nuestro. A lo largo del Antiguo Testamento, Dios estuvo presente con Su pueblo, pero ellos no podían verlo. Solo se debía ingresar al Lugar Santísimo en el Templo una vez al año durante Yom Kippur. Era el lugar más sagrado, el lugar donde Dios se encontraba con Su pueblo.

Jesús nos lleva a una comunión íntima con Dios, su Padre. No tenemos que esperar un solo día del año, no necesitamos un sacerdote que ore por nosotros. Jesús marca el comienzo de una nueva relación entre Dios y su creación. A través de Jesús, nos convertimos en hijos de Dios. Es apropiado, entonces, que Jesús les pida a sus discípulos que consideren cómo responde un padre a las solicitudes de sus hijos. Si los padres y las madres terrenales saben cómo tratar a sus pequeños, ¿cuánto más generosamente dará Dios a sus hijos amados?

Aquí está el truco, sin embargo. Dios desea una relación con nosotros y no es una situación forzada. Para que Dios nos dé, tenemos que voltearnos hacia Él y pedirle. Y pedir y pedir y creer y creer. Dios desea todo lo bueno para nosotros y dispone todas las cosas para nuestro beneficio. Esto no significa que no experimentaremos pruebas o tristezas. No significa que recibiremos mágicamente todo lo que pidamos: no funcionó con nuestros padres cuando queríamos ese caballito cuando teníamos 7 años, tampoco funciona de esa forma con Dios.

Jesús nos muestra el camino. Ven ante nuestro Padre como un niño, con las manos vacías. Pida con fervor, con toda expectativa de que se nos dará lo que es mejor para nosotros a lo largo de nuestro camino hacia al cielo.

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Kate Taliaferro is an Air Force wife and mother. She is blessed to be able to homeschool, bake bread and fold endless piles of laundry. When not planning a school day, writing a blog post or cooking pasta, Kate can be found curled up with a book or working with some kind of fiber craft. Kate blogs at DailyGraces.net.

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