Forgive, Yes. Forget, No. / Perdonar, Sí. Olvidar, No.

I love this reading! I love this wording of a familiar prayer that I can recite so easily. I love it because this version doesn’t roll so easily off the tongue and as I trip over the words forgive and transgressions, I am drawn to where my behavior trips over my grudges and nursing of past hurts. 

When Jesus teaches us to pray, he starts with the unity of “Our Father”. We are God’s children by adoption. Praying to God as Father requires us to become like children and to move beyond any false images we may have of God. We are called to humility and to recognize that we can make this exclamation only because God is revealed to us through the Son. (see CCC 2788). “When we pray the Our Father sincerely, we leave individualism behind, because the love we receive frees us from it.” (CCC 2792) Everytime we say the “Our” in Our Father, we must overcome our divisions and leave behind what separates us from one another. 

Most of what separates us from one another revolves around our inability to forgive. It has been said that holding onto a grudge is like drinking poison in an attempt to get back at someone else. The damage is done to ourselves rather than the person who is the focus of our unforgiveness. Don’t get me wrong, people can be awful. The pain and hurt we inflict on one another is real and long lasting. 

So, forgive, yes. But forget? No, we are not called to forget. Forgetting is out of our control. Feeling, experiencing the emotional backlash from being hurt is out of our control. God doesn’t ask the impossible of us. But as we turn our hearts to God, we open ourselves up to the Holy Spirit who is capable of impossible things. Through the power of the Holy Spirit our “injury is turned into compassion” and the Holy Spirit “purifies our remembering into intercession”. It is only because God in the person of Jesus Christ forgave us, that we find ourselves capable of forgiving one another. In Jesus, “the love that loves to the end becomes a living reality”. (CCC 2843) 

This prayer given to us by Jesus is not simply a presenting of petitions to God, this most perfect of prayers is by design meant to transfigure us as disciples into the image of our Master. Prayer is a gift meant for hearts attuned to God’s compassion. Forgiveness isn’t optional for the Christian.

May this Lent be a time for each of us to become more and more like Jesus as we learn to forgive ourselves and each other. May our memories be transformed through grace into intercessions.

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¡Me encanta esta lectura! Me encanta esta redacción de una oración familiar que puedo recitar tan fácilmente. Me encanta porque esta versión no se sale tan fácilmente de la lengua y, cuando tropiezo con las palabras perdonar y transgresiones, me siento llamada a pensar donde mi comportamiento tropieza con mis rencores y los recuerdos de las heridas del pasado.

Cuando Jesús nos enseña a orar, comienza con la unidad del “Padre Nuestro”. Somos hijos de Dios por adopción. Orar a Dios como Padre requiere que seamos como niños y que vayamos más allá de cualquier imagen falsa que podamos tener de Dios. Estamos llamados a la humildad y a reconocer que sólo podemos hacer esta exclamación porque Dios se nos revela a través del Hijo. (ver CIC 2788). “Si recitamos en verdad el “Padre nuestro”, salimos del individualismo, porque de él nos libera el Amor que recibimos”. (CCC 2792) Cada vez que decimos el “Nuestro” en el Padre Nuestro, debemos superar nuestras divisiones y dejar atrás lo que nos separa unos de otros.

La mayor parte de lo que nos separa unos de otros gira en torno a nuestra incapacidad para perdonar. Se ha dicho que guardar rencor es como beber veneno en un intento de vengarse de otra persona. El daño se nos hace a nosotros mismos y no a la persona que es el foco de nuestra falta de perdón. No me malinterpretes, la gente puede ser horrible. El dolor y el daño que nos infligimos unos a otros es real y duradero.

Entonces, perdonar, sí. ¿Pero olvidar? No, no estamos llamados a olvidar. El olvido está fuera de nuestro control. Sentir, experimentar la reacción emocional por haber sido herido está fuera de nuestro control. Dios no nos pide lo imposible. Pero cuando volvemos nuestro corazón a Dios, nos abrimos al Espíritu Santo que es capaz de cosas imposibles. A través del poder del Espíritu Santo, nuestra “cambia la herida en compasión” y el Espíritu Santo “purifica la memoria transformando la ofensa en intercesión”. Sólo porque Dios en la persona de Jesucristo nos perdonó, somos capaces de perdonarnos unos a otros. En Jesús, “este Amor que ama hasta el extremo del amor”. (CIC 2843)

Esta oración que Jesús nos dio no es simplemente una presentación de peticiones a Dios; es la más perfecta de las oraciones, que está diseñada para transfigurarnos como discípulos a la imagen de nuestro Maestro. La oración es un regalo destinado a corazones sintonizados con la compasión de Dios. El perdón no es opcional para el cristiano.

Que esta Cuaresma sea un tiempo para que cada uno de nosotros nos parezca cada vez más a Jesús a medida que aprendemos a perdonarnos a nosotros mismos y a los demás. Que nuestros recuerdos se transformen a través de la gracia en intercesiones.

Comunicarse con la autora

Sheryl’s first calling is to be wife and partner to Tom, who is a candidate for the Permanent Diaconate in the Diocese of Kalamazoo. She also gets to live out her passion for teaching and learning by serving as principal at St. Therese Catholic School in Wayland, Michigan. Home is full with Carlyn, our goofy golden retriever, Lucy, our terrier mix wild child, and Mila, our very special Bernese Mountain dog. 

Feature Image Credit: Jametlene Reskp, unsplash.com/photos/Cm8KUxo4ggw